martes, 5 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 47

Cuando Helena despertó vio que estaba a punto de amanecer. El poco tiempo que había dormido, lo había hecho en plenitud. Por 10 años su sueño no había sido tranquilo pero ahora en los brazos de Pablo, de nuevo había recuperado la paz. 


- Buenos días. – dijo Pablo sacándola de sus pensamientos, mientras le besaba la coronilla 

- Buenos días 
- ¿Cómo dormiste? 
- Excelente, como no lo había hecho en años ¿y tú? 
- De maravilla. El tenerte en mis brazos es la forma más bella de dormir. Ni siquiera sé si voy a poder soltarte. 
- Nadie te lo está pidiendo. 
- Mmm eso me gusta. 
- Lo complicado de disfrutar tanto esto es qué voy a hacer cuando me vaya. – Helena sintió como el cuerpo de Pablo se tensó al instante. 
- ¿Irte? 
- Si, mañana me regreso a la ciudad, tengo que presentarme en la inauguración de las oficinas, en dos días. Y aún me falta poner en orden mis cosas en el departamento donde viviré. 
- Ah ya veo. 
- Hey, no pongas esa cara. Nos encontraremos en la ciudad, ¿sí? 
- No, ni lo pienses. 
- ¿Qué? 
- Me iré contigo, te perdí 10 años y no pienso perderte ni un segundo más. 
- ¿De verdad, te regresarías conmigo? 
- Cuando te he mentido. 
- Nunca 
- Helena, ya no tengo fuerza para permanecer lejos de ti. 
- Yo tampoco. Pero tengo obligaciones que cumplir y por eso me voy. Porque si fuera por mí, me quedaba aquí en tus brazos por el resto de la eternidad. 
- Yo sería muy feliz si pudiéramos hacer eso. Me encanta sentirte cerca. – Después de unos momentos de silencio Pablo le hizo una pregunta que lo acosaba desde el día anterior. 
- Ayer ya no te pregunte pero ¿cómo es que sabías la letra de la canción que te cante? 
- Oh, eso. Pues vas a decir que estoy loca pero la conocía de mis sueños. 
- Explícate 
- Verás que cuando estaba en New York, una de las tantas veces que soñé contigo, soñé que me llevabas serenata como cuando éramos novios y cantabas esa canción. Hice un gran esfuerzo por no olvidarla porque la letra es hermosa. ¿Crees que estoy loca? 
- Claro que no. Me encanta que sueñes esas cosas. Además te he de confesar que a mí me pasó varias veces que mi imaginación me traicionaba. 
- ¿Cómo? 
- Hace unos 3 años fui a Buenos Aires y creí verte en el Aeropuerto, pensé que haber visto a Soda Stereo una noche antes, me había alterado los recuerdos y por eso mi imaginación me traicionaba; por eso cuando te vi en ese elevador creí que era mi imaginación de nuevo. 
- Espera, ¿Fuiste a ver a Soda Stereo? 
- Si. Estaba en Buenos Aires visitando a unos amigos y me quede a su concierto. 
- Pablo tu imaginación no te traicionó ninguna vez. Yo también estaba en Buenos Aires en esa fecha y fui a ver a Soda Stereo. Probablemente si era yo a quien viste en el Aeropuerto. 
- No lo puedo creer, estuve tan cerca de ti y no lo supe. 
- Ya no importa más Pablo, parece que el destino se empeñaba en separarnos. Pero ya no más. 
- Nunca más. 

Estuvieron en la cabaña hasta que amaneció por completo, después se fueron de regreso a la finca. Como aún estaba fresco, y Helena traía el mismo vestido escotado de la noche anterior, Pablo la cubrió con su saco. Algunos de los empleados al ver esta escena se imaginaron que ellos habían vuelto, pues sabían lo que había pasado con Laura. 

- ¿Quieres nadar un rato? – le preguntó Pablo a Helena que al pasar por la alberca se agachó para sentir la temperatura del agua 
- Sí, el agua esta perfecta. – en realidad estaba fría, pero ella aprendió a nadar en agua muy fría cuando se fue a Alemania. 
- ¿Me dejas acompañarte? 
- Pero qué pregunta es esa. Claro que puedes nadar conmigo. 
- Solo me aseguraba – dijo con una sonrisa traviesa. 
- Me voy a cambiar, te veo en 15 minutos. 
- Aquí te veo. – se despidió con un beso, largo y lento que le despertó todos los sentidos. 

Helena entró a su habitación, y decidió darse un baño rápido, necesitaba pensar un momento en todo lo que había pasado, pero entre mas lo pensaba mas se daba cuenta de lo increíble que había sido estar con Pablo después de 10 años. 

Cuando salió, Pablo ya la estaba esperando. De nuevo para él, el verla en traje de baño era toda una experiencia, estaba totalmente enamorado de ella, pero sabía que en su caso el amor no lo cegaba. 

- ¿Vamos? – le preguntó ella, al ver que estaba estático. 
- Claro. – avanzó y le tomo la mano. 

Para variar Pablo estuvo jugando con ella, hasta hacerla reír. Sin darse cuenta se acercó mucho a Pablo y él puso sus manos alrededor de su cintura. De inmediato todos sus sentidos despertaron, era demasiado, sentía que su piel iba a arder en llamas, casi por instinto sus manos fueron al pecho de Pablo y colocó su cabeza en su hombro. La risa de ambos terminó y solo hubo silencio. Un segundo después Helena pensó de romper el abrazo antes de que alguien los viera. 



- No Helena, quédate un segundo más así, por favor – rogaba Pablo 
- Pablo – decía sin intención de moverse más. Ella deseaba estar en sus brazos toda la vida. 
- Shh, no digas más. – disfrutaron los instantes que estuvieron así hasta que llegó Renata. 
- Por fin, ya era hora – gritó desde la entrada. Lo que hizo que se separaran y cuando se vieron a los ojos una sonrisa iluminó sus caras. 
- Hola, Ren – dijo Helena aún con la sonrisa y los ojos brillantes. 
- Les preguntaría cómo están pero creo que eso sobra. 
- Lo que sobra eres tú – respondió Pablo sarcásticamente 
- Ni porque estas enamorado, dejas de ser cruel conmigo. Yo esforzándome por traerte a Helena y así me lo agradeces. – Renata tenía esa cara de chantaje que no cambiaba con los años. 
- Lo sé, gracias Ren. Nunca lo voy a olvidar. 
- Así está mejor. Será mejor que se apuren porque ya vamos a desayunar. 
- Está bien, ya vamos. 

Llegaron juntos al comedor, donde todos los estaban esperando, pero nadie se animaba a cuestionarlos simplemente se conformaban con ver el brillo de sus ojos y sus sonrisas. 



- Bien, Renata y ya saben la fecha de la boda – preguntó su tía 
- Pues creemos que en marzo, antes de que Alfredo tenga que presentarse en el CERN, así aprovecharíamos para instalarnos. 
- ¿Te vas a ir a Ginebra? – preguntó Helena 
- Sí, Alfredo ha sido llamado por el CERN, y aunque él va a irse antes por las pruebas que tiene que hacerse, pues definitivamente me iré con él después de la boda. 
- Muchas Felicidades Fred, sé lo difícil que es llegar a ese lugar. 
- Gracias. 
- Solo hay algo que no me gusta. 
- ¿Qué es? 
- Pues que me vas a separar de Ren. Apenas llego y ella se va. 
- Pero si te dejo en excelentes manos. Te puedo apostar que con Pablo a tu lado no me extrañarás tanto – respondió Renata, dejando en evidencia lo que todos querían saber. 
- Vaya, ahora entiendo porque les brillan los ojos – dijo entre risas la tía Lety 
- Hoy sí que es un día que debemos de celebrar, mis gemelos por fin encontraron el amor – agregó con gran ánimo Magdis. Mientras Helena y Pablo se miraban un poco apenados. 
- Sé que podría parecer muy pronto después de todo lo que ha pasado pero nos hemos dado cuenta que no podemos pasar más tiempo separados. – comentó, Pablo en todo de disculpa. 
- A nosotros no nos tienen que explicar nada hijo, sabemos todo lo que han vivido y no podemos reclamarles nada. – Al parecer a Miguel le hacía muy feliz el que su hijo estuviera con Helena. Aunque a decir verdad era a toda la familia, y muchos de los empleados de la finca también, pues conocían su historia. Lo complicado sería en la ciudad donde nadie sabía nada.
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La canción del reproductor, tiene que ver con el capítulo de hoy por la mención que hacen de ese gran grupo: SODA STEREO. Es considerada una de sus mejores canciones y como dato extra es la canción favorita de Pablo, además de ser la versión del concierto que presenciaron Pablo y Helena en Buenos Aires.
Te vi volar, te vi volver, pero nunca te veré caer. FUERZA CERATI

lunes, 4 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 46

- No se te olvide tu promesa – le dijo Pablo a Helena cuando el último invitado se retiró. 
- No lo haré. 

En ese momento se separaron para poder llegar por separado, pues aún era muy arriesgado que los vieran más tiempo, juntos. 

Pablo fue el primero en llegar, solo había pasado a su habitación por una cosa, su guitarra. La cabaña estaba preparada para recibir visitas en caso de que algún invitado tuviera que quedarse pero no fue así. Mientras esperaba a Helena, empezó a componer una nueva canción. 

Helena tenía miedo de ir al encuentro de Pablo, no sabía que podía pasar, todo era muy confuso en ese momento. Tardó más caminando pues quería que el aire fresco de Octubre, la ayudará a relajarse un poco. Cuando llegó a la cabaña escuchó de nuevo a Pablo cantar. 

- Si tú supieras,
Que tu recuerdo me acaricia como el viento,
Que el corazón se me ha quedado sin palabras,
Para decirte que es tan grande lo que siento. 

Si tú supieras
Cómo te ansía cada espacio de mi cuerpo,
Como palpitan tus recuerdos en el alma,
Cuando se queda tu presencia aquí en mi pecho. 

Ven, entrégame tu amor,
Para calmar este dolor de no tenerte,
Para borrar con tus caricias mis lamentos,
Para sembrar mil rosas nuevas en tu vientre. 

Ven, entrégame tu amor,
Que está mi vida en cada beso para darte,
Y que se pierda en el pasado este tormento,
Que no me basta el mundo entero para amarte. 

Si tú supieras,
Que es como un grito,
Que se estrella en el silencio,
Este vacío de tenerte solo en sueños,
Mientras me clama el corazón por ser tu dueño. 

Si tú supieras,
Cómo desangran en tus ojos mis anhelos,
Cuando me miran sin saber que estoy muriendo,
Por entregarte la pasión que llevo dentro. 

Ven, entrégame tu amor
Que sin medida estoy dispuesto a enamorarte,
Borra por siempre de mi vida,
Todas las lágrimas que habitan,
En cada noche sin tus besos,
En el rincón de mis lamentos. 

- Pablo, solo él puede escribir algo así – se dijo a sí misma. Era un hecho que los dos se morían en deseo por tenerse de nuevo. Se llenó de valor y abrió la puerta. 
- Hola – dijo Pablo que se levantó de inmediato de la silla donde estaba sentado. 
- Hola – respondió 
- Creí que no vendrías – le dijo un poco apenado 
- Es que… 
- Lo que importa es que estas aquí. 
- Este lugar sigue igual de bonito. 
- Sí, pero ven pasa, no te quedes ahí. 
- Te oí cantar – dijo después de un momento de silencio incómodo. 
- ¿Te ha gustado? 
- Sí, es hermosa - dijo mientras se iba acercando poco a poco a él, hasta que quedaron cara a cara. 
- Mi… Helena – él soltó la guitarra y tomó a Helena en sus brazos. Al sentir su cercanía, ella buscó su cara y lo besó. 
- Pablo, te necesito – fue lo que decía mientras él le besaba la cara. Él tenía tantas ganas de estar con ella y esa frase fue todo lo que necesitaba. La siguió besando hasta descender por su mandíbula a su cuello. El roce de sus labios hacía que Helena quisiera gritar como consecuencia de todo lo que estaba sintiendo por dentro. Sin pensarlo más empezó a desabotonarle la camisa a Pablo y colocó sus manos sobre su pecho, era más que agradable sentir su piel desnuda. Él desabrochó la parte de arriba del vestido y escuchó como la tela se deslizaba por el cuerpo de Helena hasta caer en el piso. 
- TE AMO, Mi Helena. Nunca he dejado de amarte. – le decía mientras los besos continuaban. 
- TE AMO, Pablo, TE AMO – respondió ella, cuando cayeron en la cama. Recordaban la última vez que habían estado juntos y sus manos se aseguraban de que fuera la misma sensación, pero no era así, era mil veces mejor. Sus cuerpos se hicieron uno, y ellos se abrazaban al límite de sus fuerzas. Helena apretaba sus manos a la espalda de Pablo y él accedía a lo que ella quería. 
- Mi Helena, solo mía – dijo cuando miro su cara y en lugar de un éxtasis incontrolable solo había una paz absoluta. 
- Siempre tuya – le respondió. Al verse a los ojos se perdieron en ellos, a Pablo le maravillaba ver el brillo de ese azul profundo, y a Helena se perdía en el brillo de las tonalidades de los ojos de Pablo. En ese momento sus almas se fusionaron para nunca más separarse. 

Después de ese momento de gloria por haber estado juntos, Pablo atrajo a Helena a su pecho y la abrazó. Ella pudo de nuevo oír el latido de su corazón. 

- Helena, ¿me aceptas de nuevo en tu vida? 
- No puedo – esa respuesta sorprendió un poco a Pablo 
- ¿Por qué? 
- Porque nunca has salido de ella. ¿Y tú me aceptas? 
- Siempre. En 10 años no pasó ni un solo día en que no pensará en ti, incluso cuando me esforzaba por cumplir esa absurda promesa que te hice. 
- Sólo quería que fueras feliz, nunca creí que algún día volvería. 
- Nunca me voy a perdonar el haberte dejado ir tan fácil. Si hubiera insistido más, me habría ido contigo a Alemania y nada de esto hubiera pasado. 
- El hubiera no existe, no te lastimes más. 
- El estar separados solo hizo que mi amor por ti creciera aún más. 
- Yo también te amo más que hace 10 años. 
- Mi Helena, solo mía. – le susurró mientras la abrazaba con más fuerza. 
- Me siento tan feliz estando en tus brazos. – decía mientras le besaba el pecho, el cuello, para pronto llegar a sus labios. 
- Helena fuiste la primera mujer con la que estuve y sé que a partir de ahora no habrá nadie más en mi vida, pero necesito que me perdones por las veces en que no fue así. 
- No, Pablo. Olvídalo, no te puedo culpar por eso. Nos amamos y eso no ha cambiado pero fueron demasiados años y te entiendo. 
- Eso quiere decir que tu también… - preguntó dudoso 
- Si, perdóname. Aunque solo fue una vez eso no quita el hecho de que estuve con otra persona. 
- ¿Fue con ese novio que tuviste en New York? 
- Si – respondió apenada. 
- No, Helena no te pongas así. Yo no necesito perdonarte nada. 
- ¿De verdad no te importa? 
- Claro, que no. Lo único importante es que siempre has sido mía y siempre lo serás. 
- Siempre. 
- ¿Y a ti te importa lo mío? 
- No. Solo sé que ahora no estarás con nadie más que conmigo. 
- Esa idea me encanta. 
- En que nos quedamos, entonces… - Helena volvió a besar a Pablo, esta vez con más intensidad. Lo que había pasado en la vida de Pablo mientras ella no estaba le importaba muy poco. Pero aún así quiso borrar con sus besos cualquier recuerdo que él tuviera de otra mujer. Al principio Pablo tenía miedo de que Helena hubiera disfrutado más estar con otro que con él, así que también hizo lo posible por hacerla olvidar. Todo su pasado quedó atrás porque los unía algo más que una simple relación carnal, a ellos los unía el verdadero amor que sólo el alma entiende. 

Helena se quedó dormida en los brazos de Pablo, mientras tanto él estaba absorto viendo la tranquilidad que había en la cara de ella. La idea de tenerla ahí tan cerca, de saber que había sido de nuevo suya, le resultaba tan surrealista. Poco a poco las notas de una nueva canción se le venían a la mente. Y su corazón le ponía palabras a la melodía. Él comenzó a cantar por lo bajo, para arrullar a la mujer que más amaba en el universo, a su Helena. 

Me muero por suplicarte que no te vayas, mi vida,
me muero por escucharte decir las cosas que nunca digas,
más me callo y te marchas,
mantengo la esperanza
de ser capaz algún día
de no esconder las heridas
que me duelen al pensar que te voy queriendo cada día un poco más
¿Cuanto tiempo vamos a esperar? 

Me muero por abrazarte y que me abraces tan fuerte,
me muero por divertirte y que me beses cuando despierte
acomodado en tu pecho, hasta que el sol aparezca.
Me voy perdiendo en tu aroma,
me voy perdiendo en tus labios que se acercan
susurrando palabras que llegan a este pobre corazón,
voy sintiendo el fuego en mi interior. 

Me muero por conocerte, saber qué es lo que piensas,
abrir todas tus puertas
y vencer esas tormentas que nos quieran abatir,
centrar en tus ojos mi mirada,
cantar contigo al alba
besarnos hasta desgastarnos nuestros labios
y ver en tu rostro cada día
crecer esa semilla
crear, soñar, dejar todo surgir,
aparcando el miedo a sufrir. 

Me muero por explicarte lo que pasa por mi mente,
me muero por intrigarte y seguir siendo capaz de sorprenderte,
sentir cada día ese flechazo al verte,
¿Qué más dará lo que digan?¿Qué más dará lo que piensen?
Si estoy loco es cosa mía
y ahora vuelvo a mirar el mundo a mi favor,
vuelvo a ver brillar la luz del sol. 

Me muero por conocerte, saber qué es lo que piensas,
abrir todas tus puertas
vencer esas tormentas que nos quieran abatir,
centrar en tus ojos mi mirada,
cantar contigo al alba
besarnos hasta desgastarnos nuestros labios
y ver en tu rostro cada día
crecer esa semilla
crear, soñar, dejar todo surgir,
aparcando el miedo a sufrir.
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Si tu supieras - Alejandro Fernandez
Sin miedo a nada - Alex Ubago

sábado, 2 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 45

- Hola – dijo Pablo temeroso al entrar al jardín donde se encontraba Helena.
- Hola – respondió Helena, mientras tomaba valor para preguntar - ¿Y tu novia?
- Ya no es mi novia, he terminado con ella y se ha ido.
- Te juro que al venir aquí mi única intención era cumplir con una promesa que le había hecho a Renata, no quería provocar nada de esto.
- No digas eso, el que hayas venido es lo mejor que me ha pasado en 10 años. Gracias a ti ha vuelto mi amor por la música.
- Pero ustedes estaban comprometidos.
- Nunca hubo tal compromiso, todo fue una mentira de ella, no podría comprometerme con alguien a quien no ame. – le dijo él con los ojos llenos de amor y preocupación.
- Pero ¿Y ella? No crees que es muy cruel hacerla sufrir, después de todo te ama.
- Claro que no. A Laura solo le interesa el dinero y quién soy. Nada más, nunca me ha querido.
- ¿Cómo lo sabes?
- La oí decírselo a alguien por teléfono. Y me alegra porque no hubiera podido continuar mi relación con ella por más tiempo.
- ¿Es por eso que me besaste en la mañana? ¿Por despecho?
- Nunca sentiría despecho por ella, además me entere de cómo era en realidad, mucho después de lo de la mañana.
- Entonces, ¿por qué lo hiciste?
- Helena, te besé simplemente porque mis sentimientos por ti no han cambiado, TE SIGO AMANDO y no soporto el verte llorar. Es algo que me cala el alma.
- Pablo, yo… – Helena se quedó callada mucho tiempo.
- Entiendo si es que tu no sientes lo mismo, pero no puedo seguir callando lo que siento – dijo Pablo para romper su silencio.
- No sé qué decirte.
- No es necesario que digas algo, será mejor que regrese a la fiesta – comentó Pablo algo decepcionado.
- ¿Puedo ir contigo? – Helena estaba fuera de sí, era mucho lo que había pasado y lo que seguía pasando; y su mente estaba a punto de estallar.
- Claro, pero me harías un favor y ¿bailarías conmigo? – la cara de Pablo estaba contrariada, le sorprendía la actitud de Helena que estaba extraña.
- No creo que sea lo correcto. ¿Qué van a pensar los invitados?
- ¿Desde cuándo te preocupa lo que piensen los otros?
- Desde… - no pudo responder porque nunca le había importado, ni siquiera ahora.
- No busques más pretextos, por favor baila conmigo.
- Está bien.

Salieron al jardín, donde los invitados bailaban alegremente y no se habían percatado del problema, que había habido momentos antes. La fiesta estaba muy avanzada y quedaban pocas rondas de música antes de que finalizara.

Después de una buena ronda de música alegre, el grupo siguió con una ronda de canciones románticas a petición de la pareja recién comprometida. Pablo colocó sus manos en la cintura de Helena y ella se estremeció un poco al sentir el roce de sus manos en la piel desnuda de su espalda. La primera canción fue una que Pablo parecía conocer a la perfección porque se encargo de cantársela al oído a Helena.

-
Se te olvida
Que me quieres a pesar de lo que dices
Pues llevamos en el alma cicatrices
Imposibles de borrar
Se te olvida
Que hasta puedo hacerte mal si me decido
Pues tu amor lo tengo muy comprometido
Pero a fuerza no será
Y hoy resulta
Que no soy de la estatura de tu vida
Y al dejarme casi, casi, se te olvida
Que hay un pacto entre los dos
Por mi parte
Te devuelvo tu promesa de adorarme
Ni siquiera sientas pena por dejarme
Que ese pacto
No es con Dios

- No pensé que 
aun lo conservaras  – dijo Pablo tomando el pequeño diamante entre sus dedos. 
- Nunca me lo quito porque una vez me dijiste que si aceptaba tu corazón y yo…
- Y tu respondiste que siempre lo harías – al decir esto los ojos de ambos de llenaron de un brillo especial.
- Y siempre lo haré – dijo por lo bajo. Pablo no pudo evitar atraerla más hacía él, la hubiera besado en ese momento pero no era el lugar.
- Siempre – suspiró. La canción que siguió fue una que ambos recordaban muy bien. La gloria eres tú. Pablo no perdió oportunidad y volvió a cantársela al oído.
- Mi Helena – dijo cuando terminó la canción. – prométeme que irás a la cabaña del sol, cuando termine la fiesta. Tenemos mucho de qué hablar.
- Te lo prometo.

Antes de continuar con las demás canciones el vocalista del grupo hizo una pausa.

- La siguiente canción se la dedicamos a una pareja muy especial.
Del maestro Álvaro Carrillo, esto es: Sabor a Mí.
- T
anto tiempo disfrutamos de este amor
Nuestras almas se acercaron tanto así
Que yo guardo tu sabor
Pero tú llevas también
Sabor a mí
– Helena y Pablo recordaron su última noche juntos y la frase que habían dicho. Siguieron la letra de la canción y ambos la cantaron para ellos.
-
Si negaras mi presencia en tu vivir
Bastaría con abrazarte y conversar
Tanta vida yo te di
Que por fuerza tienes ya
Sabor a mí

- No pretendo ser tu dueño
No soy nada yo no tengo vanidad
De mi vida doy lo bueno
Soy tan pobre, qué otra cosa puedo dar

- Pasarán más de mil años, muchos más
Yo no sé si tenga amor la eternidad
Pero allá, tal como aquí
En la boca llevarás
Sabor a mí
– un extraño viento de otoño pasó por la pista de baile y logró apagar las antorchas. Viéndose en la penumbra al decir esta última frase. Pablo y Helena se besaron. No fue para nada como el beso de la mañana, este fue muy corto. 

- Aún llevas sabor a mí – dijeron juntos y con un sonrisa, mientras poco a poco los empleados se encargaban de encender las antorchas de nuevo.
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Les recomiendo escuchar las primeras canciones del Reproductor:
- La mentira - Luis Miguel (compuesta por Álvaro Carrillo)
- Sabor a Mí - Luis Miguel (compuesta por Álvaro Carrillo)
- La Gloria eres Tú - Luis Miguel
- La Gloria eres tú - Los Tres Diamantes


Este capítulo corresponde al Domingo 3 de Octubre. A partir de hoy la actualización será en el transcurso del día y no en la madrugada. El próximo capítulo estará el lunes en la mañana o medio día. Gracias y sigan comentando por favor. Me gusta saber que les va pareciendo la historia. 

Sabor a mi - Capítulo 44


Pablo siguió a Helena, pero a mitad del camino se encontró a Laura que lo jaló hacia la biblioteca. 


- Me puedes explicar que fue todo eso. 
- ¿Qué cosa? 
- Que nuestro compromiso no fuera anunciado, y tu y esa bailando. 
- Esa se llama Helena. Y no se puede dar el anunció de un compromiso que no existe. 
- Pero tú me ibas a pedir esta noche. 
- ¿Según quién? 
- Pues todos. 
- No te dejes influenciar por los rumores Laura. 
- ¿Todo es por ella verdad? 
- Por Helena, sí. La amó y nunca podría amar a otra persona. 
- Helena, Helena, Helena, pero que no te das cuenta de cómo es. 
- ¿Cómo es de qué? 
- Primero llega y te coquetea y eso hace que te olvides de lo nuestro. 
- Nunca hubo un nuestro, que no entiendes que yo no podría atar mi vida a alguien como tú. 
- Pero sí prefieres a la zorra esa, que quien sabe a cambio de qué favores conseguiría el trabajo que tanto presume. 
- Cállate, tú no conoces a Helena. 
- La dejaste de ver 10 años, es obvio que la gente cambia, ve tú a saber con cuantos no se habrá ac…. 
- Ya fue suficiente – intervino Miguel que estaba en la puerta, con Renata y Helena a su lado. 
- Hel… - dijo Pablo, pero ella no lo escuchó. Salió corriendo hacia su habitación. Él trató de seguirla. 
- Espérate Pablo, tenemos que resolver primero esto. Renata ve a ver a Helena. 
- Si, papá. – dijo mientras salía con dirección a donde se había ido su amiga. 
- En esta casa, NADIE ABSOLUTAMENTE NADIE, va a insultar a Helena. Ella es una hija para Magda y para mí. Y quién se atreva a poner en duda su integridad no merece pisar este suelo. 
- Y ahí viene el padrino protector – respondió sarcásticamente Laura. 
- Te pido, NO más bien TE EXIJO, que en este momento hagas tus maletas y te vayas de mi casa. – la cara de Miguel no dejaba lugar a dudas. 
- Pablo, ve lo que está haciendo tu padre. 
- Él no está haciendo nada que yo no haría. 
- No me puedes hacer esto. 
- Oh claro que puedo, tu relación conmigo se terminó y tienes 20 minutos para irte antes de que saque por la fuerza de este lugar. 

Una de las empleadas acompañó a Laura hasta la habitación que ocupaba y se encargó de que estuviera lista antes del término. Después la llevó por la puerta trasera de la finca, donde Miguel y Pablo la esperaban. 

- El chofer se encargará de llegues a la ciudad.- fue la última frase de Miguel que se retiro una vez dicho esto. 

Laura no pudo decir más pues la puerta de la finca se cerró de inmediato. Ella no tuvo más remedio que subirse a la camioneta y emprender su viaje de regreso a la ciudad. 

Helena y Renata estaban en el jardín privado al que tenía acceso la habitación de Helena. 

- Ya olvida lo que dijo esa mujer. 
- No, Renata. No me siento mal por lo que dijo. 
- ¿Entonces? 
- Es que no puedo creer que Pablo se vaya a casar con ella. 
- ¿Qué? ¿Quién te dijo esa tontería? 
- Ella, me dijo que Pablo y ella se iban a casar. Y que su matrimonio sería anunciado hoy. 
- Pero has visto se trataba del de Alfredo y yo. 
- SI, pero eso no quita el hecho de que Pablo le haya pedido matrimonio. 
- Helena, no seas tonta. Mi hermano no podría casarse con alguien como ella. Que no te das cuenta de que sigue enamorado de ti. 
- Pero… 
- No hay pero que valga, simplemente observa. Has logrado en 3 días lo que ninguna mujer logró en 10 años. Esa canción que tocó el grupo al inicio solo la pudo escribir él, y si ha reído en estos últimos días es gracias a ti. Laura lo hacía muy miserable últimamente. 
- Es que si no hubiera regresado a México, él… 
- Él nada, tú volviste y ahora puedes tener todo con él. Por favor Hel, vamos a regresar a la casa. Habla con él. 
- No, Ren. Tú adelántate si quieres yo necesito despejar mi mente. 
- Está bien. 

Renata regresó a la casa y se encontró con Alfredo que ya la esperaba impaciente. Los dos se reintegraron a la fiesta. 

Pablo vio que al regresar Renata, no estaba Helena y dejó pasar un tiempo prudente para preguntarle a su hermana. Mientras la fiesta continuaba en su apogeo. 

- ¿Dónde está Helena? 
- En el jardín de su habitación 
- Debo hablar con ella. 
- Pablo dale un poco de tiempo, son muchas cosas para ella. 
- Pero tengo que explicarle que nunca me comprometí con Laura, ni pensaba hacerlo. 
- ¿Qué? 
- Laura engañó a Helena para mantenerla alejada de mí. Cómo si eso fuera suficiente para dejarla de amar. 
- Lo sabía, esa tipa nunca me agradó. Y sé que nunca podrías olvidar a Helena por ella. Pero admítelo Pablo si Laura no se lo hubiera dicho, ella podría haberlo oído de la gente del pueblo o de la finca. 
- Estaban en un error, porque me vieron recogiendo un paquete de la joyería de la ciudad. Y nunca pensarían que te casarías tan pronto. 
- Creo que debí decirle a Helena que éramos Alfredo y yo lo comprometidos. 
- No importa más, pero ahora entiendes por qué debo hablar con ella. 
- Está bien, solo dale un poco de tiempo.

viernes, 1 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 43

- Buenas noches, distinguidos invitados. Apreciables amigos. En esta noche tan especial, no solo celebramos un año más del nacimiento de mis queridos hijos. Hay más noticias que llenan mi casa y a mi familia de alegría. La primera es que mi ahijada Helena, después de mucho tiempo de ausencia, regresa a esta bella tierra que la vio nacer. Y no sólo eso, sino que lo hace representado a una organización tan importante como lo es Naciones Unidas.

- Bravo – dijeron algunos invitados. Y esto fue seguido por más aplausos. Helena agradecía con un poco de pena a su padrino, nunca esperó que él le hiciera ese reconocimiento en frente de todas sus amistades.
- Bien. Por otro lado hay un anunció más que quiero hacer y es sobre la felicidad de uno de mis adorados hijos. Con gusto y alegría les digo a ustedes queridos amigos que una boda se avecina – Helena sintió desfallecer, la única noticia que no quería escuchar estaba a punto de salir de la boca de su padrino. Por su parte Laura estaba casi de pie para recibir los aplausos de los invitados – pues mi princesa Renata y Alfredo se casan en unos meses.

La noticia dejó helado a más de uno, incluyendo a Helena y a Laura. Los demás invitados aplaudían y celebraban la gran noticia, al parecer los rumores sobre la boda de Pablo y Laura eran solo eso, rumores.

Pablo recordó lo que había descubierto unas horas antes cuando salió a buscar a Helena.

---Flashback--- 

Cuando llegó a uno de los lugares más apartados, escuchó que alguien hablaba por teléfono y quiso alejarse pero le sorprendió que la voz que escuchaba fuera la de Laura, así que se quedó un momento.

- Sí, estoy harta de este lugar.
- Vamos, no puede ser tan malo
- Es que no te he dicho le peor.
- ¿Qué cosa?
- Que la ex-novia de Pablo, llegó de visita
- ¿Cómo? Pablo se atrevió a llevarte a su ex
- No, fue la estúpida de su hermana.
- Explícate.
- Resulta que antes de irse a Boston, Pablo anduvo con la ahijada de sus padres, la tal Helena. Y al parecer siempre fue muy amiga de Renata, con decirte que hasta dice que es su hermana.
- ¿Y es guapa?
- Esta regular, se cree mucho por tener los ojos azules y ser muy estirada, pero en realidad no es la gran cosa. Se la pasa tratando de llamar la atención de Pablo con esa sonrisa tan horrible que tiene.
- Y Pablo, ¿qué hace?
- Pues el muy idiota cae en su juego.
- ¿Y no le vas a reclamar?
- No, ya hice algo más efectivo
- ¿Qué?
- Le dije a la tal Helena que Pablo y yo estábamos comprometidos.
- Nunca te había visto tan celosa
- Es que nadie se va a interponer entre Pablo y yo.
- No sabía que lo amaras tanto
- Claro que no. Lo quiero sí y me encanta que todas me envidien por estar con alguien tan guapo, pero amarlo por dios, lo único que amo de él son sus millones en el banco.
- Vamos ni que tu familia necesitara el dinero.
- No, pero entre más mejor.
- Entonces espero que lo que le dijiste a la tal Helena esa, sirva para mantenerla alejada de Pablo al menos hasta que te pida ser su esposa.
- Ten por seguro que así será. La próxima vez que te hable seré la futura esposa de Pablo Duart de Cordona.

---Flashback--- 



Él había escuchado a la verdadera Laura, pero sobre todo había descubierto el motivo por el cual Helena lo había rechazado. Él tampoco quería a Laura así que poco le importó él que detrás de esa mujer celosa y que tantas veces lo había hecho quedar en ridículo, hubiera en realidad un ser ambicioso y manipulador que solo quería su posición social.

- ¿No nos vas a felicitar Hel? – preguntó Renata a su amiga.
- Pues claro. Renata, Alfredo no saben lo feliz que me ha hecho la noticia. Pero ¿por qué no me dijeron nada?
- Queríamos verte con esa cara – dijo Alfredo, divertido al recordar la sorpresa de Helena.
- No es justo. Si yo le hiciera eso a Renata nunca me lo perdonaría.
- Te lo perdonaría si me hicieras tu dama de honor. ¿Tú me perdonas con eso?
- Pero claro que sí, nada me haría más feliz que ser tu dama de honor.
- Gracias, Hel.

Mientras Renata, Alfredo y Helena se abrazaban, Laura estaba increíblemente enfadada. Cómo podía ser que la boda de la que hablaban todos era la de Renata y Alfredo y no la de ella con Pablo. Sin mayor explicación, de levantó de su asiento y se fue metió a la casa. Pablo no podía estar más feliz, Laura había recibido parte de su merecido por imaginar cosas que no eran pero sobre todo por engañar a Helena e interponerse en su felicidad.

Los festejados fueron llamados a la pista para que diera inicio el baile.

- Helena ¿bailarías conmigo?
- No creo que este bien, deberías de bailar con tu novia.
- Por favor, concédeme esta pieza, como regalo de cumpleaños. ¿Recuerdas que siempre bailabas conmigo en mi cumpleaños?
- Está bien, solo por ser tu cumpleaños.
- Gracias.


La música había iniciado y Pablo acercó más a Helena hacia él para poder cantarle al oído, como solían hacerlo cuando eran novios.

- Por debajo de la mesa acaricio tu rodilla
Y bebo sorbo a sorbo tu mirada angelical
Y respiro de tu boca esa flor de maravilla
Las alondras del deseo
Cantan, vuelan, viene, van

Y me muero por llevarte
Al rincón de mi guarida
En donde escondo un beso
Con matiz de una ilusión
Se nos va acabando el trago
Sin saber qué es lo que hago
Si contengo mis instintos
O jamás te dejo ir

Y es que no sabes lo que tú me haces sentir
Si tu pudieras un minuto estar en mi
Tal vez te fundirías
A esta hoguera de mi sangre
Y vivirías aquí y yo abrazado a ti
Y es que no sabes lo que tú me haces sentir

Que no hay momento que yo pueda estar sin ti
Me absorbes el espacio
Y despacio me haces tuyo
Muere el orgullo en mí
Y es que no puedo estar sin ti 
Helena iba a reclamarle la insolencia pero al escuchar la canción que siguió, la reconoció de inmediato, era una de las que había compuesto Pablo y que le había mostrado en la mañana.

- ¿Pero cómo? - preguntó, mientras bailaba con Pablo.

- Les pedí que se aprendieran esa canción para esta noche.
- Entonces tendrías que bailarla con tu novia, no conmigo.
- Helena que no lo entiendes, esa canción la escribí por ti.
- ¿Qué estás diciendo?
- La canción se llama Inolvidable porque como dice: aquello que un día nos hizo temblar de alegría, es mentira que hoy pueda olvidarse con un nuevo amor. 
- No, no puede ser. Pablo no sé porque hoy no anunciaron tu compromiso con Laura, pero entiende que eso no cambia nada, tú ya no eres para mí.
La canción terminó justo cuando Helena dijo esto, así que se separó de Pablo y se fue a la casa.
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Inolvidable - Luis Miguel
Por debajo de la Mesa - Luis Miguel