domingo, 10 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 52

Por su parte Pablo, había viajado a Londres donde unos clientes árabes lo esperaban para cerrar un trato que haría que la empresa de su padre creciera aún más. Pero se sentía muy mal, pues lo había visto en México, lo tenía decepcionado. Amaba a Helena más que a nadie en el mundo, pero al parecer eso no había sido suficiente para superar las diferencias que ahora tenían y posiblemente las habladurías de la gente la seguían acosando. Era comprensible que se sintiera mejor al lado de Oliver, que entendía su mundo a la perfección y con quien era natural que estuviera sin provocar chismes. Helena era muy noble, y sabía que no haría nada para lastimarlo y seguramente por eso no había terminado con él.



Pero al final de cuentas Pablo solo era su amor de hace 10 años, nada más, el tiempo pasa y las cosas cambian. El viaje duró 5 días y Pablo regresó a México decidido a hacer lo correcto para él y para Helena.

Helena se sentía muy sola y triste, además los días fríos y algo lluviosos de diciembre no ayudaban en nada. Pablo no se había comunicado con ella desde que se fue de México. Según lo que le había dicho la secretaría, él ya tendría que haber regresado desde hacía 2 días, pero no la había llamado.

En la tarde de ese mismo día, se decidió a ir a buscarlo. Le tendría que explicar el por qué de su comportamiento, tenía que haber uno, pensaba. Justo cuando se dirigía a su auto vio que él Pablo iba saliendo del edificio donde estaba su departamento, lo más seguro es que se cruzaron y por eso no se habían visto.

- ¡Pablo! – gritó Helena, mientras corría a su encuentro.
- Hola – respondió fríamente. El abrazo que ella le daba era tan cálido que por un momento dudó sobre lo que iba a hacer.
- ¿Por qué no habías venido? – preguntó al momento que Pablo rompía su abrazo. Ella sentía a Pablo muy extraño, era demasiado frío, sería que él no la había extrañado tanto.
- Helena, tenemos que hablar.
- Está bien, vamos arriba.
- No, lo que tengo que decirte no me tomará mucho tiempo.
- ¿Qué pasa?
- Debemos terminar con nuestra relación – dijo tan tajantemente que Helena sintió como el mundo se le caía a pedazos frente a sus ojos. En ese instante algunas gotas de lluvia empezaron a caer y poco a poco mojaron su rostro, lo que ayudo a que sus lágrimas se perdieran.
- Pero… ¿Por qué? – preguntó confundida y con la voz entrecortada.
- Antes de irme a Londres, vi cómo tú y Oliver se besaban. Helena no quiero atarte a mí, solo por el recuerdo de un amor de hace tantos años.
- Pablo… - dijo ella más sorprendida que nunca. Jamás imaginó que aquello que había pasado con Oliver, lo hubiera visto Pablo.
- No, déjame terminar, por favor. Yo te devuelvo tu libertad para que seas feliz con alguien que te comprenda mejor que yo. Perdóname por haber sido tan egoísta y no haberme dado cuenta antes. Yo ya no te comprendo de la misma forma que lo hacía antes y mereces alguien que si lo haga. Al terminar de decir esto, le dio un beso en la coronilla y emprendió la caminata hasta su auto, si alguna vez Helena le había roto el corazón al marcharse, el dolor de aquel día no se comparaba ni en lo más mínimo a lo que sentía ahora.

La lluvia había incrementado considerablemente y los dos estaban empapados. Helena no podía creer lo que había escuchando, todo era un error y tenía que decírselo a Pablo pero las palabras no le salían de la impresión.

- ¡PABLO, ESPERA! – logró gritar por fin. Él detuvo la marcha y volteó la mirada, para encontrar a Helena justo detrás de él – Lo que viste fue un error. Oliver me besó porque no sabía que yo había vuelto contigo.
- ¿Qué?
- Él pensó que seguía libre y en parte fue mi culpa porque no le había dicho nada. Yo pensaba que podríamos viajar a Francia en invierno y contarle todo. Pero llegó de sorpresa y por eso pasó lo que viste.
- ¿Podríamos viajar? ¿Tú y yo?
- SI, tú y yo. Pablo, yo no podría estar con nadie más que contigo, eso de que no me comprendes es una idea absurda. TU ME COMPRENDES MEJOR QUE NADIE.
- Pero, he visto cómo te esfuerzas para que entienda tu mundo y yo siento que lo que hago no es suficiente, ahora somos muy distintos. Y bueno por lo que me has contado, Oliver es más parecido a ti.
- Nada de eso me importa, simplemente te amo, porque eres diferente a mí, porque me gusta explicarte todo sobre mi día y cuando tú me das hasta el último detalle de lo que haces. Pablo, no hay ser en el universo que ame más que a ti, TU ERES EL DUEÑO DE MI CORAZÓN, de mi alma y de estos labios que solo tienen SABOR A TI.
- SABOR… A… MI… - dijo lentamente, mientras con una mano tomaba su cara y con el pulgar le quitaba el labial de la boca, para después besarla apasionadamente.
- Vamos – y Helena llevó a Pablo dentro del edificio para que subieran a su departamento, pues la lluvia estaba cada vez peor.

Cuando llegaron, ella le quitó el saco y la corbata con desesperación, ni siquiera podía desabrocharle los botones de la camisa, Pablo se dio cuenta y con su fuerza se libró de su camisa, solo escucharon como cayeron los botones en el piso. A la vez Pablo despojó a Helena del vestido empapado que traía. Sus manos la apretaban de la cintura fuertemente, ella enredaba sus manos alrededor de su cuello. Pablo bajó las manos a sus caderas, la tomó y la llevó hasta la cama.

- Te amo, Helena, MI Helena – lograba decir mientras la besaba.
- Te necesito, Pablo. Te amo tanto. – decía en ella en tono de suplica.

No sabían su había sido la pasión, la necesidad, la alegría del reencuentro o simplemente era el amor que cada día iba creciendo más en ellos, pero disfrutaron ese momento juntos como nunca. Él no podía dejar de decirle que la amaba y ella le correspondía de la misma manera.

- No sé cómo pudiste creer que te había dejado de amar – le reclamó Helena a Pablo.
- Perdóname, es que tenía tanto miedo de no ser para ti lo mismo que fui hace años que me sentía inseguro.
- Jamás vuelvas a pensar, eso. Pablo te has convertido en mi complemento perfecto. TE AMO, TE AMO, TE AMO. – mientras decía esto, llenaba a Pablo de besos.
- Mi Helena, Mi vida entera te pertenece. TE AMO – él la tomó en sus brazos y la apretó fuertemente contra él.
- Eso me gusta. Pero nunca más se te ocurra volverte a irte sin avisarme, no tienes idea de cómo me sentía. No sabía dónde estabas, y eso me mantuvo preocupada todos estos días, ni siquiera podía comer y dormir bien.
- Lo siento, para mí fue igual o peor, pero te prometo que nunca más pasará.
- Nunca.

Pronto se quedaron dormidos. Al otro día amanecieron tan felices que no podían disimularlo, decidieron salir a pasear por la ciudad, a disfrutar de las decoraciones navideñas del centro y a visitar unas cuantas exposiciones que Renata les había recomendado. Pablo llevó a comer a Helena a su restaurante preferido del centro, y ahí aprovechó para hacerle algunas preguntas que la noche anterior había dejado pasar.

- Hel, puedo saber ¿qué pasó con Oliver después de lo vi?
- Le expliqué que yo no podía corresponderle, porque había regresado contigo.
- ¿Y cómo reaccionó?
- Pues se molestó. Se fue del restaurante donde estábamos y solo supe que se regresó a Francia, en cuanto terminó sus asuntos aquí.
- Estás triste, ¿verdad?
- Es que me duele perder a un amigo, de esa manera. Sé que no podía pedir que lo tomará con la misma alegría que yo, pero no creí que fuera a reaccionar así.
- De cierta manera lo entiendo.
- ¿Cómo dices?
- Si yo estuviera en su lugar y supiera que no tengo oportunidad contigo, simplemente no podría con la idea. Aunque creo que yo sentiría mil veces peor porque te amo más que nadie.
- Yo también te amo, y espero que algún día Oliver logre encontrar a alguien que lo haga feliz.
- Lo encontrará, como dicen, siempre hay un roto para un descocido.
- Eso espero.
- Ya alegra esa cara. Mira quien viene ahí. – al momento de voltear Helena alcanzó a ver a Renata y a Alfredo que llegaban al restaurante.


Ellos los vieron y se sentaron a comer en la mesa de Pablo y Helena, la plática se volcó en torno a la próxima boda y los detalles que aún faltaban. Además de todo lo que hacía falta ver en Ginebra como el lugar donde vivirían Renata y Alfredo.



- ¿Y cuándo piensan ir a buscar la casa? – Preguntó Helena.
- Pues creemos que después de año nuevo. Para aprovechar que tengo que ir a hacerme unas pruebas de requisito. – contestó Alfredo.
- El problema es que Alfredo no quiere que mis papás nos regalen la casa.
- Pero es algo que mis padres quieren hacer de todo corazón, Alfredo. – agregó Pablo
- Lo sé pero no quiero que piensen que soy un aprovechado. Sé que yo no puedo darle tantos lujos a tu hermana, como a los que está acostumbrada. Y aceptar el regalo de tus padres me haría sentir peor aún.
- Vaya, no lo había visto de ese modo – dijo Pablo un poco apenado.
- Alfredo, ya te dije que no me importan los lujos, nunca me han importado. Y sólo digo que si aceptáramos el regalo de mis padres, sería más fácil iniciar nuestra vida, juntos. Así el dinero que piensas invertir en la renta de una casa a la larga pues podríamos usarlo para algo más importante, ¿no crees?
- Lo pensaré, Ren. ¿Está bien?
- Si – respondió Renata con una sonrisa que le iluminaba el rostro y con los ojos llenos de admiración por Alfredo. Jamás pensó que amaría tanto a ese hombre tan serio y estudioso que conoció alguna vez en New York. Alfredo por su parte, nunca había creído en el amor, toda su vida en lo único que creyó fue en la ciencia y en las probabilidades que existían de las cosas. Cuando conoció a esa artista tan extrovertida en New York, su mundo se reinventó totalmente. A su lado hasta la cosa menos pensada era posible y aunque tenía muchas diferencias con ella, amaba su forma de ser y hasta su pensar, aunque por diversión siempre le llevaba la contraria. Amaba tanto a Renata que no lo creía posible.

Los cuatro tuvieron una comida bastante amena y después Renata y Alfredo se fueron a una reunión de un amigo de él. Por su lado, Helena y Pablo se fueron a la cineteca, que tenía mucho que no visitaban.
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Recomendación: Es por ti - Cómplices.

sábado, 9 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 51

Los días pasaron, Pablo y Helena trataban de olvidar lo ocurrido en la fiesta de Raúl. Un día de finales de Noviembre, Helena había quedado de ir a comer con Pablo, pero recibió una visita inesperada.

- ¡Hermosa!
- ¿Oliver? ¿Qué haces aquí? – Helena no podía creer lo que estaba viendo. Oliver estaba en la puerta de su oficina.
- No te agradó mi sorpresa – dijo un poco decepcionado.
- Claro que me agradó pero definitivamente es algo inesperado. ¿Por qué no me avisaste que vendrías?
- Porque quería darte una sorpresa y mira que lo he logrado.
- Vaya que sí.
- Pero bueno ven acá y dame un abrazo – exigió Oliver.
- Claro, que gusto que estés aquí. – los dos amigos se fundieron en un abrazo.
- Bueno y ¿qué ha habido de nuevo en tu vida?, tiene mucho tiempo que no platicamos.
- Sí, lo sé. En parte ha sido mi culpa, he estado muy ocupada.
- No te preocupes, yo también he sido absorbido por el trabajo.
- Y bueno si es así, ¿cómo es que estas aquí?
- Pues hay planes entre la Unión y tu país para impulsar ciertas áreas y el Parlamento me ha enviado a mí y a otros analistas, para finalizar el tratado.
- Increíble.
- ¿Y cuánto tiempo te quedarás?
- Sólo 3 días.
- Tan poco – dijo Helena con algo de decepción, pues en verdad le gustaba ver a Oliver de nuevo.
- Sí, pero puedo darme un tiempo para estar contigo.
- Eso es genial, ¿qué tal si aprovechamos ese tiempo y te invito a comer?
- Me parece estupendo.
- Perfecto, sólo tengo que hacer una llamada y nos vamos.
- Tómate tu tiempo que saludare a Antoine.
- Claro.
- Te busco en su oficina.
- Está bien.

Oliver salió de la oficina de Helena y esta aprovecho para hacer la llamada que tenía pendiente.

- Compañía Duart, buenas tardes.
- Sussy, habla Helena. Me comunicas con Pablo.
- Srita. Lascurain, el señor Duart está en una reunión muy importante y nos pidieron no interrumpir pues los clientes con los que están son muy especiales.
- No te preocupes, lo había olvidado.
- Gusta dejarle algún mensaje.
- Si, dile por favor que me surgió algo y que no podré comer con él hoy.
- Yo le daré su mensaje.
- Gracias, Sussy, hasta luego.
- De nada señorita, que esté bien.
- Igualmente, Adiós.
- Adiós.

Helena salió a encontrarse con Oliver y cuando llegó a la oficina de Antoine, se enteró que los planes de la Unión Europea y el gobierno de México, que eran muy importante para las actividades que desempeñaban en la oficina donde trabajaba ella. La plática se alargó algunas horas.

- Bien, creo que esto resuelve algunas de mis dudas. – terminó por decir Antoine.
- Me alegro.
- Gracias Oliver, ahora si te dejo libre para que vayas a comer con Helena.
- Está bien, nos vemos.
- Hasta mañana – dijo Helena.
- Ven Oliver, mi auto esta en el estacionamiento – señaló Helena cuando salieron de la oficina de Antoine. Bajaron por el elevador y salieron del edificio.
- Estás aún más hermosa que cómo te recordaba – dijo Oliver al ver a Helena iluminada por la luz del sol. Él tomó su rostro y la besó.
- Oliver…
En la empresa de los Duart, la secretaría dio el mensaje a Pablo y este se sintió un poco mal por no responderle a Helena. Así que decidió ir a buscarla al trabajo. Cuando iba llegando, y alcanzó a ver la escena entre Oliver y Helena; reconoció a Oliver, por las fotos que Renata le había enseñado alguna vez. Ni siquiera se detuvo más tiempo, aceleró y se fue antes de que Helena lo viera.

- Perdóname, no pude resistir más – él estaba apenado por ver la reacción de Helena.
- Tenemos que hablar, Oliver, hay muchas cosas que no te contado. – Ella se sentía incómoda por la situación pues no le había dicho nada sobre su relación con Pablo. – Pasaron muchas cosas en la finca después de que hablé contigo.
- ¿Cosas?
- Pablo y yo estamos juntos de nuevo.
- De qué estás hablando, él se iba a casar.
- Todo fue una mentira. Perdón por no decírtelo antes pero quería hacerlo de frente y estaba decidida a irte a buscar a Francia.

Se dirigieron al estacionamiento y en el camino hacía el restaurante Helena le contó todo a Oliver.

- No lo puedo creer. – dijo cuando terminó de oír el relato
- Perdón, Oliver.
- No te puedo decir que me alegra, porque después de todo tenía la esperanza de que el matrimonio de Pablo te ayudara a decidir y te fueras conmigo a Francia. Pero creo que ahora ya nada puedo hacer.
- Yo fui una tonta. No debí precipitarme de esa manera. Nunca ha sido mi intención hacerte daño.
- Ya nada puedes hacer Helena. Olvídalo.
- Oli… - dijo Helena al ver que Oliver se levantaba de la mesa.
- Será mejor que me vaya. Perdón Helena. Adiós.
Ella no sabía qué hacer, lamentaba perder así a Oliver, que la había apoyado tanto pero no podía no decirle lo que pasaba con Pablo. Solo rogaba porque algún día Oliver la perdonara.

Cuando llegó a su departamento marcó al celular de Pablo y la mandaba al buzón. Así que decidió marcar a la oficina a ver si seguía ahí.

- Sussy, soy Helena. ¿Pablo sigue ahí?
- No, salió hace unas horas y hace poco llamó para avisar que necesitaba un boleto de avión para Londres. Su vuelo partió hace una hora.
- ¿Qué?
- Al parecer tiene un viaje de negocios.
- Está bien. Gracias
- Hasta luego. Helena colgó, lo que había hecho Pablo la dejaba muy desconcertada. 

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viernes, 8 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 50

“¿Dónde estás?” – preguntó Pablo por mensaje.
“Estoy en mi departamento”
“¿Por qué no me avisaste? Te hubiera llevado”
“No era necesario, diviértete. Te veo mañana”

Helena se quedó sentada en el sillón de su sala, llorando. Se quedó pensando en todo lo que había pasado y a pesar de que era muy feliz, eso se veía opacado por los comentarios de los demás.

- ¿Helena? Abre por favor – decía Pablo que tocaba la puerta
- Entra – dijo al abrir la puerta. Pero no se asomó.
- ¿Por qué te fuiste así?
- Me sentí mal
- ¿Y por qué no me dijiste?
- No quería que dejaras a tus amigos, tenía mucho que no convivías con ellos
- Eso no importa, lo único que me importa eres tú – al acercarse a ella y tomarle la cara entre las manos, se dio cuenta que estaba llorando - ¿por qué lloras?
- Por nada, no tiene caso.
- Si no lo tiene por qué te pones así. Dime la verdad de lo qué te pasa.
- En la fiesta oí algo que… no, no tiene caso que te lo diga.
- Por favor, Helena, dímelo.
- Escuche a unas mujeres comentar que por mi culpa te separaste de Laura. Dicen que te seduje y… - a Helena se le cortó de nuevo la voz. Inmediatamente Pablo la abrazó, pero lo poco que había oído le enojo demasiado.
- Tú sabes que nada de eso es cierto.
- Lo sé, pero …
- Helena esa gente solo busca dañar a personas como tú, porque te tienen envidia.
- Ay Pablo, es que tengo miedo que todos esos rumores afecten la relación con tus amigos.
- Claro que no. Y si eso llegara a pasar, solo demostraría que no son mis amigos.
- Es que no quiero que mi presencia te cause problemas y que también hablen de ti. Sabes que mi intención nunca fue separarte de Laura.
- Por favor, Helena no digas eso. Lo de Laura estaba por terminar y lo que hablen de mí que más importa. Sólo quiero que estés bien.
- Gracias.
- Ahora dime, ¿cómo eran esas mujeres?
- ¿Para qué quieres saberlo?
- Sólo dímelo.
- Pablo, no por favor no digas nada. No vale la pena.
- Nadie te va a ofender Helena. Mientras yo esté a tu lado no permitiré ninguna falta hacía ti.
- No, solo déjalo pasar.
- Debes recibir las disculpas que te mereces
- Por favor, Pablo. No quiero causar más chismes.
- Pero…
- Por favor – dijo con más lágrimas en los ojos.
- Está bien, pero entonces deja de llorar. ¿Sí?
- Ay Pablo, abrázame – él la abrazó y ella se recostó sobre su regazo. Pablo le cantó una bella canción al oído y ella poco a poco se fue quedando dormida.

Al otro día despertó en su cama con Pablo al lado y abrazándola.

- ¿Cómo te sientes? – preguntó Pablo que llevaba más tiempo despierto
- Mejor. Perdóname Pablo se que hice una tormenta en un vaso de agua. – Helena solo dijo eso para tranquilizar a Pablo pues en verdad lo que había escuchado la seguía inquietando.
- Ya no pienses más en eso. – cuando dijo esto la abrazó mas contra su cuerpo.
- Oye, ¿cómo iba la canción de ayer?
- ¿Cuál?
- La que cantaste cuando estábamos en la sala.
- Ah, ¿te gustó?
- Sí, me la vuelves a cantar.
- Claro.

En serio crees que me importa
Eso que dicen de ti,
Pero como corazón
Quien te puede derribar
Si eres todo para mí,

Acaso vas a rendirte
Por lo que hablen los demás
Que se enteren de una vez
Yo jamás renunciare al amor que tú me das

Si acaso voy amarte más
Cuanto más te desprecien más
Cuanto más te condenen más
Y si nunca te aceptan más
Y si además te sentencian más
No me importa mi suerte
Yo he de quererte más.

Acaso tú te arrepientes
Por lo que pueda pasar
Si es contigo para mí
Con quien tú quieres vivir
Que te importan los demás en serio
Crees que me afecta que me insistan déjala
Ni lo pienses corazón no hay en el mundo razón
Para dejarte de amar


- Me pregunto en ¿qué te habrás inspirado?
- Buena pregunta.
- ¿Qué te parece si te invito a desayunar, como disculpa por lo que pasó?
- Me parece una buena idea, pero creo que primero, tu buena acción de soportar mis escenas se ha ganado un beso – se acercó más a Pablo y lo besó lentamente, haciéndolo desear más. Él la apretó contra sí y sintió como su cuerpo se estremecía.
- Te amo.
- Te amo. – probablemente el beso los había dejado insatisfechos pero su necesidad de alimento era mayor, ya que sus estómagos no paraban de hacer ruido, lo que desató risas en ambos.

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Más - José José

jueves, 7 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 49

Al siguiente domingo regresaron todos de la finca. Renata convenció a Helena para que la ayudara con algunos detalles de la boda. Pero la agenda de Helena no le permitía pasar mucho tiempo con eso, así que contrataron a una wedding planer; a la que dejó muy sorprendida que la boda además de llevarse a cabo en la finca, solo sería por el civil y en lugar de ceremonia religiosa, habría un rito indígena propio de la zona donde estaba la finca. Al parecer Alfredo y Renata habían logrado llegar a un acuerdo sobre sus creencias que también eran un poco distintas.

Helena y Pablo seguían en lo acordado y llevaban una relación muy tranquila. Solían comer juntos y si el trabajo lo permitía, salían por las tardes al cine, a exposiciones y muchos eventos más. Trataban de aparentar ser más amigos que novios.

Habían pasado un mes desde que Helena y Pablo habían llegado a ese acuerdo, cuando él recibió una visita inesperada.

- Hola Pablo
- Laura, ¿qué haces aquí?
- Vine a hablar contigo.
- No tenemos más que hablar.
- Te equivocas. Te confieso que me sentí muy ofendida por cómo me trataron tú y tu padre en la finca. Pero creo que es momento de perdonarnos ¿no crees?
- La que te debe perdonar es Helena, es a ella a quien ofendiste.
- Otra vez esa mujer, Pablo que no te das cuenta que yo te amo más que ella.
- ¿Amarme?
- Si, Pablo. Y más ahora que estoy esperando un hijo tuyo.
- ¿QUÉ? – Pablo se quedó pasmado de la sorpresa.
- No es cierto, solo quería ver tu cara – dijo Laura entre risas.
- No fue gracioso - Pablo sabía que Laura nunca fue muy madura pero esta broma sobrepasaba la elocuencia de cualquier situación.
- Claro que lo fue. Aunque ahora pienso en qué harías si en verdad estuviera embarazada de ti.
- Nada. Eso no tiene caso porque nunca va a pasar.
- Pablo, Yo te sigo amando y no puedo creer que hayas olvidado todo lo que vivimos juntos.
- Tú no amas a nadie que no seas tú. Por eso buscabas dinero y comodidades.
- No me vengas con esas cosas. Desear comodidades no es pecado.
- Claro que no. Lo es cuando utilizas a las personas y lastimas a otras.

- ¿Qué dices?
- Me amabas por los millones que tengo en el banco y por eso le mentiste a Helena. 
- Pablo yo…
- Tu nada, por favor sal de mi oficina y no vuelvas nunca más. No te quiero ver en mi vida.

Laura salió aún más enojada que cuando pasó lo de la finca. Ella ignoraba que Pablo la hubiera escuchado cuando hablaba por teléfono, conocía sus verdaderas razones para estar con él. Pero si ella no era feliz, ellos tampoco lo serían, así que se dedicó a contar cosas terribles de Helena a todos los amigos de Pablo.

Pablo decidió no contar a Helena lo que había sucedido en la tarde con Laura y mejor aprovechó para invitarla a la fiesta de cumpleaños de uno de sus amigos. Nada mejor para introducir a Helena en su mundo que una fiesta.

- Helena, estás hermosa – le dijo Pablo al ver a su novia salir de su departamento. Llevaba un vestido corto de cocktail, era de un morado muy oscuro y satinado.
- Gracias
- Bueno, es hora de irnos – los dos subieron al auto de Pablo y se fueron a la casa del amigo de Pablo, donde sería la fiesta.
- Pablo, que bien que viniste.
- Hola Raúl, Felicidades
- Gracias, gracias. ¿Y dime quién esta bella señorita? - preguntó Raúl al ver que Helena estaba detrás de Pablo.
- Ella es Helena Lascurain.
- Hola Helena, soy Raúl Fonseca
- Mucho gusto
- Definitivamente el gusto es mío. Pero pasen por favor.
- Gracias, ¿oye Guillo ya llegó? – preguntó Pablo
- No, ¿qué no te avisó?
- Avisarme ¿qué?
- Verónica se enfermó y él no quiere estar sin su noviecita. Así que se quedó cuidándola.
- Oh ya veo, es una pena. Quería que Helena los conociera.
- Ya conocerá a los demás no te preocupes.
Al entrar a la sala donde estaban todos los amigos de Pablo y de Raúl, las miradas de los hombres se concentraron en Helena y las mujeres no dejaban de barrerla.

- ¡Pablo! – gritaron sus amigos
- ¿Dónde te habías metido? – preguntó uno.
- Había estado ocupado con la empresa.
- Oh. ¿Y quién es ella?
- Les presentó a Helena Lascurain, una amiga de la infancia. – Pablo y Helena habían acordado no revelar su relación a los demás hasta que pasará más tiempo.
- Mucho gusto Helena – respondían todos.
- Mira Hel, ellos son Carlos, Max, Alan, Mauricio, Esteban, Alex y Marcos – dijo Pablo señalando a todos sus amigos de derecha a izquierda.
- Él gusto es mío.
- ¿Y a qué te dedicas Helena? – preguntó Max.
- Trabajo para UN, en una oficina que se acaba de establecer en México. Básicamente analizamos las condiciones económicas y sociales y sus consecuencias en diferentes aspectos.
- Oh ya veo. Además de guapa eres inteligente – dijo Alex
- ¿Y cómo es posible que siendo tan linda nunca te hayamos visto?
- Llevó 10 años fuera del país.
- ¿Y dónde vivías?
- 5 años viví en Berlín y los otros 5 en New York
- ¿Y dejaste un novio por allá?
- Alan, no seas tonto, no ves que ella está saliendo con Pablo.
- ¿Eso es cierto?
- Pues si más o menos – dijeron entre risas los dos. Viéndose a los ojos que delataban su gran amor.

La plática y las risas continuaron. Helena acaparaba toda la atención de los hombres y eso puso a las mujeres, algunas de ellas sus novias, aún más envidiosas de Helena.

- La mujer que viene con Pablo es muy bonita, ¿no crees? – dijo, una de las recién llegadas a la fiesta, al una de las mujeres que estaban en el jardín.
- Lo que tiene de bonita lo tiene de zorra – le respondió otra.
- ¿Por qué dices eso?
- ¿Acaso no has oído lo que dicen de ella?
- No
- Dicen que ella provocó que Pablo y Laura terminarán.
- Por dios, esos dos tenían los días contados.
- Sí, pero eso no quita el hecho de que hayan terminado por su culpa.
- ¿y qué se supone que hizo?
- Pues resulta que visitó a la familia de Pablo en la finca que tienen. Y no le importó que Laura estuviera ahí para seducir a Pablo. Dicen que la dejó en plena fiesta de cumpleaños por irse a con esa, y he oído que parece que Laura encontró a esos dos en una situación bastante comprometedora que obviamente no podían justificar.
- Vaya, pero también es culpa de Pablo por fijarse en mujeres así.
- Lo sé. Yo que tú tenía más cuidado con tu novio, no vaya a ser que Pablo le aburra pronto y quiera cambiar.
- ¿La crees capaz?
- Ahora que la he visto sí. Qué no ves como tiene a todos los hombres de la fiesta. Y ese puesto del que tanto presume quien sabe con qué favores lo haya conseguido, las mujeres como ella nunca son tan inteligentes.
- Pues te haré caso. Voy con Javier.
- Espera te acompaño que quiero otra bebida. Las dos mujeres de alejaron, sin saber que Helena estaba en el balcón de arriba y había oído todo. No pudo contener las lágrimas y prefirió irse antes de que la vieran llorar.

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Recomendación: ¿Y qué? - José José

miércoles, 6 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 48

Al siguiente día regresaron a la ciudad y de verdad que les dolió dejar la finca en donde habían sido tan felices. Pero había que continuar con sus vidas, juntos.

Pablo manejó hasta la ciudad y llevó a Helena a su nuevo departamento.

- Por dios, quedó perfecto – dijo Helena al entrar
- Eres tu quién lo hace perfecto - le susurró Pablo al oído.
- Es algo que no puedo evitar, y mucho menos cuando estoy contigo a mi lado.
- Ven a acá – Pablo la atrajo hacía él, besándola con ternura. Helena tenía muchas cosas que acomodar y que seguían en las maletas, pero no podía dejar de besar a su novio.
- Hmm tengo que sacar mis cosas de las maletas, y tú no me ayudas mucho que digamos – le decía cuando podía hablar.
- Quien te manda a decir cosas tan tiernas que me hacen amarte aún más.
- Ahora yo soy la culpable.
- Sí. Eres la culpable de toda la felicidad que siento al tenerte cerca.
- Lindo, pero mejor ayúdame, así estaré libre más rápido. Pero primero quisiera pedirte un favor.
- Lo que quieras, mientras no sea separarme de ti.
- No, en realidad es algo en donde necesito que estés conmigo.
- ¿Qué es?
- Me llevarías a visitar las cenizas de mi madre.
- Claro.

Después de que desempacaron todo, fueron al mausoleo.

- Hola mamita, perdón por no visitarte en tanto tiempo, pero sabes que nunca he dejado de pensar en ti, mi papá tampoco te ha olvidado en ningún momento, pero ha logrado ser feliz con su nuevo trabajo. Me encantaría que vieras lo feliz que soy. Mami, Pablo está conmigo de nuevo y lo amo más que antes. - cuando dijo esto, Pablo colocó su brazo alrededor de su espalda y le besó la coronilla, tenía los ojos llenos de lágrimas por la escena tan conmovedora que estaba presenciando – prometo que ahora que regresé, te vendré a visitar mucho. Te quiero mamá y te necesito.
- Yo también te amo más que antes – dijo Pablo cuando Helena se despidió de las cenizas de su madre.
- Lo sé y me gusta mucho que me lo digas.

Pasaron el día juntos, pero cuando la tarde iba cayendo sobre la ciudad, se dieron cuenta que no podían separarse.

- Pablo, me da vergüenza pedirte esto, pero ¿te quedarías esta noche conmigo?
- Claro que si, sabes que me hace muy feliz dormir contigo en mis brazos pero tengo una condición.
- ¿Cuál?
- Que jamás vuelvas a sentir vergüenza por pedirme algo. Solo vivo para cumplir tus deseos y hacerte feliz.
- Está bien, te lo prometo y gracias.
- No hay nada que agradecer ya te lo dije.
- Bueno. ¿Quieres que vayamos a tu casa por algunas de tus cosas?
- ¿Crees que pueda traer unas cosas para irme de aquí al trabajo?
- Obvio que sí, no quiero que atrasar tus horarios solo por consentirme.
- Entonces, vamos.
- Si.

Se fueron a la casa e hicieron una pequeña maleta para su estancia con Helena. El ver esa casa donde había sido tan feliz desde pequeña la hizo sentirse un poco nostálgica y sintió el deseo de saber que había sido de su antigua casa. Pablo la llevó, pero no resistió el ver que era ocupada por otras personas y se fueron inmediatamente de ahí.

- Cuando era niña me gustaba pensar en que algún día cuando tuviera una familia, viviría en esa casa. – dijo Helena cuando iban en el auto.
- Helena no pienses eso, solo te lastimas.
- Es solo sentimiento, ahora sé que será otra familia quien disfrute de la casa donde crecí y donde fui tan feliz alguna vez.
- Y volverás a serlo te lo juro, voy a hacer hasta lo imposible para hacerte el ser más feliz del mundo.
- Sólo con estar a tu lado ya soy feliz. – Pablo tomó su mano y la besó.
- Te amo.

La noche la pasaron los dos, en total tranquilidad, se durmieron temprano ya que al otro día a Helena le esperaba una jornada realmente larga. Sentirse en los brazos de Pablo, le provocaba un sentimiento de seguridad indescriptible. Era muy fácil dormir, respirar, vivir.

En la mañana Helena se despertó temprano y se alistó junto con Pablo, le encantó ver como era su rutina por la mañana y tenía que reconocer lo bien que se veía su novio en traje. Pero ella no se quedaba atrás el traje sastre que usaba la hacía lucir formal y hermosa, tanto que Pablo se quedó sin aliento por un momento.

- Bien ya estoy lista, será mejor que llame a un taxi.
- ¿Taxi?, Helena Lascurain ¿Cómo se te ocurre que te voy a dejar ir en un taxi?
- Pues no quiero retrasarte más.
- Claro que no, yo te iré a dejar al trabajo. Además me queda muy de paso.
- Está bien. Supongo que no pensé en comprar un auto.
- Ya iremos a elegir el adecuado para ti.
- Gracias
- ¿Nos vamos?

Pablo dejó a Helena en el trabajo, mientras le prometía que cenarían juntos para celebrar el primer día. La inauguración fue perfecta, asistieron personajes muy importantes para ser testigos en como UN fundaba una nueva oficina en México. Algo que desconocían los recién llegados de New York era que se había organizado una cena para esa noche, los invitados podían llevar a sus respectivas parejas a la cena así que Helena tuvo que llamar a Pablo para avisarle del cambio de planes e invitarlo a la cena. Él accedió encantado.

Mientras esperaba que llegara la hora de la cena, Helena decidió llamarle a su padre con la esperanza de que no estuviera muy ocupado. Y corrió con suerte.

- Hola papito
- Nenita, ¿cómo resultó todo?
- Muy bien, no tienes idea de todo lo que ha pasado desde que llegué.
- Pues dímelo
- ¿No estás muy ocupado?
- Claro que no. Anda cuéntame qué ha pasado.
- Pues regresé con Pablo.
- ¿Qué?
- Sé que podría parecer muy apresurado y que quizá fuimos muy impulsivos, pero no podíamos pasar más tiempo separados.
- ¿Qué no tenía novia?
- Hay papá es que pasaron tantas cosas en la finca.
- Pero hija no crees que es muy pronto para que tengan una relación si Pablo acaba de terminar con su novia.
- Lo sé. Nos esperaremos un poco antes de hacerlo oficial solo quería que tu lo supieras.
- Aún así cuanto podrán ocultarlo antes de que las personas empiecen a hablar. Tú tal vez ya olvidaste como es la sociedad en la que nos desenvolvíamos en México. Pero la gente habla y no quiero te ofendan.
- Pero…
- Debes de ser muy cuidadosa, ahora tienes mayores responsabilidades ya no eres una adolescente. Lamento que por mi culpa te hayas separado de él, pero las cosas deben pensarse tú lo sabes mejor que nadie.
- Tienes razón. Pero no puedo estar más tiempo separada de él.
- Solo sé prudente con tu relación.
- Está bien, espero verte pronto.
- Creo que haré un esfuerzo y asistiré a las festividades de Navidad en la finca.
- ¿En serio?
- Sí, hija. Creo que es hora de que regrese a México, al menos de visita.
- Ay papá no sabes lo feliz que me haces.
- Me alegro.
- Ya verás que bonito está y lo hermosa y grande que esta la finca, no te vas a arrepentir.
- Eso espero.
- Bueno será mejor que te deje, no quiero robarte más tiempo.
- Está bien. Cuídate mucho.
- Lo haré. Te quiero
- Y yo a ti.
- Adiós
- Adiós.

Llegada la noche, Pablo llegó al lugar donde sería la cena del trabajo de Helena.

- Hola, te estaba esperando
- Perdóname el tráfico esta horrendo. Y salí tarde de mi última reunión.
- No hay problema lo importante es que estas aquí. Ven quiero que conozcas a mi jefe.
- Helena, que guapa te ves. – le dijo su jefe en francés que era su idioma natal.
- Gracias Antoine.
- ¿Y quién es tu acompañante?
- Él es Pablo Duart
- Mucho gusto Pablo, soy Antoine Fournier
- El gusto es mío M. Fournier – respondió en fránces
- Espero que tú seas el responsable de hacer que los ojos de Helena brillen más que nunca.
- Antoine – reclamó un poco apenada Helena
- Tiene razón, tus ojos tienen un brillo especial.
- ¿Ya dime es él, el responsable?
- Si. – respondió Helena con una gran sonrisa en el rostro.
- Me alegro, se ve a leguas que te quiere.
- Más que eso – dijo Pablo es voz baja.
- Muy bien muchacho. Espero que sepas que gran mujer tienes a tu lado.
- Lo sé.
- Bien, será mejor que pasemos a la mesa.

Toda la noche Antoine interrogó a Pablo sobre su vida y fue así como descubrió que ellos tenían toda una historia detrás. Por momentos se distraía escuchando a hablar a Helena sobre su trabajo y los debates en los que entraba. Le sorprendía mucho ver lo apasionada que era de su trabajo y lo mucho que se parecía a Álvaro en su forma de hablar y era sorprendente la inteligencia que tenía.

Pablo volvió a dormir en el departamento de Helena, afortunadamente la noche anterior había puesto dos mudas de ropa en su maleta. Pero él no podía dormir, pues lo que había visto en la cena lo había dejado inquieto. Helena había cambiado mucho en todos esos años, y aunque eso la hacía mucho mejor que la mujer que conoció en la adolescencia, tenía miedo que sus diferencias se hicieran cada vez más grandes.

Helena tampoco dormía, solo pensaba en la conversación que había tenido con su padre. Era triste pero tenía razón, su amor por Pablo le cegó la razón.

- ¿Pablo?
- ¿Tampoco puedes dormir?
- No
- ¿Qué tienes?
- Hoy hablé con mi padre y le conté de nosotros
- ¿Y cómo lo tomó?
- Pues no le agradó mucho la idea. Me dijo que todo ha sido muy precipitado y que no he pensado en cómo reaccionaran las personas ante tu cambió de relación tan drástico.
- ¿Te arrepientes de estar conmigo?
- Claro que no, pero no te puedo negar que mi padre tiene razón. Sólo nosotros dos sabemos lo que vivimos hace 10 años. Y además no creo que Laura cuente la mejor versión.
- En ese tienes razón, si algo sé es que Laura puede ser muy cotilla.
- Eso me temía. Tengo miedo de que eso afecte mi trabajo.
- Creo que yo tenía razón
- ¿Por qué?
- No sé ni cómo decírtelo. Pero verte en tu mundo me dio algo de miedo.
- ¿Miedo?
- Es que has cambiado tanto, te apasiona tanto y lo defiendes de una manera en que nunca te había visto. Veo que se ha convertido en una nueva pasión en tu vida. Y eso sirvió para darme cuenta de que deben haber más cosas en ti que han cambiado y significa que entonces ya no te conozco tan bien como antes.
- Pablo, yo también tengo algo de temor, sé que tú también debiste de cambiar en estos años. Aunque te conozco desde que éramos niños no podemos ignorar que el tiempo que pasamos separados tiene sus consecuencias.
- ¿Te gustaría que lleváramos nuestra relación más despacio? Creo que así podríamos irnos conociendo otra vez y eso evitaría que los cotilleos te afectaran.
- Pues es una buena idea. Aunque no te niego lo mucho que me gusta estar contigo así.
- Bueno podremos hacer algunas excepciones, porque por más que lo intente no creo poder ocultar lo mucho que te amo.
- Yo tampoco, pero quizá llamemos menos la atención.
- Tú nunca llamarás menos la atención.

Eso despertó sus risas y su buen humor de nuevo. Durmieron más tranquilos y al otro día comenzó su nuevo noviazgo.

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