jueves, 14 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 56

Helena estaba a punto de dormirse en el sillón cuando llamaron a la puerta.

- Servicio a la Habitación – dijo la persona que estaba del otro lado.
- ¿Sí? – respondió Helena al abrir la puerta. Ella se sentó de nuevo en el sillón y espero que el encargado le preparara la mesa, pero en cambio la siguió y le colocó la bandeja con la tapa metálica enfrente.
- Por favor – el encargado le pidió que tomará el papel que estaba dentro de la bandeja en donde se suponía venía su cena.
- ¿Qué es esto? – evidentemente era una nota pero no entendía el por qué de esta.
- ¿Podría leerla en voz alta? - ella estaba sorprendida, esa sí que era una extraña forma de servir una cena.
- Para este día había planeado regalarte chocolates… - Helena paró de leer cuando vio entrar a un camarero con una caja de chocolates.
- Siga, por favor – exigió el primer camarero.
- Mi música - y entró otro con una guitarra - ¿qué es esto?
- Por favor señorita, continúe leyendo.
- Una cena muy especial - entraron más camareros con bandejas cubiertas. Ella seguía tan sorprendida que no podía seguir leyendo.
- Continúe – la alentaba el camarero.
- Rosas - y entró otro con tantas flores que apenas y podía con ellas. Los camareros se iban formando en línea frente de ella.
- Ya falta poco, siga – la incitaba el camarero que veía duda en Helena.
- Y la mejor noche de tu vida – también entraron más camareros esta vez con vestidos hermosos que traían impresos los sellos de Armani, Versace y Valentino. Helena no podía seguir, todo esto debía ser un regalo de Pablo, que aunque estuviera lejos se las había ingeniado para hacerle sentir su compañía.
- Y lo único que deseo en este momento es regalarte mi presencia - dijo finalmente Pablo con unas flores del gran ramo que había entrado cargando para que Helena no se diera cuenta de su presencia.
- ¡Pablo! – gritó Helena y se abalanzó sobre él, que la rodeo con sus brazos y la levantó del piso como solía hacerlo siempre.
- Feliz Cumpleaños – le susurró al oído. La fuerza del abrazo de Helena le sorprendió mucho a Pablo. Dejaba notar lo mucho que lo extrañaba. Al bajarla sus caras quedaron frente a frente y se besaron lenta y tiernamente.
- ¿Pero cómo? – preguntó Helena cuando Pablo liberó sus labios un segundo.
- Shh – y él la volvió a besar. Ella tenía muchas preguntas pero las sensaciones que le despertaban al besarlo opacaban por completo sus pensamientos. Él por alguna maravillosa razón, estaba ahí, la besaba, abrazaba; ya nada de lo demás importaba – te extrañé demasiado.
- Yo también, no tienes idea lo mucho que me has hecho falta.
- Eso quiere decir, que ¿te gustó mi sorpresa?
- Me ha encantado. Siempre serás mi mejor regalo de cumpleaños.
- Disculpe, Srita. La habitación ya está lista – interrumpió la mucama que estaba arreglando la habitación – Puede pasar.
- Gracias – al momento que Helena se vio a su alrededor, se dio cuenta que algunos camareros habían salido y que los que restaban habían decorado toda la suite con las rosas y habían puesto la mesa para que ella y Pablo tuvieran la cena más romántica posible. Sus vestidos y la guitarra estaban sobre uno de los sillones.
- ¿Te quieres cambiar? - preguntó Pablo mientras le tomaba la mano para llevarla a la habitación.
- Sí – ella avanzó y cuando la mucama abrió las puertas corredizas que separaban la habitación del resto de la suite, pudo ver como en la cama estaba escrita la palabra TE AMO con pétalos de rosas.
- Te amo – le dijo Pablo al oído, y la abrazo por la espalda.
- Ay Pablo es lindísimo, Te amo. Gracias por todo esto. – Helena estaba totalmente emocionada, Pablo había cuidado cada detalle para darle el mejor cumpleaños de su vida.
- Me alegra que te haya gustado.
- En lo que te cambias, voy a despedir a los camareros.
- Está bien.


Pablo agradeció a los camareros su ayuda y pidió que ni el mayordomo se quedara pues deseaban que su cena fuera lo más intima posible.

- ¿Pablo? – llamó Helena desde la habitación.
- ¿Sí? – él entro y vio a Helena en ropa de dormir, era una blusa y un pantalón de seda rosa.
- Me disculpas si ceno así, es que de verdad estoy muerta de cansancio.
- Si tú perdonas que también cene en ropa de dormir, no hay problema. También estoy muerto. – esto desató las risas en ambos, la situación le causaba demasiada gracia. Todo estaba preparado para que vistieran elegantes y ninguno de los dos tenía fuerzas para hacerlo.
- Te disculpo lo que quieras.
- Entonces iré a cambiarme, no tardo ni 5 minutos.
- Perfecto.


Cuando Pablo salió, los dos se dispusieron a cenar.

- Oh por dios, esta delicioso – dijo Helena después de probar su platillo.
- Después de todo lo ha preparado el mejor Chef del hotel y dicho sea de paso de la ciudad.
- Sí, me lo dijo el gerente. Pero tú, ¿cómo lo sabes?
- Este…
- ¡Pablo Duart! explícame que tu viste que ver con mi cambio de habitación.
- No mucho.
- Dímelo – exigía Helena con voz seria, aunque por dentro estaba divertida por ver la expresión de Pablo, que era como la de un niño al que lo han pillado en una travesura.
- Debía encontrar alguna forma de sacarte de la habitación para que te mudaras a esta, y pues lo de la fuga fue una idea genial.
- ¿Mis cosas no se mojaron?
- No, solo me permití ponerlas en mi maleta un momento.
- Yo que pensé que dormiría sin tu camisa esta noche.
- Me temo que ya no necesitarás mi camisa.
- Cierto, entonces, dime cómo es que estas aquí y no en Italia. Era parte de tu plan, el hacerme creer que te irías.
- No, todo fue verdad. Viaje a Italia y gracias al romanticismo de mis anfitriones pues la firma del contrato se tomó menos tiempo y me obligaron a volar hacia acá en cuanto estuvo listo.
- ¿Romanticismo?
- Si, verás, cuando llegue por más hermosa que fuera la Toscana no podía disfrutarla. La pareja de uno de mis clientes se dio cuenta de mi estado de ánimo y me preguntó qué me pasaba. No puede evitarlo y le conté un poco de nuestra historia. Eso provocó que me ayudara a volver antes y así poder llegar hoy, además de que como accionista de esta cadena de hoteles, colaboró a que el gerente me diera todas las facilidades para esto.
- Vaya, tendré que agradecerle a la esposa de tu cliente.
- Eh, bueno digamos que no es ella, es más bien él.
- Oh ya entiendo.
- Por cierto uno de los vestidos lo mandan ellos como presente para Mi Helena.
- ¿Trajiste esos vestidos desde Italia?
- Sí, porque si mal no recuerdo tus diseñadores favoritos son Italianos y bueno aproveche el viaje y los contactos de la pareja de mi cliente.
- No, te creo.
- Digamos que tienes exclusivos diseños Armani, Valentino y Versace.
- Ahora me siento un poco mal por cenar en estas ropas.
- No te preocupes ya te llevaré a una cena digna de esos diseños.
- Gracias Sr. Duart, esta noche sí que se ha lúcido.
- Todo sea por su felicidad, Srita. Lascurain. – Helena le dedicó a Pablo esa sonrisa que lo hacía ponerse de rodillas, amaba su sonrisa más que nada en el mundo.

Terminaron de cenar y Pablo le acercó un pequeño pastel con una velita encendida.

- Pide un deseo – le dijo.
- Está bien – y ella sopló a la vela.
- ¿Qué pediste?
- Si, te lo digo no se hará realidad.
- Bueno, que remedio.
- Ven – y Helena tomó a Pablo de la mano y lo guió al sillón donde estaba su guitarra – falta la otra parte de mi regalo.
- ¿Mi música?
- Obvio – ella se recostó en el sillón más largo y él se sentó en el sillón de enfrente.
- Quisiera cantarte, una canción que te enamore de mi
Te diga qué siento, te diga quién soy
Y cuánto te haré feliz

Que fueran las caricias, que yo quisiera darte
Que fueran las palabras, que no me animo a decirte
Que más o menos sonarían así

No existe nada que me dé
ni la mitad de todo lo que tú me das
Cuando descubres mi mirada
No cambiaria ni loco tu sonrisa,
Por todo el mundo
Por nada de nada

Que ya eres todo, todo lo que quiero yo
y todo lo que pido a Dios
Te esperaría aquí con paciencia
No cambiaría un minuto tu presencia,
Por todo el mundo
Por nada de nada

Quisiera cantarte, una canción que fuera sólo de ti
Que con las palabras, de los demás, no se pueda confundir
Quisiera que te hiciera, volar alto en el cielo
Para que desde allí vieras qué pequeño se hace el mundo
Si solo estamos juntos, tú y yo

No existe nada que me dé
ni la mitad de todo lo que tú me das
Cuando descubro tu mirada
No cambiaría ni loco tu sonrisa,
Por todo el mundo
Por nada de nada

Que ya eres todo, todo lo que quiero yo
y todo lo que pido a Dios
Te esperaría aquí con paciencia
No cambiaría un minuto tu presencia,
Por todo el mundo
Por nada de nada 


- ¡Bravo! – decía Helena entre aplausos.
- Gracias, gracias – él se levantó, dejó su guitarra y buscó los labios de Helena. Cuando su beso terminó, se sentó a su lado y la acunó en sus brazos.
- Pablo… tengo que confesarte algo.
- ¿Qué pasa? – la preocupación se hizo presente en la voz de Pablo.
- Es que me siento mal por haberte dicho que no tendría tiempo para estar contigo. La verdad es que cuando Antoine me dijo que tenía que venir lo único que deseaba era que viajaras conmigo pero no quería que cancelaras tu viaje y tus clientes se pudieran ofender. ¿Me perdonas?
- Helena, no necesito disculparte nada. Pero sabes que tú puedes pedirme lo que quieras, no te sientas mal, mi principal prioridad eres tú. Yo habría arreglado algo para que mi trabajo no se viera afectado.
- Ves, es que me consientes tanto.
- Ya te lo dije una vez, y te lo vuelvo a repetir: Seré tu fuerza cuando ya no puedas más, seré tu refugio cuando te quieras esconder, seré el oxígeno que necesites si ya no puedes respirar, toma de mi lo que quieras que solo vivo para ti, mi Helena. – Pablo dijo con estas palabras con una devoción aún mayor que cuando las pronunció por primera vez. Para Helena el recuerdo de aquella vez en que escuchó esa frase, era oscuro y tenía mucho dolor, pero en este momento la situación era tan distinta, que aquel dolor quedó olvidado.
- Te Amo, Pablo. Te amo tanto que no sé como mi cuerpo lo resiste.
- Yo te amo, más que a mi propia vida. Ven acá. – Se fundieron en un abrazo, en el que Helena se sentía tan segura, protegida y cómoda que poco a poco se fue quedando dormida.

Al otro día Helena despertó en la cama, rodeada de pétalos de rosas y en los brazos de Pablo. Aún era muy temprano y en esos instantes de silencio, se quedó observando a Pablo, que dormía profundamente.

- Te amo tanto – dijo en el tono de voz más bajo que pudo lograr. Con su dedo recorrió el perfil de su cara, sus labios, su mandíbula. No pudo resistir más y lo besó suavemente. Al hacerlo sintió cómo las manos de Pablo se tensaban alrededor de su cintura.
- Mmm – estaba demasiado dormido para articular alguna palabra.
- Ups – Helena, sentía como él la obligaba a estar más cerca de él, y se acorrucó de nuevo en su pecho. Oía su corazón y sentía su respiración. Pronto se volvió a quedar dormida.
- Mi Helena, eres tan hermosa - susurró Pablo cuando despertó después de unas horas. Amaba el olor sus cabellos sobre su pecho y la sensación de sentirla segura en sus brazos. Con sus manos frotó sus brazos y le gustaba la sensación al tocar la suave piel de Helena. Recorrió con sus dedos, su brazo, su hombro, su cuello, al llegar a sus labios, ella los besó.
- Hola – dijo aún con voz somnolienta.
- Perdón, no quería despertarte.
- No te preocupes, si dormía más tiempo se he iba a hacer tarde.
- Es cierto, por un momento olvide porque estás aquí.
- Lo sé y no tengo fuerza para liberarme de tus brazos, pero de verdad que tengo que arreglarme ya.
- Qué remedio – Pablo dejo de hacer fuerza en su abrazo y ella se levantó para bañarse.

Cuando estuvieron listos, se marcharon al centro de convenciones donde se realizaba el encuentro. Helena se dispuso a entregar el material de su exposición y Pablo la veía de lejos. Él la observaba con verdadera admiración, era increíble ver como se desenvolvía tan profesional y elegante a la vez.

Pronto Helena tuvo que entrar a la sala de conferencias y dar inicio a su exposición.

- Disculpe, gusta venir conmigo – le dijo a Pablo una de las organizadoras.
- ¿Pasa algo?
- Supongo que quiere ver a la expositora haciendo su trabajo – respondió.
- Bueno si, pero como no soy miembro.
- No se preocupe, sígame.
- Gracias. – La encargada llevó a Pablo por la puerta exclusiva para organizadores y le señaló un lugar.
- Desde aquí podrá ver bien a la expositora.
- Muchas Gracias.
- No hay problema.

La mujer salió y Pablo se quedó oyendo a Helena. Se veía realmente hermosa y profesional, dominaba a la perfección su tema y tenía al público atento.

- Muchas Gracias – dijo Helena cuando terminó su exposición.

La hora de un receso había llegado y todos los asistentes salieron del salón principal, Pablo hizo lo mismo pues suponía que vería a Helena afuera.

Cuando salió, muchas mujeres lo miraban y algunas más le sonreían descaradamente. Él las vio pero ninguna llamó su atención, nadie como la mujer que estaba del otro lado del pasillo. Las miradas lo siguieron hasta que se encontraron con Helena.

- Has estado maravillosa – le dijo al tomarla de la mano.
- ¿Me has visto? – preguntó ella un poco inquieta
- Si, ¿te molesta?
- No, pero me da un poco de pena.
- ¿Por qué?
- Porque no me gustaría decepcionarte.
- Ese definitivamente no es el caso.
- Me alegro.
- ¿Y ahora qué sigue?
- Nada, he terminado y la clausura será hasta la noche, en la cena de gala, así que podemos irnos.
- Genial.

Las mujeres sentían envidia de Helena, cuando veían a aquel hombre tan atractivo que la miraba con total adoración.

Ellos salieron y se fueron a pasear por aquellos lugares que alguna vez Pablo en su adolescencia, deseó mostrarle a Helena. Ella no podía estar más feliz, había cumplido con sus objetivos en el congreso y tenía a su lado al ser que más amaba en el universo.

En la noche para la cena de gala, Helena usó uno de los vestidos que Pablo le había obsequiado.

- ¿Qué tal? - le preguntó a Pablo que la esperaba en la sala.
- Por Dios, estas impresionantemente hermosa.
- Gracias, tú también estás guapísimo.
- ¿Entonces por qué pones esa cara?
- Porque todas las mujeres te miraran como lo hicieron hoy en la mañana o peor.
- Ellas podrán mirarme, pero yo solo te miro a ti.
- Más le vale Sr. Duart, usted solo tiene una dueña que no piensa compartirlo con NADIE
- Me agrada oír eso. Srita. Lascurain.

Salieron del hotel y en la cena, como siempre Helena fue el centro de atención y Pablo a su lado hacía suspirar a más de una.
______________________________________________
Recomendación musical: Nada de Nada - Marco di Mauro

miércoles, 13 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 55

Un chofer de la empresa se encargó de ir a dejar a Pablo y a Helena a ese aeropuerto que les traía tan malos recuerdos.

- Entonces te veo una semana – dijo Pablo aún con tono triste.
- Si, no se te olvide decirme en que vuelo llegas.
- No, claro que no. Quiero que tu cara sea lo primero que vea al llegar.
- Está bien. Cuídate mucho Pablo y disfruta la Toscana por mí.
- Te prometo cuidarme pero sin ti no creo disfrutar nada.
- Pablo…
- Vale está bien, pero algún día iremos juntos, ya verás.
- Lo sé.
- Te amo – le dijo ella cuando la abrazó
- Yo a ti más – dijo antes de besarla para que no lo refutara.

Se despidieron con una tristeza y nostalgia evidente, sin embargo sabían que se verían pronto, esta despedida solo era por pocos días.

Helena llegó a Buenos Aires y el personal encargado la llevó al hotel donde se hospedaría. Lo primero que hizo al llegar fue enviarle un mail a Pablo que debería estar en el avión hacía Roma.
“Pablo. Acabo de llegar a Buenos Aires y ya estoy en el hotel, mañana me iré muy temprano a la inauguración del Encuentro y ya tengo nervios por la presentación. Avísame en cuanto llegues. Te amo. Tu Helena.”

Cuando Helena se preparaba para dormir buscó sus cosas en la maleta y encontró al lado de su ropa de dormir, una nota de Pablo. “Por si no puedes dormir. Te Amo” la nota estaba pegada a una bolsa que dentro traía una de las camisas favoritas de Pablo, esa que Helena adoraba. La camisa aún tenía su olor, Pablo había recordado que esta era la única forma que ella podía dormir cuando estaba nerviosa. A Helena le encantó el detalle.

Pablo llegó a Roma y de ahí un transporte lo llevó hasta la Toscana, en donde ya lo esperaban los inversionistas. En cuanto llegó a la villa donde se hospedaría, abrió su computadora y vio el mensaje de Helena. Sabía que por la diferencia de horario ella no le respondería un instantáneo así que decidió enviarle otro mail en respuesta.

“Mi Helena, te extraño demasiado. Espero todo resulte de maravilla en el Encuentro, se que darás lo mejor de ti. Acabo de llegar a la Toscana y está espectacular, me muero de ganas de mostrártela algún día. Te AMO. Pablo.”

Al día siguiente comenzó el Encuentro de UN, en el que Helena fue presentada como una de las principales expositoras, lo que la puso aún más nerviosa pues las miradas de gente muy importante estaban sobre ella y no podía decepcionar a Antoine, quien le había dado una gran responsabilidad. Su exposición abarcaría una hora de los últimos 2 días del encuentro, pero era necesaria su presencia desde el inicio ya que representaba a UN en su división México.

Pablo por su parte recibía las mejores atenciones de los anfitriones de la villa, y las pláticas para la firma del contrato iban cada vez mejor, sin embargo, no dejaba de extrañar a Helena.

El día de la presentación y del cumpleaños de Helena había llegado y a pesar de que estaba realmente nerviosa, logró salir adelante y todos los asistentes quedaron impresionados con su talento y la claridad de sus palabras.

- Srita. Lascurain, permítame felicitarla ha sido una presentación excelente.
- Gracias Mr. Jacobson – respondió Helena a uno de los representantes más importantes de UN en Argentina.
 - Antoine, supo elegir a una sustituta digna de representarlo.
 - Agradezco mucho sus comentarios – Helena estaba satisfecha pero sabía que al otro día tendría que superarse a ella misma, para seguir contando con el beneplácito de sus superiores y público asistente.
 - Bien, será mejor que la deje. La veré mañana.
 - Hasta mañana.

Detrás de Mr. Jacobson había otras personas que también querían felicitar a Helena, no solamente su exposición les había gustado, sino que su gran belleza los había deslumbrado por completo y algunos morían de ganas de robarle al menos un segundo de su atención.

Cuando regresó al hotel, revisó su cuenta de correo y encontró felicitaciones por su cumpleaños de muchas personas que conocía, y de su familia. Pero la única felicitación que anhelaba ver era la de Pablo, que había mandado un vídeo.

- ¡Feliz Cumpleaños!... Te amo tanto MI HELENA – él estaba sentado en una especie de terraza que daba una panorámica hermosa de gran parte de la campiña. Era de día y se veía un cielo estupendo, azul y brillante. – Celebro este día tan maravilloso en el que al nacer trajiste la luz a mi vida. Tu existencia en este mundo es lo que me hace respirar cada día, a tu lado vivir es más sencillo que respirar. Agradezco a los cielos por todo lo que me has dado y por permitirme ser el dueño de tu corazón.

- Te amo, Pablo – decía ella a la pantalla de su computadora. Él movió la cámara para que pudiera ver como era el lugar donde estaba y le dio un pequeño paseo. El video cortó y Helena se sintió menos sola en el día de su cumpleaños.

En la tarde decidió dar un paseo por las tiendas que estaban en los alrededores del hotel. Cuando regresó, el gerente la interceptó a mitad del camino.

- Srita. Lascurain, Buenas Noches. Soy Fabián Cabrera, gerente del hotel.
 - Buenas noches. ¿Pasa algo?
 - Srita., estamos muy apenados pero en su ausencia hubo un problema con su habitación.
 - ¿Qué pasó?
 - Hubo una fuga de agua y la habitación se vio seriamente dañada. Por lo que necesitamos cambiarla de área.
 - No hay problema. Iré por mis cosas.
 - Ese es otro punto por el que me necesito disculpar.
 - ¿Por qué?
 - La fuga avanzó demasiado y al dejar su maleta en el piso, algunas de sus pertenencias sufrieron algunos daños.
 - No lo puedo creer.
 - Lo sentimos mucho de verdad. Necesitamos que nos autorice a proceder al secado de sus prendas.
 - Si, está bien.
 - Como disculpa el hotel le ofrece su cambio a una de las mejores suites disponibles además de una cena preparada por nuestro exclusivo chef.
 - Gracias.
 - La llevaré a su suite y le haré entrega de las cosas que se rescataron de su antigua habitación. Disculpe el atrevimiento pero era necesario antes de que hubiera más daños.
 - No hay problema.
 

Helena estaba que no lo podía creer, la mayoría de su ropa se había mojado y principalmente la camisa de Pablo.

- Vaya cumpleaños – pensó.

Cuando llegaron, el gerente tuvo que atender otros asuntos y la dejó esperando en la sala de la suite, pues la habitación estaba siendo arreglada por la mucama. Helena estaba exhausta, no podía ni entrar a su recámara y mucho menos cambiarse por lo que pidió que le subieran la cena a la habitación.

martes, 12 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 54

Enero se muy rápido para todos, en especial para Renata y Alfredo que habían viajado a Ginebra. 

- ¿Helena? – dijo la voz que estaba del otro lado del teléfono. 
- Hola, Ren. ¿Cuándo llegaron? 
- Ayer en la noche. 
- Espero que hayan tenido un buen viaje. 
- Lo tuvimos, y tengo mucho que contarte. ¿Vas a comer con Pablo? 
- No, tiene una junta con unos inversionistas y va a atenderlos todo el día. 
- Perfecto. ¿Te parece si te invito a comer? 
- Claro, te veo a las 3 en donde siempre. 
- Ahí te veo entonces. 
- Adiós. 

La hora de la cita llegó y las dos amigas fueron muy puntuales ya que se encontraron en la entrada del restaurante. La hostess las llevó a su mesa y les entregó la carta. 

- Y ¿cómo les fue? 
- Bien. 
- ¿Lograron encontrar la casa? 
- Si, finalmente Alfredo se dio cuenta que yo tenía razón y aceptó que mis padres nos regalaran la casa. 
- Ren ¿qué tienes? – preguntó a Helena al notar que su amiga estaba muy seria, Renata jamás era así. Siempre tenía una sonrisa y daba las noticias casi saltando. 
- Ay Hel, es que cuando estábamos allá, me di cuenta lo mucho que me asusta vivir tan lejos y en un país tan diferente. 
- ¿Te estás arrepintiendo de irte con Fred? 
- No, nunca. Lo amo demasiado, sólo que no puedo evitar tener miedo. Él va a estar tan concentrado en su trabajo y aunque yo disfruto mucho el tiempo que paso pintando pues no lo sé. 
- Es algo difícil al principio pero siempre terminas acostumbrándote. Además tú y tu hermano tienen ese encanto tan especial que hace que las personas los quieran y acepten fácilmente. 
- Lo sé, pero esa gente parece tan extraña. 
- Tranquila, ya verás que cuando los conozcas las cosas serán distintas. Tú sólo dale tiempo al tiempo. 
- Tienes razón. 
- Además si te sientes muy mal, solo basta que me llames y me daré un tiempo para ir a visitarte. 
- ¿Harías eso por mí? 
- Claro. Renata además de ser mi mejor amiga, eres la hermana que nunca tuve y la persona que ayudó a que Pablo y yo nos reencontráramos. Te debo mi felicidad. 
- Helena, te quiero mucho y no tienes idea lo mucho que me alegra que estés con mi hermano y seas de nuevo mi cuñis. 
- Gracias Ren. 

Renata y Helena continuaron hablando del modo de vida en Ginebra y las cosas que Renata tenía que preparar para su nueva casa, además de todos los detalles que faltaban para la boda que sería en casi un mes. 

Cuando Helena regresó a la oficina se encontró con nuevas noticias. 

- Hola, Mariana. 
- Helena, mientras salió llamó Antoine, necesita hablar con usted. 
- Comunícame con él, por favor. 
- Si, Helena. 

Helena pasó a su oficina y esperó que estuviera lista su llamada. 

- Helena, Antoine por la línea 1. 
- Gracias. 
- Helena, ¿cómo estás? 
- Bien, Antoine. ¿A ti cómo te está yendo en Chiapas? 
- Muy bien, la convención está saliendo excelente. 
- Me alegro. Espero que logres que se promuevan más estudios para esas zonas. 
- Yo también lo espero. Y por eso es que necesito tu ayuda. 
- ¿Qué pasa? 
- Necesito que me suplas en el encuentro de Buenos Aires. 
- ¿Yo? 
- Si, Helena. Tú eres mi segunda al mando, yo seguiré ocupado aquí por más tiempo del planeado y no puedo cancelar mi asistencia al encuentro, así que no hay mejor opción que tú. 
- Es un gran honor Antoine, espero no decepcionarte. 
- No lo harás. 
- Gracias. 
- Entonces arregla todos los detalles para que te vayas a Buenos Aires pasado mañana. 
- Está bien. 
- Te dejo que tengo que regresar a la convención. 
- Si. 
- Adiós. 
- Adiós. 

Al colgar Helena recordó que su cumpleaños sería la siguiente semana y ella estaría en Buenos Aires. Su primer cumpleaños al lado de Pablo, después de 10 años y probablemente lo pasaría sin él. O quizá solo por consentirla él se iría con ella. 

- Si, lo invitaré a viajar conmigo a Buenos Aires – se dijo Helena a sí misma, mientras estaba en la oficina y hacía los preparativos para su viaje. 

La noche cayó sobre la ciudad y Pablo pasó por Helena a su departamento para llevarla a cenar. 

- Hola, Pablo – dijo Helena al bajar al lobby del edificio y verlo recargado en el recibidor. 
- Por Dios – Helena se había arreglado un poco más de lo normal para conseguir que Pablo viajara con ella, y esto le había quitado el aliento a Pablo. Ella estaba espectacular. 
- ¿Qué pasa? – dijo fingiendo sorpresa al ver que estaba alcanzando su objetivo. 
- Es que estás guapísima 
- Gracias. ¿Nos vamos? 
- Sí, claro. – Se subieron al auto y se dirigieron al restaurante que habían elegido para esa noche. 
- ¿Y cómo te fue con esos inversionistas? 
- Excelente, no tienes idea. 
- Me alegro. 
- Hel, estamos a punto de cerrar el mejor trato que hemos tenido en años. 
- Todo gracias a ti. 
- Ha sido un trabajo de todos, pero es que es tan motivante ayudar a la empresa. 
- Por la expresión que tienes, me imagino que así es. 
- Y te tengo una sorpresa. 
- ¿Qué es? 
- Espera – dijo Pablo, pues habían llegado al restaurante y el ballet solicitaba el auto. Entraron al restaurante y llevaron a la pareja a la sección en donde habían reservado. 
- Ya, me vas a decir – exigió Helena después de que les tomaran la orden. 
- ¿Recuerdas que los inversionistas son italianos? 
- Sí. 
- Bien, pues me han invitado a pasar unos días en una villa en la Toscana, para festejar la firma del contrato. Y eso sería en la semana de tu cumpleaños, así que pensé que podrías pedir unos días en el trabajo y venir conmigo. ¿Qué dices? 
- Pablo, yo… - Helena estaba sorprendida, ¿por qué las cosas se daban siempre así para los dos? 
- Anda acepta viajar conmigo a la Toscana. 
- Es que no puedo. 
- ¿Por qué? – Pablo estaba atónito, nunca creyó que recibiría una negativa por respuesta. 
- Es que no te he contado pero Antoine me pidió que lo supla en un encuentro de UN que se va a dar en Buenos Aires, en esos días – la decepción en la voz de Helena era más que evidente. 
- Helena… no te pongas triste. 
- Es que… bueno ya no tiene caso. – en ese momento llegó la cena y permanecieron callados hasta que terminaron. 
- ¿Quieres algo más? – le preguntó Pablo. 
- No, está bien. 
- Pediré la cuenta, entonces. 
- Sí, yo voy un momento al tocador. 
- Aquí te espero. – cuando salió Pablo ya la estaba esperando en la entrada y salieron para mandar por el auto que llegó enseguida y Pablo llevó a Helena a su departamento. 
- Te veo arriba – le dijo Helena, después de que permanecieron en silencio todo el camino. 
- Está bien, voy a estacionar el auto. – Pablo también estaba muy decepcionado, pues de verdad se había hecho muchas ilusiones de viajar a Italia con Helena. 

Salió del auto y subió al departamento de Helena. A la que encontró ya cambiada y dispuesta a dormir. 

- Hel… ¿cuándo te vas a ir? – le preguntó cuando se recostó a su lado. 
- Pasado mañana. 
- OH, no creí que fuera tan pronto. 
- Lo sé. 
- ¿Y si cancelo mi viaje y me voy contigo? – está pregunta le gustaba más a Helena de lo que podía admitir, pero cuándo recordó la emoción con la que Pablo le contó sobre sus aportaciones a la empresa de su padre, se sintió culpable por pensar en separarlo de sus obligaciones y sobre todo de la gloria de su esfuerzo. 
- Pablo, no. 
- ¿Por qué? 
- No tendría caso. Probablemente yo esté muy ocupada durante el encuentro y no podría estar contigo – respondió fríamente. 
- Eso es lo de menos, así podría verte el día de tu cumpleaños. 
- No, ya lo repondremos cuando regresemos. ¿Sí? – dijo con falsa alegría. 
- Está bien – respondió él mientras un gran suspiro salía de sus labios. 
- ¿Me abrazas? – preguntó Helena con tono de suplica. 
- Ven acá. MI Helena - y la abrazó muy fuerte contra su cuerpo. 
- Te amo, Pablo. 
- Y yo a ti.  – cuando vio que Helena se quedaba dormida en sus brazos, dijo por lo bajo -  Mi vida entera se va contigo

Al otro día se fueron muy temprano a sus respectivos trabajos y prepararon las cosas para sus viajes. Pablo se iría a Italia, dos horas después de que Helena se fuera a Buenos Aires.
__________________________________________________
La recomendación musical: Remolino - Francisco Céspedes 

lunes, 11 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 53

Las festividades navideñas llegaron en un abrir y cerrar de ojos. Faltando dos días para Navidad, Álvaro llegó a México después de 10 años. 

- Papito – gritó Helena en el Aeropuerto. 
- Helena, hija – dijo Álvaro al encontrarse con el abrazo de su adorada hija. 
- Te extrañe mucho, me alegra tanto que estés aquí. 
- Yo también te extrañe, nenita. 
- Vamos por tu equipaje, ven – decía ella mientras jalaba a su padre como cuando era una niña. Cuando Álvaro recogió sus maletas, se fueron al estacionamiento donde estaba el auto de Helena. 
- Hija, antes de irnos a la finca, quisiera que me llevarás a visitar las cenizas de tu madre. 
- Está bien. – Helena y su padre llegaron al mausoleo donde descansaban las cenizas de Carolina. 
- Veo que te has encargado de traerle flores – dijo Álvaro después de unos minutos de silencio en donde sus lágrimas corrieron de nuevo. Su hija vio con dolor como a pesar de los años, él seguía extrañando a su madre. 
- Desde que regresé la he venido a ver cada semana, pero cuando vine la primera vez, también tenía flores y todo estaba muy bien cuidado. Sé que el personal debe ocuparse del mantenimiento pero esto va más allá. 
- Ya veo. – en ese momento un empleado del mausoleo pasó por donde estaban Helena y Álvaro. 
- Disculpe que me entrometa, pero fue el Sr. Duart. 
- ¿Sr. Duart? – preguntó Álvaro, pensando en su amigo Miguel. 
- Si, el señor Pablo Duart, es quien se ha encargado de pagarle a una persona para el mantenimiento del lugar y para que cada semana se le cambien las flores a la difunta. 
- Pablo… - dijo Helena sorprendida del hermoso gesto que tuvo para con su madre. 
- Gracias – respondió Álvaro, sorprendido y a la vez enternecido por lo que acaba de oír. 
- De nada, con permiso. – y el empleado se alejó de ellos. 
- ¿Nos vamos? – preguntó Helena 
- Claro – Salieron del lugar e iniciaron el viaje a la finca donde ya todos los Duart, los esperaban. 
- Creí que Pablo vendría contigo a recogerme – dijo Álvaro después de que Helena le contó sobre su trabajo en México. 
- Solo quiso darnos algo de tiempo de padre e hija. No quería importunar. 
- No creo que a ti te hubiera molestado eso. 
- No, pero posiblemente a ti sí. 
- Es por lo que te dije de que se tomaran las cosas con calma, ¿verdad? 
- Si. 
- Hija, lo único que quiero es que seas feliz, y me alegra mucho saber que lo eres al lado de Pablo. Mi aprecio por ese muchacho no ha disminuido, solo quería que estuvieras sabedora de lo que podría pasar por hacer las cosas tan deprisa. 
- Gracias, papá y hemos hecho caso a tu consejo, solo la familia de Pablo sabe que estamos juntos, los demás piensan que apenas estamos saliendo. 
- Está bien. Aunque si Pablo y tú tienen la misma expresión en el rostro, dudo mucho que las personas se traguen esa historia. – dijo Álvaro más animado, y con una gran sonrisa en el rostro 
- Contra eso ya no puedo hacer nada. – bromeó Helena. 

Cuando llegaron a la finca ya toda la familia los esperaba en la entrada. 

- ¡Álvaro! - saludó Miguel con alegría al amigo que tenía más de un año que no veía. Los dos amigos se dieron un fuerte abrazo. 
- Miguel, Magdis que gusto es verlos de nuevo. 
- Es un gusto para nosotros el que por fin te hayas decidido a venir. Y creo que todo se lo debemos a mi encantadora ahijada – dijo Magdis. 
- Definitivamente, además extrañaba tanto la finca. 
- Y eso que no has visto lo bonita que ha puesto desde la última vez. – agregó Miguel. 
- Bueno sigamos la plática adentro papá, que si no lo único que verá Álvaro será la entrada. – señaló Renata. 
- Tienes razón, princesa. 
- Hola, Ren, que gusto volver a verte a ti también. 
- Gracias, Álvaro yo se lo difícil que puede ser estar sin mi grata presencia. – decía entre risas Renata, mientras caminaban al interior de la finca. 
- Hola Álvaro – dijo Pablo un tanto nervioso por la presencia del padre de Helena. Habían pasado 10 años que no lo veía y su presencia ahora se imponía mucho más. Su cara era la misma pero sus ojos ya demostraban la sabiduría que solo se obtiene al paso de los años. 
- Muchacho, ven acá – Pablo y Álvaro se dieron también un abrazo muy fuerte – gracias por devolverle la luz a los ojos de mi nenita. 
- No hay nada que agradecer, tu hija es lo más importante en mi vida y solo quiero hacerla feliz. 
- Gracias, hijo. 

Una vez en el interior de la finca, todos se concentraron en el jardín donde se había preparado todo un buffet con platillos mexicanos que recordaban eran los favoritos de Álvaro. La plática se concentró por completo en él y su larga ausencia de México. Mientras que él no podía evitar ver a Helena y a Pablo que irradiaban felicidad. 

La comida se extendió toda la tarde y parte de la noche en donde Toña se lució con otro platillo que también era el favorito de Álvaro. 

A media noche todos se retiraron a sus habitaciones, excepto Helena y Pablo que se quedaron platicando en la sala de la finca. 

- ¿Estás muy feliz, verdad? – le susurró Pablo al oído cuando tenía a Helena acunada en sus brazos mientras los dos estaban en el sillón de la sala. 
- Si, ¿se nota mucho? 
- Es muy evidente. 
- Ay Pablo, es que me alegra tanto que mi padre este aquí conmigo de nuevo y tú a mi lado, es como un sueño. 
- No es ningún sueño – dijo mientras la besaba tiernamente en la mejilla. 
- Es que todo ha vuelto a ser como antes… bueno solo falta una cosa – en la voz de Helena se notó un haz la tristeza. 
- ¿Carolina? 
- Sí, creo que nunca voy a dejar de necesitarla. Y mi padre tampoco, hoy lo vi llorar de la misma forma que cuando murió mi madre. 
- ¿Fueron a verla? 
- Sí, y por cierto muchas gracias por preocuparte porque mi madre tuviera flores. 
- No es nada. Aún recuerdo cómo le gustaba a tu madre su jardín y las flores, por eso lo hice. 
- Eres increíble, siento que no te merezco. 
- Oye, oye, nadie me merece más que tú. 
- Te amo demasiado. 
- Y yo a ti, ven – dijo atrayendo su cara para besarla. 

Los demás días estuvieron llenos de alegría en la finca, Álvaro disfrutaba de la compañía de sus antiguos amigos y además de ver a su hija tan feliz. Las festividades se pasaron muy rápido y dos semanas después todos tuvieron que regresar a sus ocupaciones en la ciudad, al igual que Álvaro que tuvo que regresar a su trabajo en New York, no sin antes prometer que regresaría para la boda de Renata y Alfredo.
_______________________________________________________________
Recomendación: Nube Viajera - Alejandro Fernandez