viernes, 22 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 64

Los días seguían pasando y Helena seguía amando los momentos que pasaba al lado de Pablo, pues eran los más felices de su día. El trabajo muchas veces requería que pasaran muchas horas separados pero en cuanto tenían un momento no dudaban en salir juntos o simplemente pasar la tarde platicando y ella adoraba ver a Pablo tocar la guitarra, como cuando eran adolescentes. 

Pronto llegó febrero y por tanto el cumpleaños de Helena. Pablo quería prepararle algo especial, pero ese día la empresa recibiría un reconocimiento por parte del comité de empresarios del país y era obligatoria su asistencia en una cena de gala, incluso se había invitado a toda la familia Duart. A Helena no le importó, incluso le gustó más la idea de asistir a la cena pues amaba ver a Pablo comportándose como el gran heredero que era. 

- ¿Helena? 
- Hola, Pablo, ya casi estoy lista ¿Ya vienes? 
- De eso quería hablar contigo. 
- ¿Qué pasa? 
- No voy a poder llegar, acabo de salir de una reunión y apenas me va a dar tiempo de cambiarme. 
- No te preocupes me voy en mi auto. 
- No, no es necesario ya mandé por ti. No quiero que manejes esta noche. 
- Está bien. 
- El auto estará ahí a la hora que quede contigo. 
- Gracias. 
- Nos vemos en un rato. Te amo 
- Y yo a ti. 

Helena había decidió ponerse el vestido Versace, que hacía un año le había regalo Pablo en Buenos Aires. El vestido era un poco atrevido, pero no podía negar que se le veía excelente y el color hacía resaltar sus ojos. El estilista le hizo un peinado que mantenía todo su cabello sujeto y permitía ver lo estilizada de su figura y su cuello. Helena parecía una modelo, una mujer tan hermosa que le hacía honor a su nombre. 

El auto que mandó Pablo llegó a la hora exacta. Helena desconocía el lugar donde sería la cena pero el lugar a donde la había llevado el chofer no parecía nada el centro de convenciones donde sería la cena. Más bien parecía una bodega, y la calle estaba muy sola. 

- El señor Duart, la espera dentro. – le dijo el chofer cuando le abrió la puerta. 
- ¿Ahí? – y Helena señaló una puerta pequeña que había enfrente, iluminada con un foco. 
- Sí 
- Está bien – ella avanzó y al llegar a la puerta se dio cuenta que estaba abierta. Entró y una luz muy tenue iluminaba otra puerta más. Siguió caminando y cuando llegó a la siguiente puerta que también estaba abierta. 
- ¿Pablo? – preguntó con cierto temor. No sabía que esperar. 
- Hola – al decir esto, se iluminó la zona donde estaba Pablo, vestido de smoking negro y muy formal. Tenía su guitarra en las manos y estaba sentado en un banco. Empezó a tocar los acordes de una canción 
- Quizá te puedas preguntar
qué le hace falta a esta noche blanca,
a nuestras vidas que ya han vivido tanto,
que han visto mil colores de sábanas de seda.
Y cuando llueve te gusta caminar,
vas abrazándome, sin prisa, aunque te mojes.
Amor mío, lo nuestro es como es,
es toda una aventura, no le hace falta nada. 
- Y estoy aquí, tan enamorado de tí,
que la noche dura un poco más,
el grito de una ciudad que ve nuestras caras, la humedad.
Y te haré compañía más allá de la vida,
yo te juro que arriba te amaré más. 
Tan enamorados que así la noche dura un poco más 
- La mañana nos traerá un canto nuevo de pájaros alegres...
amor mio, así es la vida juntos: dos locos de repente
sonriéndole a la gente que nos ve pasar...
Tan enamorados que así la noche dura un poco más 
- Viajar a tu lado en el tren, un sueño difícil de creer...
Poco a poco el abrazo, boca a boca, despacio.
Aliento y suspiros tibios, anochecer...contigo... – al terminar el interior del recinto se iluminó por completo y Helena se dio cuenta que estaba en el interior de una joyería y los anaqueles de exhibición los rodeaban. 
- ¿Qué es todo esto? – Pablo se levantó y caminó a donde estaba Helena, se arrodilló, le tomó la mano, la vio directamente a esos ojos que lo hacían temblar – Oh por Dios. 
- Helena, eres la mujer de mi vida, la única que hace que mi corazón continúe latiendo cada día y desde que regresaste a mí, he sido el hombre más feliz del universo. Tú iluminas cualquier sendero oscuro con una simple sonrisa y haces que mi mundo se ponga de cabeza en un abrir y cerrar de ojos. Podrán pasar mil años y sé que incluso en la eternidad te seguiré amando. Sé que mi amor es muy poco a comparación de todo lo que tú me das, pero he descubierto que mi vida solo cobra sentido a tu lado. HELENA LASCURAIN BRIZ, ¿Aceptas casarte conmigo y hacerme feliz por el resto de la eternidad? – ella estaba anonadada, nunca creyó que todo ese misterio se debiera a esa gran sorpresa. Sin tardar más, ella le dio su respuesta. 
- Sí, mil veces sí. – Dijo con una gran sonrisa en el rostro. Pablo tenía en su mano un anillo hermoso, eran dos delgadas líneas de oro blanco que se entrelazaban en el centro que estaba adornado por un zafiro. Se lo colocó sin problema, pues sabía desde hace mucho tiempo la medida exacta de su dedo. 
- Te amo, Helena, mi Helena. Te juró que dedicaré cada día de mi existencia a hacerte feliz. 
- Te amo, Pablo, siempre te voy a amar – Helena y Pablo se dieron un beso y un abrazo que solo confirmaba la felicidad que tenían por dentro. 
- Ven – Pablo llevó a Helena a uno de los mostradores y la encargada de la tienda le dio una caja negra. 
- Es maravilloso – dijo al ver el brazalete que había en la caja. 
- Feliz Cumpleaños – y Pablo le extendió la caja a sus manos – espero que te guste 
- Me encanta, pero es demasiado, creí que mi regalo había sido esa bella proposición. 
- Eso ha sido más bien un regalo para mí, pero tú necesitas algo por tu cumpleaños, por favor no lo rechaces. 
- Gracias. 
- Bueno es hora de que nos vayamos, que se nos puede hacer tarde. – y salieron de la joyería. 
- ¿Puede? 
- Si, te di una hora adelantada para que llegáramos a tiempo. 
- Así que todo eso de la junta fue mentira 
- ¿Valió la pena no crees? 
- Ha sido la mejor mentira que me has dicho. 

En la radio del auto se oía una canción que Pablo, le canto al oído a Helena. 

- En palabras simples y comunes yo te extraño
En lenguaje terrenal mi vida eres tú
En total simplicidad sería yo te amo
Y en un trozo de poesía tú serás mi luz, mi bien,
el espacio donde me alimento de tu piel que es bondad
La fuerza que me mueve dentro para recomenzar
y en tu cuerpo encontrar la paz 
- Si la vida me permite al lado tuyo
crecerán mis ilusiones no lo dudo,
Y si la vida la perdiera en un instante
que me llene de ti
Para amar después de amarte, vida 
- No tengas miedos ni dudas, (que este amor es demasiado bueno)
que tú serás mi mujer (yo te pertenezco todo, entero)
Mira mi pecho, lo dejo abierto
Para que vivas en él 
- Para tu tranquilidad me tienes en tus manos
Para mi debilidad, la única eres tú
Al final tan solo sé que siempre te he esperado
Y que llegas a mi vida y tú me das la luz, el bien
ese mundo donde tus palabras hacen su voluntad
La magia de este sentimiento que es tan fuerte y total
Y tus ojos que son mi paz. 

- Gracias. 
- Me hubiera encantado escribir esa canción y que solo fuera para ti. 
- Con las que me has escrito es más que suficiente. 
- Te escribiré más, muchas más. Por cierto – dijo después de un momento – no te he dicho lo hermosa que te ves en ese vestido. 
- Gracias, fue un regalo que recibí y que había reservado para una noche especial. 
- Que buen gusto tiene el que te lo regaló. 
- Yo digo lo mismo - dijo Helena entre risas. 

Helena no soporto mas la ganas de besar a Pablo, lo hizo lentamente, al principio pero pronto su beso subió de intensidad, tuvieron que recordarse no estaban solos, pues el chofer estaba manejando. 

Al llegar al salón de eventos, los padres de Pablo ya estaba en la mesa con la familia de Guillo, solo faltaban ellos. La empresa de la familia Duart se había destacado por mantenerse durante la recesión y sobre todo por expandirse cada vez más. Fue Miguel quien aceptó el premio y con esa distracción nadie se dio cuenta del anillo que portaba Helena en su dedo. 

- ¿Cuándo les diremos a todos? – preguntó Helena cuando iban para su departamento. 
- Mañana sería una buena idea. Entre más pronto sepan, más rápido podremos iniciar los preparativos. 
- Cuanta urgencia – rió Helena 
- Muero de ganas porque todos se enteren de que eres mía y de nadie más. 
- Está bien, entonces mañana hablaré con mi padre. 
- Tengo una mejor idea. 
- ¿Cuál? 
Pablo le contó a Helena sus planes. Llegaron al departamento y aunque estaban cansados, la alegría de saber que pronto estarían unidos para siempre, los motivo a pasar una de sus mejores noches juntos. Pablo tomó la guitarra que había dejado en casa de Helena y cuando logró que ella se sentara en el sillón, le dedicó una nueva canción. 

- Yo te propongo
que nos amemos, nos entreguemos
y en el momento
que el tiempo afuera
no corra mas...
Yo te propongo
darte mi cuerpo despues de amar
y mucho abrigo
y mas que todo
despues de todo
brindarte a ti mi paz
Yo te propongo
de madrugada, si estas cansada
darte mis brazos y en un abrazo
hacerte a ti dormir.
Yo te propongo
no hablar de nada
seguir muy juntos la misma senda
y continuar, despues de amar
al amanecer,
al amanecer
Yo te propongo
darte mi cuerpo despues de amar
y mucho abrigo
y mas que todo
despues de todo
brindarte a ti mi paz
Yo te propongo
no hablar de nada
seguir muy juntos la misma senda
y continuar, despues de amar
al amanecer,

al amanecer,
al amanecer
yo te propongo...
Después de cantar se levantó y caminó hacía Helena, seguía muriendo en deseo por ella y con ese vestido, sus sentidos despertaron más. Helena también deseaba estar con él y sentirse suya siempre. 

- Mía – le decía Pablo a Helena mientras le quitaba delicadamente el vestido a Helena. 
- Siempre – respondió ella. Él seguía siendo tan tierno con ella como la primera vez, pero su experiencia demostraba que los años habían pasado. Cuando estaban juntos, el resto del mundo importaba muy poco, solo existían ellos convertidos en una misma alma. 
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Tan Enamorados - Ricardo Montaner
Yo te Amo - Chayanne
Yo te Propongo - Roberto Carlos
Queridas Lectoras, hay 2 ANUNCIOS IMPORTANTES que hacer: 
- El PRIMERO es en la sección de los gadgets les agregué algunas fotos de Helena, que es la mujer que con su evidente belleza inspiró un poco de esta historia. 
- El SEGUNDO es que con este capítulo que la historia esta por llegar a su fin, como verán no hay más que falte por resolver. Y a decir verdad me excedí al seguir escribiendo pues la historia debió terminar hace algunos capítulos.  
Gracias por seguir la historia y espero sus comentarios. Muchas gracias también a las lectoras que nos visitan desde el FictionPress.

jueves, 21 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 63

Pasaron todo el fin de semana felices, pero pronto llegó el lunes y también llegó Oliver. Helena quedó de verlo para comer juntos y Pablo llegaría media hora después. 

- ¡Hermosa! – A Oliver se le iluminaron los ojos al ver a Helena tan bonita y con ese brillo que la acompañaba desde que regresó con Pablo. 
- Oli - los dos amigos se abrazaron y luego se sentaron a platicar. Mientras bebían un poco de vino - ¿Cómo estás? 
- Excelente, me alegra tanto verte de nuevo. 
- A mí también, como no te das una idea. 
- Gracias por aceptar verme. 
- Es lo menos que podría hacer, Oliver debes saber que nunca ha sido mi intención lastimarte. 
- Olvídalo, por favor. 
- Pero… 
- Por favor, mejor dime ¿sigues con él? 
- Sí 
- ¿Y te hace feliz? 
- Mucho 
- Me alegra. Sólo quiero que seas feliz aunque no sea conmigo. 
- Gracias Oliver. Sé que pronto encontrarás a alguien que te merezca de verdad – le tomó la mano que tenía en forma de apoyo 
- Eso espero. – Helena vio que Pablo había llegado al restaurante, así que rogó para que Oliver quisiera conocerlo. 
- Oli, me gustaría que conocieras a Pablo. ¿Aceptarías conocerlo ahora? 
- Supongo que sí. 
- Espera entonces – Pablo vio cómo Helena tenía su mano sobre la de un hombre que estaba de espalda, y sintió la sombra de los celos. En cuanto Helena levantó la mirada se levantó y corrió a su encuentro con una gran sonrisa. Amaba que hiciera eso. Lo besó en forma de saludo y lo guió hasta la mesa. 
- Oliver Ellsworth, él es Pablo Duart 
- Hola Pablo 
- Mucho gusto Oliver 
- Debo felicitarte porque tienes a tu lado a alguien muy especial. 
- Lo sé, gracias. 
- ¿Les parece si ordenamos? – sugirió Helena. 
- Claro – respondieron los dos. 

La comida transcurrió en una plática sobre el trabajo de Pablo y sobre el nuevo trabajo de Oliver y Helena. Ella vio como los dos hacían un esfuerzo por hablar. Y Pablo se dio cuenta que Helena y Oliver tenían más en común de lo que había imaginado y se sintió un poco mal, pero cuando ella lo veía, olvidaba todo. Podría ser idéntica a Oliver en muchas cosas pero eso no importaba porque era a él a quien amaba. 

Helena recibió una llamada de su trabajo y tuvo que levantarse de la mesa. Así que Oliver aprovechó para hablar con Pablo. 

- Pablo, Helena te ha elegido a ti y ya no puedo hacer mucho ante eso. Por eso te exijo que la hagas feliz. No soportaría ver que sufre a tu lado. 
- No es necesario que me exijas nada, mi principal prioridad es ella. NO hay nada en el mundo que me importe más. 
- Eso espero, porque te recuerdo que ella siempre me tendrá a su lado y ahora que somos de nuevo amigos, no dudaré en aprovechar cualquier error tuyo. 
- No lo habrá. Pierde cuidado. – Las palabras de ambos habían sido claras, y en los dos había cierto tono amenazante. 

Los dos se quedaron callados cuando Helena regresó. Después de la comida pasearon un poco por la ciudad y en la noche dejaron a Oliver en su hotel. 

El mes y medio que duró la estancia de Oliver en México, fue un martirio para Pablo. Helena pasaba la mayor parte de su día ocupada en su trabajo, al lado de Oliver. Pero ella se esforzaba para dedicarle algunas horas por la tarde y una que otra noche. Definitivamente esos eran los mejores momentos para los dos. 

- Te extraño tanto – le dijo Pablo a Helena cuando estaban en el jardín de la casa de Pablo, disfrutando de un poco de vino, música y el aire fresco otoño. 
- Lo sé, perdóname, el trabajo me ha absorbido. Pero esta es la última semana. 
- No veo el momento de tenerte de nuevo para mí. 
- ¿No te vas a aburrir? 
- Nunca, Helena, nunca me aburriría de ti. 
- Eso espero. 
- ¿Y cómo va saliendo todo con el proyecto? 
- Excelente, la comisión quedará encantada. 
- Me alegro. Y… ¿Oliver se irá en cuanto terminen? 
- Sí. El parlamento lo envió exclusivamente a esto y por eso se irá tan rápido. 
- ¿Lo extrañarás? 
- Un poco. Sigues sin tolerarlo mucho, ¿verdad? 
- No te puedo mentir. Él no me agrada, pero a ti sí y nada puedo hacer. 
- Pablo… 
- No me digas nada, por favor. – Le dijo tomándole la cara, para silenciar sus labios con un beso – ¿Te quedas esta noche conmigo? 
- No creo que a Magdis y a Miguel les agrade la idea. 
- Helena, no creo que les importe. 
- Tal vez a ellos no, pero a mí sí. No es lo mismo quedarnos en mi departamento o en la finca, que aquí. 
- Tienes razón, no sabes cómo deseo mudarme. 
- Me encantaría que te mudaras conmigo pero Magdis nunca me perdonaría que te fueras de la casa. Menos ahora que Renata está lejos y Lety en España. 
- Lo sé. ¿Entonces me invitas a tu departamento? 
- Tú no necesitas invitación. 
- Gracias. 
- Te parece si antes de irnos, pasamos a cenar. Ya tengo apetito. 
- Claro, te llevare a cenar a donde quieras. 
- Bueno, vámonos. 

A la siguiente semana, tal y como había predicho Helena, el proyecto de su trabajo con Oliver, quedó terminado y él regresó a Francia. 

Sin darse cuenta la Navidad estaba de nuevo en puerta y para alegría de todos, Renata y Alfredo vendrían desde Ginebra; y Álvaro de New York. Las festividades como todos los años, serían en la finca, y contarían con más invitados pues los hijos de Lety: Gloria y Felipe, vendrían de España, así como Verónica y Guillo que habían sido invitados; y los padres de Alfredo. 

Tuvieron una gran cena de Navidad y cuando pasaron a la sala para convivir en familia, Alfredo y Renata solicitaron la atención de todos. 

- Pues queremos aprovechar que estamos todos reunidos para darles un anuncio. 
- ¿De qué se trata? – preguntó Miguel. 
- Alfredo y Yo estamos esperando un bebé. – Todos estallaron en alegría y abrazos para la pareja de futuros padres. 
- Felicidades, Ren – dijeron Helena y Pablo. 
- Hija, que emoción, Alfredo, muchas Felicidades – agregó Lety que estaba conmovida. 
- Mi princesa, que linda noticia nos has dado. Ven acá – y Miguel le dio un abrazo lleno de emoción y cariño a su amada hija. 
- Hijo, que alegría, tu convertido en padre – dijo Ana a Alfredo 
- Lo sé mamá, no tienes idea lo feliz que me siento. Le voy a dar a mi hijo o hija todo el amor que ustedes me enseñaron a dar. 
- Gracias hijo, sabemos que criar un hijo no es fácil pero ustedes sabrán mostrarle el rumbo – agregó se padre. 
- Vaya Renata, me has hecho abuela – dijo Magdis en tono serio. 
- ¿No te gusta? 
- Por Dios, princesa, la idea me encanta. No sabes lo que deseo, escuchar las risas de un niño en esta finca, sus juegos, todo. Hija es una noticia que me llena de felicidad, ven y déjame darte un abrazo. 
- ¿Y cuánto tiempo tienes de embarazó? – preguntó Verónica 
- 4 meses, el doctor nos dijo que nacerá a principios de Mayo. 
- ¿Y lo tendrás en Ginebra? 
- Pues la idea es esa, porque aunque yo quisiera tenerlo aquí, a Alfredo se le complicaría mucho viajar. 
- Tienes razón, que lástima. 
- Además supongo que sus abuelas podrán irse a dar una vuelta. 
- Claro que sí – respondieron Magdis y Ana. 

Todos los demás también se desvivieron en felicitaciones para la pareja. No había noticia que les llenará de felicidad y pronto los empleados se enteraron y no se habló de otra cosa en la finca. 

Pablo y Helena no podían estar más felices por su hermana, y sintieron de nuevo un profundo dolor cuando se marchó a Ginebra después de año nuevo.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 62

Pablo logró realizar otro contrato excelente que lo dejo satisfecho y listo para su fin de semana en la playa. Todo estaba listo, se irían el viernes en la tarde y regresarían en domingo en la noche. Aprovecharían su tiempo juntos al máximo. 

Helena llegó ese viernes al trabajo, deseosa de encontrarse con Pablo, pero debían de pasar unas horas antes de ello. Al revisar su cuenta de correo, encontró algo que la sorprendió: 

“Helena, sé que desde la última vez que te vi en México las cosas entre nosotros cambiaron totalmente. En mi decepción de saber que no estarías conmigo nunca más, no medí las consecuencias de mis actos, y el dejarte así no fue lo correcto. Espero algún día puedas perdonarme, y recuperar nuestra amistad. Si ese no fuera el caso al menos quisiera recuperar la relación profesional ya que tu oficina y el Parlamento trabajaran juntos en nuevo proyecto y es muy posible que yo trabaje contigo. Haré un viaje a la Ciudad de México la próxima semana. Ojalá pudiéramos platicar. Te extraño Hermosa, Oliver Ellsworth.” 

Ese mensaje era más que inesperado para Helena, tenía mucho sin recibir noticias de Oliver y creyó que él jamás la perdonaría. 

Ella estaba indecisa sobre el momento de decirle a Pablo sobre la visita de Oliver, pero decidió no contárselo hasta que llegarán al hotel. 

La hora que duró el vuelo se la pasaron dormitando pues su semana los había dejado un poco cansados. Cuando llegaron, una camioneta del hotel los recogió y los llevó al exclusivo hotel de la Riviera Maya, en el cuál Helena había hecho las reservaciones. 

- Buenas Noches, tenemos una reservación – dijo Pablo. 
- Buenas Noches, ¿a nombre de quién están? 
- Pablo Duart. 
- Permítame un momento. 
- Si, no hay problema. 
- La suite Maya, esta lista. Sr. Y Sra Duart es un gusto recibirlos. Mayan Palace agradece su preferencia. El encargado los llevará. 
- Gracias – Pablo y Helena siguieron al Bell Boy. 
- Sra. Duart, me gusta cómo se oye mi apellido en ti. 
- A mí también me gustó. 
- Me muero de ganas de estar con usted Sra. Duart. 
- Yo digo lo mismo. 
- Hemos llegado. 
- Gracias. - El bell boy salió de la habitación, dejando a la pareja. 

Helena estaba muy cansada y se dio un baño para relajarse, se puso su ropa de dormir y salió a la terraza en lo que Pablo también se bañaba. 

- La vista es hermosa – dijo Helena desde la terraza, cuando escuchó a Pablo salir del baño. 
- Es más hermosa contigo en primer plano – respondió Pablo desde el marco que separaba la habitación de la terraza. Helena se quedó pensativa, no quería arruinar el momento, pero tenía que hablar con Pablo. 
- Pablo hay algo que tengo que decirte y no quiero dejar pasar más tiempo. 
- ¿Qué pasa? 
- Hoy recibí un correo de Oliver. – Helena vio cómo el cuerpo se le tensó a Pablo de inmediato – Dice que vendrá a México por motivos de trabajo, así que pide verme. 
- ¿cuándo llega? 
- El miércoles 
- ¿Y cuánto tiempo se va a quedar? 
- No lo sé, alrededor de un mes o mes y medio, según me dijo Antoine. 
- ¿Antoine? 
- Es que su oficina y la mía trabajaran en conjunto por un nuevo proyecto. 
- No me digas que… 
- Si, lo más posible es que nos toque trabajar juntos – Pablo tenía una expresión en la cara que Helena no lograba descifrar 
- ¿Y todo ese tiempo trabajaras a su lado? 
- Probablemente sí. 
- ¿Y vas a retomar tu amistad con él? 
- Supongo que sí. Dice que me extraña. 
- ¿Solo te extraña o no ha entendido que estás conmigo y te sigue queriendo? – dijo Pablo con tono cruel. 
- Pablo no reacciones así. 
- Entonces ¿cómo quieres que reaccione? 
- Pablo, él solo es mi amigo. 
- Un amigo, por dios Helena, tú misma fuiste la que me contó cómo reaccionó al saber que estabas conmigo. El desea más que ser tu amigo. 
- Es mi culpa si alguna vez se hizo ilusiones después de New York. 
- ¿Por qué? 
- Le di esperanzas, cuando pensé que estabas comprometido. 
- ¿QUÉ? 
- Él me propuso irme a Francia y yo le dije que si no me sentía bien en México, me iría con él. 
- ¿Pensabas aceptarlo? 
- No lo sé, en ese momento creí que tú eras un imposible. 
- O sea que lo quieres lo suficiente como para irte con él y estar a su lado – preguntó Pablo con voz decepcionada. 
- Aunque hubiera sido cierto lo tuyo con Laura, y me fuera con Oliver, yo jamás dejaría de quererte. Solo lo quiero como amigo. – dijo Helena entre lágrimas. 
- Perdóname – le dijo Pablo, mientras le llevaba una rosa roja de las que habían dejado sobre una mesa de la terraza. 
- Es que no entiendo por qué te has puesto así. Después de un año no entiendes que a quien quiero es a ti. 
- Ni siquiera los malditos celos que me carcomen el alma, justifican que te haga llorar. 
- ¿Celos? 
- Helena en todos estos años, el único hombre que estuvo en tu vida fue él. Tú dices que solo lo quieres como amigo, pero por alguna razón aceptaste ser su novia en New York. Y saber que no te ha olvidado y que trabajarás a su lado, que veas de nuevo las razones por las que lo aceptaste alguna vez y que son cosas que no puedo darte o compartir contigo. Me da miedo, no quiero perderte.
- Mírame a los ojos – dijo Helena poniendo sus manos en la cara de Pablo para obligarlo a verla – Podré haber cambiado en muchas cosas y sobre todo en mi vida profesional, pero lo que nunca va a cambiar será el gran amor que siento por ti. Pablo el único hombre que amo es a ti. 
- Lo sé. Pero a veces, con tu trabajo como tu nueva pasión tengo miedo de que te hartes de mí y te vayas con alguien que si te entienda. 
- Nunca me voy a hartar de ti. Además hay algo que me apasiona más que mi trabajo. 
- ¿Qué es? 
- Tú - al decir esto lo besó apasionadamente, Pablo ni si quiera podía pensar, solo sentía necesidad por Helena. La tomó en sus brazos y la llevó al interior de la suite. Ella en ningún momento dejó de besarlo. Simplemente quería que Pablo olvidará los celos. 
- Mi Helena – le susurraba mientras le besaba el cuello, la boca, la cara, todo el cuerpo – solo mía. 
- Siempre, Pablo – le respondía ella. El sentir a Pablo en ella, era un choque de emociones que le desgarraba los sentidos. No quería que eso terminara nunca. Quería decirle todo lo que lo la hacía sentir pero de su boca solo salía la frase más real que había dicho jamás - Te amo. 
- Te AMO, Mi Helena, Te amo. 

El estar juntos era para ellos una experiencia única. Definitivamente los años separados habían mejorado su relación en todos los aspectos. Siempre habían sido la pareja perfecta y eso iba mucho más allá de la convivencia, porque cuando estaban juntos de daban cuenta lo bien que se complementaban. 

- Pablo quiero que estés conmigo cuando tenga que ver a Oliver. 
- ¿De verdad? 
- Si. Quiero que el día que me perdone, pueda aceptarte a ti también como parte de mi vida. 
- Gracias. 
- Sólo hay algo que debo advertirte, sobre la particular forma que tiene de llamarme. 
- ¿Cuál es? 
- En vez de Helena, me llama Hermosa. 
- Bueno al menos solo hace referencia a la verdad. 
- Ríete. 
- Es la verdad, hermosa. 
- Tu también. 
- ¿Yo qué?, hermosa. 
- Ya. Suficiente, no seas niño. 
- ¿Por qué te molesta que yo te lo diga, si es la verdad? 
- No me molesta, pero me gusta más escuchar mi nombre salir de tu boca, y de tus labios, sobre todo cuando afirmas que soy tu Helena. 
- Es que de verdad eres MI HELENA. 

Durmieron plenamente, al otro día el ruido de las olas y el brillante sol los despertó. 

- Feliz Cumpleaños, Pablo – le dijo Helena al oído, cuando vio que había despertado. 
- Gracias – y besó a Helena tiernamente. 
- Vamos a desayunar, hay muchas actividades que podemos realizar. 
- ¿Y si el cumpleañero quiere realizar solo una? 
- ¿Cuál es? – Pablo se acercó al oído a Helena y le dijo su deseo – Vaya, tu plan suena atractivo, pero te prometo que te divertirás, además en la noche te tengo preparado algo especial. 
- Está bien. 

Pronto se levantaron y bajaron a desayunar a uno de los restaurantes del Hotel, realizaron algunas de las actividades que ofrecía el hotel. Y nadaron en el mar algunas horas. Pablo amaba como se veía Helena en traje de baño y con el mar turquesa del Caribe, sus ojos resaltaban aún más y su belleza aumentaba. Por la noche fueron a cenar al mejor restaurante del hotel, que además les ofrecía una cena romántica en la playa. Helena se puso un vestido blanco increíblemente hermoso, que la hacía lucir como una novia. Los empleados seguían llamando a Helena, Sra. Duart y esto les causaba gracia a los dos. 

Helena cumplió su palabra y le dio a Pablo una de las mejores noches de su vida. 

- Soy prisionero y esclavo de tu amor, de esos ojos que me hipnotizan, de tu boca de miel que me pide en cada beso la vida entera, de esa forma tuya de quererme. Helena me quedo en carne viva cada vez que estoy a tu lado, no importa cuántas veces este contigo, siempre desearé más de ti y de todo lo que me das – le recitaba él con verdadera devoción. Mientras la besaba después de estar juntos. 

- Pablo, te amo, te juro que nadie puede hacerme más feliz, mi mayor debilidad eres tú – le respondió mientras lo volvía a besar lentamente – Lo que siento por ti, ni el tiempo pudo cambiarlo, siempre te voy a amar.
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Hoy tengo ganas de ti - Ricardo Montaner

martes, 19 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 61


Conforme el tiempo avanzó, la amistad entre Verónica y Helena crecía más, tenían demasiadas cosas en común y el hecho de que sus novios fueran los mejores amigos, las unía aún más. 

Una tarde quedaron de comer juntas, se citaron en el restaurant favorito de Verónica. Cuando estaban en medio de una charla sin importancia, las dos amigas reconocieron una voz que llamaba a Verónica. 

- ¡Verónica! – decía la voz que sonaba a las espaldas de Helena. Ella vio como su amiga cambiaba de humor y su cara se volvía más seria. 
- Hola – saludo Verónica sin ánimo. 
- ¿Pero cómo has estado tiene mucho que no te veo? – la mujer se acercó a Verónica sin notar la presencia de Helena. Cuando la vio sentada enfrente de Verónica se quedó muy sorprendida. 
- Supongo que ya conoces a Helena Lascurain. 
- Oh claro que la conozco. Ella fue la responsable de que Pablo terminará conmigo. 
- Eso es una mentira Laura – dijo Helena con voz seria y tratando de conservar la calma, pues no quería armar una escena. 
- Tú enredaste a Pablo con quien sabe cuántas mañas. Y ahora sales muy orgullosa a su lado en las revistas, como si te merecieras estar con él, después de todo lo que provocaste. 
- ¿Qué? 
- Ay ahora no me vengas a decir que no sabes. Te vi en las revistas que tomaron la nota de la boda de Renata. ¿Cómo decía? Ah sí, aquí tenemos a Pablo Duart y su bella novia Helena Lascurain. Debo decir que bella no es el adjetivo que yo hubiera ocupado, creo que te va más el de ofrecida o fácil. 
- No tengo por qué seguirte escuchando, discúlpame Verónica – Helena se levantó de la mesa y cuando quiso salir Laura le impidió el paso. 
- Ahora resulta que te las das de muy digna, cuando sabes que es la verdad. Aquí no hay revistas, así que deja de fingir y acepta lo que hiciste. 
- Yo no hice nada, deja de inventar cosas. Cuando yo llegue tu relación con él ya estaba muy deteriorada – respondió tratando de mantener la calma. 
- Claro que no, él y yo nos íbamos a comprometer. 
- Eso es mentira. Por qué no entiendes que me eligió a mí porque es a MÍ a quien ama. Deja de complicarte la vida y olvídalo. 
- Señoras y Señores estas son las palabras la mustia más grande de nuestra sociedad – Laura empezó a exhibir a Helena y el personal del restaurante tuvo que intervenir. 
- Srita. Sus comentarios molestan a nuestros clientes y le pedimos de la manera más amable que se retire de este lugar – le dijo el gerente a Laura – ya no es ni será bienvenida en este lugar. 
- Ahora soy yo, quien se tiene que ir, cuando es esa zorra a la que deberían de señalar. 
- Por favor, no queremos usar la fuerza. 
- Está bien, no será necesario. Me voy de este lugar que ahora admite a cualquiera. Yo no sé cómo puedes estar con alguien así Verónica, me decepcionas. 
- Es algo que me tiene muy sin cuidado. 
- Solo te advierto que tengas cuidado, no vaya a usar sus técnicas con Guillo. 
- Ay ya me tenés harta – el temperamento de Verónica era muy fuerte y sin más motivo, le aventó el contenido de la copa que tenía enfrente – así me mejor lárgate. 
- Me las vas a pagar Verónica. 
- No me dan miedo tus amenazas – Laura salió del restaurant y los demás clientes, volvieron a sus pláticas. 
- Perdón Verónica, pero podemos irnos. 
- Ah no Helena, vos te vas a quedar a aquí. 
- Pero… 
- Nada, vos no has hecho nada, ella fue la que vino a ofenderte y si te vas le darás la razón. 
- Tienes razón. 
- Pues claro que sí, quedate tranquila. 
- Verónica entonces quiero pedirte un favor. 
- ¿Cuál es? 
- No le comentes nada a Guillo, no quiero que Pablo se entere. 
- Ah no, él debe saber esto. 
- No por favor, no vamos a ganar nada y no quiero preocupar a Pablo. 
- Vale, vos sabés lo que haces. 
- Gracias, amiga. 
- De nada. Ahora tomate este Fernet que te ayudara a calmarte. 
- ¿Fernet? 
- Andá, tomateló – Helena le dio un sorbo a la bebida que le dio su amiga. 
- Está muy bueno. ¿Qué tiene? 

La plática continúo en torno a la bebida y de cierta forma regresó la tranquilidad a Helena, que después de ese día, decidió no volver a pensar en lo que había pasado. Y por eso Pablo jamás se enteró de lo acontecido. 

Renata se comunicaba con Helena muy seguido y le contaba lo feliz que era al lado de Alfredo, y aunque le costaba adaptarse a su nuevo estilo de vida, eso no era ningún impedimento para estar contenta. 

En verano, Helena y Pablo viajaron una semana a New York, y visitaron a Álvaro. Helena le mostró a Pablo todos los lugares que le gustaban de la “Gran Manzana” y lo llevó a algunos de sus restaurantes favoritos. Álvaro vio con alegría como la relación de su hija con Pablo iba cada vez mejor. 

Los meses siguieron avanzando y el cumpleaños de Pablo se acercaba. 

- Ya decidiste qué quieres de regalo – le preguntó Helena a Pablo, mientras leía un libro y Pablo estaba ocupado con cosas del trabajo. Esa tarde había ido a visitar a Magdis pero no tuvo suerte para encontrarla y se quedó con Pablo. 
- Ya te dije que lo único que quiero es a ti. – le dijo sin dejar de mirar a la computadora pero con una sonrisa traviesa en el rostro. 
- A mí ya me tienes, debe de haber otra cosa. 
- En este momento quisiera un descanso, olvidar el trabajo y dedicarme a ti. 
- Solo te estoy distrayendo – dijo con algo de culpa cuando vio que Pablo se levantó de su silla y se acercó a darle un beso. 
- Claro que no, me estas inspirando que es algo muy distinto – respondió y volvió a besarla. 
- Si sigues así, jamás vas a terminar. 
- Ya no me importa – decía sin dejar de besarla. 
- Te debe de importar. 
- Ay Helena, por favor – rogó como un niño pequeño. 
- No, en serio. Mejor te propongo algo. 
- ¿Qué? 
- Qué tal si para festejar tu cumpleaños, nos vamos de fin de semana a la playa. 
- La playa… 
- Si, tú sabes el sol, mar, arena y… – dijo entre risas coquetas. 
- Me gusta, acepto el trato. 
- Perfecto, haré las reservaciones mañana. 
- Está bien. Ahora ven, siéntate aquí al lado mío. 
- ¿Para qué? 
- Para no tener que levantarme a besarte cuando necesite más inspiración. 
- Tramposo. 

Magdis llegó a las pocas horas y recibió con gusto a su ahijada, cuando llegó Miguel de la empresa, decidieron salir a cenar lo cuatro. Al otro día Helena empezó a organizar el viaje de cumpleaños de Pablo. 

lunes, 18 de octubre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 60

Al día siguiente todos los invitados, la familia Duart y Lascurain, salieron rumbo a la ciudad. Álvaro se fue esa misma tarde a New York, con la promesa de su hija de irlo a visitar pronto. Helena fue a la cita con su médico, solo para confirmar que su atraso era debido al stress.

Los días pasaron rápido y el retorno de Alfredo y Renata se había dado muy pronto. A los pocos días tuvieron que irlos a despedir pues era el momento de irse a Ginebra.

- Adiós Hermana, te voy a extrañar mucho – le dijo Helena
- Yo también, espero verte pronto.
- Ren, te deseo lo mejor, sabes lo mucho que te quiero – Pablo estaba triste, su hermana había sido un gran apoyo siempre y sobre todo en los años en que Helena no estuvo a su lado. Le debía muchas cosas en especial su felicidad.
- Gracias, hermanito, yo también te quiero mucho y recuerda que quiero que me visites junto con Hel.
- Lo haremos – respondieron los dos.
- Fred te encargo a mi hermana.
- La cuidare como a la niña de mis ojos, Helena.
- Más te vale Alfredo – agregó Pablo entre risas – aunque te advierto que a veces es muy latosa.
- Que gracioso, eres Pablo. – le reclamó Renata.
- Hija, cuídate, no olvides que cualquier cosa que necesites iremos enseguida.
- Gracias Mamá, pero estaré bien.
- No importa princesa, siempre podrás contar con nosotros.
- Lo sé. Los quiero.
- Adiós.
- Hijo cuídate, espero que puedan venir pronto – dijo Ana a su hijo.
- Yo también lo espero. Y Gracias a los dos, han sido los mejores padres del mundo. Los quiero.
- Nosotros a ti, Alfredo. Hijo mío, no podríamos quererte más.
- Adiós.

La nueva pareja de esposos, se alejó y se dirigieron a la salida de vuelos internacionales. Las dos familias se quedaron algo tristes por su partida, pero no podían evitar el ser felices pues era evidente lo mucho que se amaban.

- No te sientas mal Pablo. Ren es muy feliz al lado de Fred.
- Si, lo sé. Es algo de mellizos, creo. Desde siempre ella ha estado cerca de mí y ahora ya no más.
- Cualquier día que quieras, iremos a visitarla.
- Gracias, Hel. Te amo guapa, te amo tanto.
- Parece que la tía Lety te ha contagiado esa palabra.
- Es un adjetivo que te va de maravilla.
- Y sigues con eso.
- No voy a descansar hasta que lo aceptes.
- Te vas a cansar.
- Ya veremos, ya veremos.
- Como sea.

Las semanas pasaron y el trabajo tenía agotados a Helena y a Pablo. Desde la partida de Renata, Magdis se sentía muy sola y ellos pasaban más tiempo en casa de Pablo, pero una que otra vez él se quedaba en el departamento de Helena.

- ¿Helena?
- Sí - respondió al salir del baño.
- Hoy hablé con Guillo…
- ¿Y qué te dijo?
- Su novia le está organizando una fiesta de cumpleaños en su nuevo restaurante y nos han invitado.
- ¿Quieres ir?
- Solo si tú quieres – Helena vio cómo Pablo se había alejado de sus amigos por los rumores que alguna vez circularon de ella. Y se sentía mal por ello.
- Está bien.
- ¿De verdad?
- Sí, dime ¿cuándo es?
- Este sábado.
- Vaya, está bien. Creo que necesitaré un nuevo vestido.
- Yo te lo regalaré.
- No. Ya tú me has regalado mucho.
- No me importa, quiero darte todo lo que necesites.
- Tu eres todo lo que necesito – le dijo mientras se agachaba para besarlo lentamente. Él estaba sentado en la orilla de la cama y con sus manos en la cintura de Helena, la atrajo más.
- Me alegra saberlo – respondió cuando Helena cayó sobre él.

Pasaron juntos la noche y al otro día Pablo llevó a Helena a comprar un nuevo vestido que le lucía hermoso.

Helena tenía un poco de temor de despertar en los amigos de Pablo, nuevos cotilleos sobre su relación. Pero se tuvo que armar de valor para resistir cualquier comentario.

- ¡Guillo! – saludó Pablo a su amigo, al llegar al restaurant.
- Pablo qué bueno que viniste, te habías desaparecido por mucho tiempo.
- Lo sé, pero ya estoy aquí.
- Y debo suponer que tu desaparición es culpa de esta bella señorita.
- Si. Te presentó a mi novia Helena Lascurain
- Hola Helena, soy Guillermo Alcorta, pero todos me llaman Guillo – Guillermo era alto, un poco más ancho que Pablo y su piel era ligeramente más bronceada, sus cabellos lacios eran de color chocolate y sus ojos color miel. A la vista resultaba atractivo y tenía un aire que lo hacía ver noble.
- Mucho gusto.
- Déjame decirte que el gusto es todo mío.

Al pasar a donde estaban los demás invitados, Helena fue presa de todas las miradas. Pablo se la pasó presentándola a todos sus amigos y conocidos, ahora como su novia.

- Espera Pablo, voy a buscar a Verónica para presentarle a Helena – las mujeres seguían viendo con algo de recelo a Helena, y solo los hombres le hacían plática.
- ¿Cómo te sientes? – le preguntó Pablo
- Bien – sonrió tímidamente Helena.
- Mira Helena te presento a mi novia Verónica Gianetti
- Mucho gusto Helena – le dijo Verónica con una sonrisa sincera en el rostro. La primera que era dedicada a Helena de una mujer. Verónica era realmente guapa, era ligeramente más bajita que Helena, un poco más ancha y sus ojos chocolate resaltaban en su piel. Su cabello castaño claro tenía reflejos rubios y la hacían más blanca de lo que en realidad era. Contrario a sus facciones nobles, su carácter era muy fuerte lo que la había hecho ser respetada en su círculo de amigos. Además su acento argentino la hacía aún más especial.
- El gusto es mío, Verónica.
- Amor, sabías que Helena también vivió en Europa - le dijo Guillo para romper con el hielo.
- Vale, Helena, que interesante, yo viví 5 años en Francia. ¿Y tú?
- Viví 5 años en Alemania. – esas palabras fueron suficientes para que Helena y Verónica iniciaran una plática que parecía no tener fin.
Tanto se enfrascaron en ella, que Guillo y Pablo terminaron yendo por más bebidas y se tomaron un tiempo para platicar.

- Ya me vas a explicar ¿por qué tenía tanto que no asistías a una reunión?
- Ya te dije que fue por mis ocupaciones con la empresa.
- Además de eso, es obvio que estabas con Helena, pero debe haber algo más.
- Lo hay, pero no es algo que nos guste recordar.
- ¿Qué es?
- Cuando lleve a Helena a la fiesta de Raúl, las mujeres se encargaron de hablar mal de ella.
- Ah sí, oí algunos rumores.
- Entonces entenderás que no podía arriesgar a Helena a más cotilleos por eso decidí alejarme.
- Pablo debes saber que la que inició todos esos cotilleos fue Laura.
- Me lo imaginaba. Y pensé en reclamarle pero sé que nada ganaría.
- Sí, esa mujer esta desquiciada. No sé en donde tenías la cabeza cuando la hiciste tu novia.
- Créeme yo tampoco lo sé.
- Me alegra que Helena esté contigo de nuevo. Nunca te había visto tan feliz.
- Yo también me alegro, a su lado he vuelto a conocer la felicidad.
- Ay que cursi eres Pablo.
- Cállate – dijo entre risas.
- Nos abandonaron – le reclamó Verónica a Guillo.
- Perdón, pero no queríamos interrumpirlas. Se veían muy entretenidas
- Es que no te das una idea de lo interesante que es la novia de Pablo.
- Veo que tu sí.
- Pablo, me ha dicho Helena que cantas y compones.
- ¿Cantas? – preguntó Guillo sorprendido.
- Este…
- Perdón Pablo, no sabía que ellos desconocían eso de ti – dijo Helena apenada. Y escondida en el pecho de Pablo.
- No te preocupes, tú no tienes ninguna culpa – le susurró al oído.
- Helena dile que cante algo ahora - le exigió Verónica
- No sé si quiera.
- Anda Pablo cántale algo a tu novia – lo incitaba Guillo.
- Pero ni siquiera tengo mi guitarra
- No importa, le pediré una al grupo – dijo Verónica. Que salió disparada hacía donde se encontraba el grupo que ambientaba la fiesta.
- Listo – todos los invitados vieron cuando Verónica le entregó la guitarra a Pablo y lo miraron sorprendidos.
- Está bien – Pablo se recargó en una silla y todos le hicieron un círculo a su alrededor. Él inició con los acordes de una canción muy famosa, que todos sus amigos conocían.
-
I give her all my love That's all I do
And if you saw my love
You'd love her too
I love her

She gives me everything
And tenderly
The kiss my lover brings
She brings to me
And I love her

A love like ours
Could never die
As long as I
Have you near me
Bright are the stars that shine
Dark is the sky
I know this love of mine
Will never die
And I love her 


Con esa canción las mujeres habían descubierto lo mucho que Pablo quería a Helena y al ver a Verónica tan amable con ella, algunas le dieron una oportunidad y descubrieron lo equivocados que estaban los rumores. Rápidamente Helena se convirtió en el centro de atención de todos, los que platicaban con ella quedaban impresionados, era muy inteligente y su forma de expresarse era especial, además de su cultura y sus experiencias en el extranjero.

- Con qué esa es la razón de que Pablo haya dejado a Laura – le comentó uno de los invitados a Guillo.
- Cualquiera hubiera hecho lo mismo – respondió él.
- Si, sobre todo tratándose de Laura. Por fin a Pablo le entró la razón.
- Y qué razón. Helena es increíble, nunca había conocido una mujer que siendo tan guapa no sea una cabeza hueca.
- Ha de ser una en un millón. Además según sé su padre tiene mucho dinero, no necesita trabajar, siendo hija única lo heredará todo algún día y sin embargo eso no la ha detenido para hacerlo.
- Nunca había visto a Pablo tan clavado con alguien.
- Oh es que tú no sabes la historia.
- ¿Qué historia?
- Ellos fueron novios en la preparatoria, pero cuando Helena se fue con su padre a Alemania ellos, terminaron. Estuvieron separados 10 años.
- Vaya, ahora sí que desearía ser Pablo.
- Si mira que reencontrarse con Helena después de tanto tiempo y que una mujer así todavía te siga amando sí que es suerte.
- ¿Amando? Estás loco es lo que menos me importa, una mujer así es como un trofeo.
- Si pero su tu trofeo está loco por ti, es mejor no crees.
- Bueno eso sí.
La plática entre los amigos continuó. La fiesta acabó muy tarde y Pablo se quedó con Helena pues ella no quería que manejara estando tan desvelado. A pesar del tiempo, lo que había pasado con su madre la seguía afectando.
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And I love Her - The Beatles...


En la parte superior del blog, debajo de la sinopsis, podrán encontrar pestañas que los llevarán a conocer algunos datos de los personajes de la historia, conforme pueda iré agregando los datos de más personajes. Gracias por seguir al pendiente y no dejen de comentar, me gustaría saber la opinión de las lectoras. 

Traducción:
Yo le doy todo mi amor / Eso es lo que hago / Y si tú vieras a mi amor / También la amarías /Yo la amo
Ella me lo da todo / Con ternura / El beso que da mi amante / Me lo da a mí / Y la amo
Un amor como el nuestro / No puede morir nunca / Mientras te tenga / A mi lado
Resplandecientes son las estrellas que brillan / Oscuro está el cielo / Sé que éste amor mío / No morirá nunca
/ Y la amo