jueves, 26 de agosto de 2010

Sabor a mi - Capítulo 6

Se despertaron al otro día, con la inseguridad de que todo hubiera sido un sueño. Pronto Helena se dio cuenta que todo tenía que ser verdad, así que se levantó, se arreglo y salió a desayunar, con la esperanza de ver a Pablo.

- Hola ma, ¿cómo estás?
- Hola, nena, amanecí muy bien, ¿y tú, cuéntame cómo les fue anoche?
- Ay mamá, no pudo haber sido mejor.
- Niña Helena, aquí esta su desayuno - dijo Toña, una mujer que había conocido a Helena desde antes de nacer, y que la quería tanto como quería a los hijos de sus patrones.
- Ay Toñis, muchas gracias, ¿cómo sabías que me estaba muriendo de hambre?
- No es nada, niña, espero que le guste, le mande preparar su desayuno preferido. Con permiso.
- Y bien dime, Helena porque tanta emoción al recordar el baile de anoche.


- Buenos días – interrumpió Magdis la madre de los gemelos y madrina de Helena.

- Hola, Magdis. Buenos días, ¿qué tal dormiste?
- Muy bien, ¿y ustedes?
- También gracias.
- Señora le sirvo el desayuno - preguntó Toña
- Si, Toña, por favor. Una cosa, ¿sabes dónde está el señor?
- Se fue con el señor Álvaro a cabalgar desde muy temprano.
- Ah ya veo muchas gracias.
- Magdis – dijo Carolina – Miguel se llevó a Álvaro desde temprano, que porque quería su opinión sobre los terrenos que compró recientemente.

Después del desayuno, Magdis fue a dar órdenes al servicio para que prepararan todo para una cena que se iba a dar esa noche, para celebrar su aniversario de bodas, en compañía de algunos amigos que vivían en el pueblo que estaba cerca de la finca.

Carolina aprovechó que su amiga estaba ocupada, para tener un rato a solas con su hija. Y la invito a dar un paseo por los jardines de la finca.

- Y bien Helena, ahora sí cuéntame ¿qué fue lo que pasó anoche que la hizo tan especial?
- Ay mamá, no sé ni por donde iniciar.
- Por el brillo en tus ojos puedo asegurar se debe a algún muchacho ¿verdad?
- ¿Cómo lo supiste?
- Helena, soy tu madre. Nosotras tenemos un sexto sentido que nos ayuda a saber cuando pasa algo. Y créeme este es tu caso.
- Si tienes razón, es que es algo que nunca había sentido, no sé cómo explicarlo. Es tan especial, siempre me había sentido bien con esa persona pero de un tiempo para acá es más especial que nunca.
- Entonces, ¿es alguien que ya tenias tiempo de conocer?
- Algo así.
- Pues permíteme decirte, que Pablo y tu se tomaron mucho tiempo para darse cuenta de que deberían de estar juntos. – ahora se daba cuenta Helena que la perspicacia se la había heredado su madre
- ¿Co…cómo lo supiste?
- Ay hija, no se te olvide que soy tu madre. Pero independientemente de eso, a ustedes dos se les veía lo que sentían el uno por el otro, hace bastante tiempo. Pablo te mira como si fueras una nueva estrella que acaba de descubrir y tú por otro lado lo observas como si quisieras descifrar sus secretos, siempre estás analizándolo, te ríes más cuando estas a su lado, tus ojos adquieren ese brillo especial que tienen en este momento.
- Vaya, nunca pensé que fuera tan notorio.
- Créeme hace años, que Magdis y yo nos dimos cuenta de lo que les pasaba.
- ¿Años?, pero si apenas entendí lo que sentía por él hace unos meses.
- Tú quizá te entendiste lo que sentías, pero ese sentimiento ya lo demostrabas desde antes.
- Y bueno, ¿Qué opinas de la situación?
- Te diré, que de todos los jóvenes que conozco, nadie tiene más mi aprobación que Pablo. El conocerlo desde siempre, me ha dejado ver que es un chico realmente encantador, con un alma tan pura, como la tuya. Sé que no debería mostrarme tan a favor de esta relación, simplemente porque las madres no debemos de hacerlo, pero no puedo, Pablo me encanta para ti y sé que llegaran muy lejos juntos, porque tiene grandes metas igual que tu y no por estar enamorados se distraerán de ellas, al contrario, ahora andarán juntos por ese camino que se han impuesto seguir.
- Gracias ma', no tienes idea de lo bien que me siento de haber tomado esta decisión. Y ahora que se lo que piensas me siento mil veces mejor. Te quiero mucho mamá.
- Yo también Helena. Sabes que siempre contarás conmigo. Pero creo que es tiempo de que dejemos esta conversación aquí, porque cierto joven viene directo hacia acá.

- Bueno días, Caro.
- Hola hijo, te preguntaría como estás, pero es algo que salta a la vista. Bueno, los dejo porque quede en ayudar a tu madre con los preparativos de la cena.
- Está bien. Gracias. – alcanzó a decir Pablo cuando Carolina se retiraba.
- ¿Cómo amaneciste? – fue lo único que se le ocurrió decir a Helena que por dentro era una revolución de sensaciones. Tenía unas ganas enormes de estar entre los brazos de su novio y besarlo, pero se contuvo, no sabía cómo tomaría Pablo esta reacción.
- Hmm que saludo tan más frio. – dijo fingiendo tristeza
- ¿Ah y cómo querías que te saludara? – con tono de burla y un tanto nerviosa
- Pues me imaginaba algo más emotivo, como esto. – Pablo atrajo el cuerpo de su novia, poniendo una mano en su cintura y la otra en la nuca, para poder besarla. Helena estaba que saltaba de emoción, claro así serían desde ahora todas sus mañanas de ahora en adelante, nunca más tendría miedo de expresarle sus sentimientos a Pablo. El beso fue corto, pero estaba lleno de la necesidad que sentían el uno por el otro.
- Wow, pues si lo pones de esa manera te doy la razón, mi saludo fue como un cubo de hielo.
- Te lo dije – y Pablo tomó la mano de Helena, le encantaba el tenerla lo más cerca posible.
- No tienes idea de cómo me encantó que tuvieras razón.
- Ah que te puedo decir, así soy yo – contestó con una picara sonrisa en su rostro – justamente por eso, que te parece si nos vamos a dar una vuelta por el arroyo.
- Me parece perfecto – dijo dándole un beso en la mejilla.

Para cuando llegaron al arroyo, el día estaba de lo más agradable, a pesar de ser casi invierno, se podía sentir un clima un tanto cálido.

- Has pensado en cuándo se lo vamos a decir a lo demás. – preguntó Pablo que estaba con la espalda recostada en el gran árbol que daba al arroyo, mientras abrazaba a Helena que descansaba sobre su pecho.
- Este… bueno tengo la seguridad de que por nuestras madres no hay problema.
- ¿Por qué, se lo has dicho a tu madre?
- No, exactamente, digamos que resultó que ella lo adivinó. – Y Helena le contó casi toda la conversación con su madre.
- Entonces, después de todo Renata tenía razón. Los únicos que ni por enterados éramos nosotros.
- No crees que es algo ridículo.
- Un poco, sí. Pero al menos no dejamos pasar más tiempo – logró decir antes de acomodarse para poder besarla.
- Lo que creo – dijo Helena después de un rato – es que él que nos dará algo de trabajo es mi padre, no sé cómo vaya a reaccionar.
- Y si lo hacemos a la manera antigua y hablo con él.
- ¿No crees que sea demasiado?
- Podría ser, pero prefiero intentarlo, no me gustaría que tu padre no te deje estar conmigo, así que más vale intentarlo.
- Si, a mí tampoco me gustaría. Porque eso sería molestarme con él y nunca lo he hecho. Y mucho menos podría ver que te tratara mal, después de todo eres el hijo de su mejor amigo.
- ¿Te parece si hablo con él hoy mismo?
- Sí, creo que entre más pronto mejor.
- Bien, entonces será mejor que regresemos ya.
- No – dijo Helena haciendo pucheros – aun es temprano, no quiero irme tan rápido de aquí.
- Será lo que tú quieras. La verdad estar aquí contigo gozando de estos momentos es un privilegio que no quiero abandonar.
- Exacto – Y dicho esto se perdieron en otro profundo beso que muy apenas satisfacía la necesidad que sentían el uno por el otro; lo alargaron tanto como pudieron pero sabían que tenían cosas que hacer y decidieron regresar a la casa.

lunes, 23 de agosto de 2010

Sabor a mi - Capítulo 5



Ante la mirada curiosa de algunos, se dirigieron a la pista que tenía ya la música animada al máximo. Lo que complementado con la felicidad interior de Pablo y Helena, hacía que fuera aun mejor. Todos los que los miraban se daban cuenta de que algo pasaba, no dejaban de verse y por mucho que bailaran nunca se separaban de más.
Para los más perspicaces la verdad era evidente, por fin se habían cumplido los pronósticos que durante 2 años y medio habían permanecido en suspenso, Helena y Pablo ya eran pareja. Y para los que no eran tan atrevidos para aventurarse en alguna teoría, iniciaron de nuevo y por última vez en la noche, las canciones tranquilas, que más bien eran románticas, cuando vieron que la pareja seguía bailando a pesar de que esa canción más bien parecía la petición de algún maestro que recordaba sus años mozos, muchos confirmaron sus sospechas, sin embargo no eran la única pareja que había permanecido en la pista. Lo que no dejo dudas fue cuando a mitad de la canción de la última canción, Pablo y Helena se fundieron en un beso.
Al finalizar el baile salieron junto con Renata en dirección a la camioneta que los estaba esperando para llevarlos de regreso con sus padres.
- Con que por fin entendieron lo que ya todos sabíamos – dijo Renata por la nueva situación entre su hermano y Helena
- ¿Cómo que todos sabían? – dijo Pablo
- Pues que ustedes dos debían de estar juntos, de verdad que son ciegos, los únicos que no lo veían eran ustedes dos.
- Pero han de contarme los detalles, porque no les perdono que no me haya enterado antes que toda la escuela.
- Los detalles no importan, lo verdaderamente importante es lo que todos vieron – dijo Pablo, llevándose la mano de Helena a los labios para darle un beso.
- Ay, no se vale – contestó Renata, mientras hacía pucheros.
- Ya anda mejor súbete que se nos va a hacer más tarde.
En la camioneta, Renata tomó todo un asiento para dormirse, con la excusa de que Pablo y Helena podían irse en el mismo.
- No sabes lo feliz, que me has hecho Helena. Esta será una noche que nunca podré ni querré olvidar.
- Mucho menos yo, de verdad aun no puedo creer que mi sueño haya sido casi una visión, pero agradezco el que me haya permitido ver lo mucho que significabas para mí.
- ¿Qué sueño?
- Ahhh – Helena no quería revelar los detalles de su sueño, le daba mucha pena incluso con Pablo, así que reveló solo lo necesario – bueno hace como 4 meses, soñé que tú y yo nos besábamos y que decías que me querías, lo que me dio una visión muy distinta de lo que significabas para mí. Lo más extraño de todo es que en mi sueño también me decías que yo era Tu Helena.
- Es que tu eres Mi Helena, solo mía. Y la verdad que celebro que tus sueños sean tan exactos.
- Jajaja, yo también lo celebro.
- Ay no sé cómo pude estar sin ti tanto tiempo
- Pero si siempre me has tenido
- Sí, pero nunca de esta forma. Siempre me has hecho bien, desde que éramos niños, el verte me hacía feliz. Solía atribuírselo a que eras como una hermana. Pero ahora me doy cuenta que en realidad es porque siempre estuve enamorado de ti.
- ¿De verdad, siempre me has querido?
- Claro, pero hasta ahora comprendo bien.
- Creo que de cierta forma a mí también me pasaba lo mismo, la idea de pasar con ustedes la mayor parte del tiempo me hacía tremendamente feliz. Yo pensaba que era porque no tenía más hermanos, pero creo que era el estar contigo lo que me provocaba esos sentimientos. – Pablo tomó entre sus manos la cara de Helena y la besó, no de la forma en que lo había hecho cuando estaban en el baile, porque el chofer los venia viendo por el espejo retrovisor y no quería dar todo un espectáculo con su hermosa novia. Esta vez el beso fue tierno, muy tranquilo, sin prisa, pero con la misma necesidad de antes.
- Mi Helena, solo mía, te quiero tanto.
Helena recostó su cabeza en el hombro de Pablo, y se quedaron dormidos, mientras jugaban con sus manos. 

Al cabo de unas horas llegaron a la casa, donde ya todos estaban dormidos. Renata se retiro a su habitación, con los ojos básicamente cerrados, si hubiera sido por ella se habría quedado dormida en la camioneta.
- Te acompaño hasta tu habitación – dijo Pablo
- No es necesario, ya estás muy cansando.
- Fue una afirmación, no una pregunta. No me importa si estoy cansado, simplemente quiero verte aunque sea otros minutos más
- Me podrás ver tanto los siguientes días que quedarás harto de mi.
- Nunca me voy a hartar de ti, Helena.
- Bueno está bien, entre más pronto me vayas a dejar, más rápido te irás a dormir.
- Así está mejor – Pablo se había colocado detrás de Helena, abrazándola por la espalda.
- Bueno, ahora si ya estoy en mi habitación, te veo mañana. – dijo besando a su novio en los labios, como disfrutaba su contacto, estaba segura que nunca se cansaría de esa sensación.
- Te quiero, hasta mañana, mi Helena.

Sabor a mi - Capítulo 4


En el baile como siempre la entrada de Helena cautivo a varios de sus compañeros y la presencia de Pablo definitivamente causo revuelo entre las mujeres del salón. Helena llevaba un vestido que dejaba ver lo alta que en verdad era, y que sobre todo resaltaba el color de sus ojos, por su parte Pablo, vestía camisa blanca con saco y pantalón de vestir negros. Renata iba con un vestido que la hacía ver tan linda y tierna que parecía una bailarina de ballet.
Helena y Pablo no dejaban de verse, él tenía su brazo sobre el mueble, lo que hacía ver como si estuviera abrazando a Helena, por eso nadie se había atrevido a invitarla a bailar. Tenían miedo de que Pablo se molestara y tuvieran que enfrentarse al alguien que estimaban tanto. Mientras, Renata no perdía oportunidad y no paraba de bailar. Pablo no había cruzado palabra con Helena, y justo cuando Helena creyó no poder soportar más el silencio de Pablo, llegó Aldo.
- Por Dios, Helena. Te ves guapísima.
- Gracias, tu también te ves muy bien.
- Y ¿qué tal te la estas pasando?
- Pues bien.
- Pues no creo, yo no he visto que te pares a bailar, y la verdad la música es muy buena y parece que tu pareja no es muy entretenida. – dijo mirando a Pablo para ver su reacción
- Ah pues la verdad es que mi pareja no es entretenida, simplemente porque no tengo pareja, dijo con toda la intención de herir a Pablo, tanto como él estaba haciendo con ella.
- Bien, siendo así, ¿por qué no vienes a bailar conmigo?
- Está bien.
Pablo quería morirse en ese momento, el ver a Helena bailando con ese idiota, como regularmente le decía, le molestaba en sobremanera pero no quería alterarse. Así que cuando se levantó Helena el no dijo nada.
- Por dios Pablo, ¿qué estás haciendo? - dijo Renata que se sentaba un momento para tomar algo que la refrescara
- ¿Qué estoy haciendo de qué?
- Estás regalando a Helena en bandeja de plata, al idiota de Aldo.
- Y qué, si fue ella la que acepto ir a bailar con él.
- Pues claro, no pretendías que estuviera todo el rato sentada a tu lado, solo para verte con tu cara de fastidio. Mira no se que allá pasado en la mañana, pero lo que pasó no puede ser tan malo, como para arrojarla a los lobos.
- No te entiendo.
- Pablo deja de hacerte el tonto, y acepta tus sentimientos de una vez y por el bien de todos.
Justo cuando la música más lenta iniciaba, Renata dejó de nuevo solo a su hermano.
- Ya fue suficiente de bailes, ¿no crees? – dijo Pablo, deteniendo la mano de Aldo que iba directo a la cintura de Helena
- Creo que Helena, no se ha quejado del número de bailes – respondió Aldo un tanto molesto
- Helena, por favor sería mucho pedir que bailaras conmigo – preguntó Pablo de la manera más amable que se le ocurría y viendo directamente a los ojos a Helena
- Pablo… este, si está bien.- en ese momento, Helena se odiaba a sí misma, el punto era hacer enojar a Pablo, no perdonarlo a la primera de cambio. Pero no podía evitar perderse en eso ojos de miel que la dominaban de una manera tan infantil.
- Gracias – respondió Pablo a la vez que despedía a Aldo y tomaba su lugar al lado de Helena.
Bailaron en silencio, pero no dejaban de mirarse, ambos querían decirse tantas cosas y se sentían tan impotentes al no decirlas. Después de algunos minutos terminó la música tranquila para volver a las animadas que provocaron que todas las parejas, salieran a la pista a bailar.
- Helena, ¿te parece si vamos al jardín? – necesitaban hablar y la pista no parecía el lugar apropiado.
- Si, vayamos. – No sabía que más decir, estaba confundida y enojada a la vez, con Pablo, con ella misma. Enfrascada en sus pensamientos llegó al jardín.
- Helena… me puedes decir qué diablos te orillo a aceptar la invitación de Aldo. – esa frase definitivamente despertó aun más el enojo de Helena.
- No Te Interesa, yo bailo con quien se me dé la gana.
- Claro que me interesa, todos estos meses hemos tratado de alejarlo y nada más de un de repente le das entrada para bailar contigo.
- Por Dios, solo fue un baile, no una promesa de matrimonio, somos amigos.
- Sabes bien que para él no fue sólo un baile, a él le interesas para algo más que una simple amistad.
- Y qué no tengo compromiso con nadie, a ti ¿Qué te importa?
- ME IMPORTA y me importa mucho, porque ME ESTOY MURIENDO DE CELOS.
- ¿Qué? - preguntó Helena totalmente sorprendida
- TE QUIERO HELENA, TE QUIERO, TE QUIERO COMO NUNCA IMAGINE QUERERTE.
- Pablo, yo, yo… - dijo Helena, sorprendida por la declaración – no entiendo porque te comportaste tan extraño después de lo de la mañana, me dejaste tan confundida, me diste a entender que todo fue un error y bueno la verdad es que yo lo había disfrutado, cada instante de ese momento lo disfruté como nunca nada en mi vida.
- ¿Eso significa que tú también me quieres? – Helena decidió responderle con actos, y lo besó ahora con más seguridad que en la mañana, lo besó con la seguridad absoluta de que no solo su beso si no sus sentimientos eran totalmente correspondidos. Pablo quedó atónito con lo que significaba la respuesta de Helena, a lo que solo se le ocurrió hacer la pregunta más evidente – Helena, ¿quieres ser mi novia?
- Si – respondió Helena con una sonrisa que para Pablo era suficiente para dejarlo sin aliento. Después se volvieron a fundir en un abrazo y en un beso que no querían terminar nunca.
- Te quiero Helena, Mi Helena.
Después de estar un rato solos decidieron, a regañadientes, regresar al baile.

Sabor a mi - Capítulo 3


Casi sin notarlo llegó diciembre y el colegio como cada año organizaba para sus alumnos una especie de baile, que no tenía nada de formal, pero que servía para que en una escuela donde asistían hijos de embajadores, diplomáticos y empresarios, pudieran formar lazos de amistad que rompiera barreras.

- Hola Helena, ¿cómo estás? – Preguntó Aldo
- Hola, muy bien y ¿tu? ¿Cómo te has sentido estos meses?
- Pues bien, aunque en Biología me siento un tanto presionado porque con Pablo como compañero, siempre me está exigiendo que haga las cosas bien. – dijo con toda la intención de hacer quedar como el malo a Pablo
- Oh, sí. Bueno Pablo es un excelente compañero, ya verás solo es cuestión de que convivas más con él
- Si, podría ser. Oye pasando a otra cosa, ¿ya viste que este viernes es el baile de invierno?
- Si, cada año lo organizan
- ¿Y piensas ir?
- Pues, si. A pesar de todo a la mayoría nos agrada la idea de divertirnos un rato. Y el baile es de lo más entretenido
- Sí, bueno entonces iré. Espero me permitas bailar contigo. – dijo casi despidiéndose para evitar una negativa de Helena. Estaba seguro que esta vez no se le escaparía.

Dos días antes del baile el colegio finalizó las clases, para hacer que los que no asistieran dieran comienzo a sus vacaciones y para los que sí pues tuvieran tiempo suficiente de prepararse.

Este año los padres de Helena, Pablo y Renata, habían decidió irse a la casa de verano un poco antes, pero con la condición de sus hijos de dejarlos regresar para el baile.

- Helena, Helena, estas despierta? – dijo Pablo mientras tocaba la puerta de la habitación de Helena que daba hacía a la alberca por un lado y por el otro daba acceso único a un jardín privado.
- Mmmm… que quieres Pablo, es demasiado temprano, nos vamos hasta medio día
- Si ya lo sé, pero me preguntaba si quieres ir a montar un rato conmigo, recuerda que has tenido a la Preciosa muy abandonada.
- Ay!, no es justo.
- ¿Qué?
- Que siempre me chantajeas con mi Preciosa – dijo Helena mientras se levantaba de la cama – Dame 5 minutos, te veo en las caballerizas
- Está bien, no te tardes.
- Ya, listo ves que no me tarde, ahora deja ir a avisar que ensillen a la Preciosa.
- No, es necesario ya esta lista
- Ay si, como ya sabias que ante tus chantajes siempre cedo. Todo sea por estar con mi Preciosa antes de irme – dijo Helena mientras acariciaba a su yegua
- Anda súbete ya.
- Ya esta, deja de ser tan latoso.
- Perfecto, ahora que te parecen unas carreras hasta el árbol del arroyo. – Así habían bautizado a un lugar que habían encontrado cuando eran aun unos niños. Al parecer era algo extraño pero solo ellos podían dar con ese lugar.
- Ah, está bien, 1, 2… - 3 ya no lo alcanzó a decir Helena que había decidido avanzar primero.
- Tramposa!!! – gritó Pablo cuando llegaron al arroyo.
- Yo no soy tramposa, solo tome un poco de ventaja, tu caballo es más grande que mi Preciosa y da la zancada más larga. – logro decir entre risas en lo que Pablo se bajaba del caballo y lo amarraba
- Ah sí, conque ventaja, señorita Helena. Quien la viera tan correctita en la ciudad y aquí olvida todo tipo de modal. Y por lo visto usted gusta de reírse de mí.
- No me rio de ti, me rio contigo y deja de hablarme de usted
- Ah así están las cosas, te ríes conmigo, pues haber
- No, Pablo, no te atrevas. – grito Helena mientras Pablo empezaba a hacerle cosquillas.

La risa era tal que Helena termino cayendo al piso, y de paso se llevó a Pablo, que cayó sobre ella. Por alguna razón para ninguno de los dos fue incomodo estar en esa posición, mientras ambos calmaban su risa, se dieron cuenta cómo habían quedado y que sus caras estaban justo frente a frente.

- Pablo… - fue lo único que alcanzó a decir Helena cuando esté bajo aun más su cara, lo que provocó que sus labios chocaran.

Por principio el improvisado beso, solo incluyo el que sus labios se fueran conociendo, la sangre les corría a los dos por todo el cuerpo, y una especie de choque eléctrico les paralizó la respiración cuando Pablo por fin logró entender lo que debía hacer. Helena no quería ni pensar, estaba totalmente concentrada en el momento, algo con lo que había soñado desde hace meses. El beso fue mucho más que perfecto, pareciera que siempre se habían pertenecido, no había momento más claro que ese, cuando por fin el beso llegó a su punto máximo. Los dos tuvieron que separarse para tomar aire y tenían que entender que había pasado y aclarar sus mentes.

- Helena, perdón, no sé que me pasó. No debí, bueno no sé si debí, ya no sé nada, discúlpame por favor
- No sé qué decir, todo fue tan de repente
- Te parece si regresamos ya a casa, será mejor que nos preparemos para irnos.
- Si está bien. – dijo Helena con la mente llena de los sentimientos que le había despertado ese beso.


- Ya ahora ¿qué les pasa a los dos? – preguntó Renata, cuando iban de regreso a la ciudad
- Nada, no sé de que hablas – respondió Pablo
- Si, no nos pasa nada. – dijo Helena, al ver que la frialdad de Pablo ante lo sucedido, le lastimaba más que mil cuchillos en el corazón
- Pues dirán misa, pero algo se traen ustedes dos.
- Ya mejor ponte a pensar en cómo vas a arreglarte para el baile – dijo Pablo como punto final.

Sabor a mi - Capítulo 2


Pasaron los días, y las clases ya habían tomado su ritmo, como siempre Helena sorprendía a sus profesores, con esa perspicacia tan propia de ella. Pablo por su parte sufría cada vez que llegaba el laboratorio de Biología, su compañero, no le caía nada bien, siempre tenía los ojos puestos en Helena, y hacía todo tipo de cosas para llamar su atención; la había invitado a salir varias veces, pero siempre terminaban saliendo en grupo y no en pareja; cosa que a Pablo divertía en exceso. Renata por su parte seguía siendo la misma de siempre, a diferencia de su hermano y amiga, para ella el mundo seguía en la misma frecuencia.

En Octubre, el cumpleaños número 15 de los gemelos se estaba aproximando así que Renata se propuso hacer una parrillada, en su casa que gozaba de una alberca lo suficientemente grande para soportar los juegos de sus compañeros.

- Hey Helena, te vas a quedar a dormir en mi casa después de la fiesta
- Obvio, quede en ayudarte de principio a fin
- Genial, gracias amiga. Espero que el tenerte en casa ese día, alegre a Pablo, que últimamente se carga una carita que ni yo entiendo qué le pasa.
- Si yo también lo he notado un poco extraño. Tu tranquila ya encontrare la forma de alegrarlo.
- Eso espero, por su bien, porque si con su actitud echa a perder mi fiesta, me las pagará.
- Entonces, será mejor que me ponga a trabajar en su regalo.
- Está bien, te veo mañana.
- ¿Cómo a las 10?
- Si. No se te olvide mi regalo, por pensar nada más en Pablo ehhh.
- Claro que no. Ciao.

Al día siguiente Helena estaba más que lista para la fiesta de sus amigos. Y llegó justo a tiempo para ver como sus padres los felicitaban y les entregaban sus respectivos regalos.

- Hay Hel, ¿no está hermoso? – preguntó Renata a su amiga que había recibido el set más completo que había visto para sus clases de pintura.
- Claro, esta increíble.
- Ahora, el punto será trasladar todo esto a la escuela.
- Creo que en eso puedo ayudarte. Felicidades!!! – gritó entregándole su regalo
- No te creo… esta genial, y es súper original. – dijo al ver que su amiga le había obsequiado un maletín con muchos compartimientos para sus pinceles y pinturas, pero lo mejor era que toda la parte exterior del maletín, tenía impresa la imagen de "El hijo del Hombre" de Magritte.
- Qué bueno que te gustó.
- Me encanta, de verdad que te has lucido.
- Gracias, y ahora te toca a ti Pablo. Espero que te guste – y le lanzó una de sus sonrisas que le hubieran quitado el aliento a cualquiera,
- Eh gracias… - mientras recibía de manos de Helena un sobre con un moñito que decía para la persona más especial en su día especial, Pablo creyó que Helena le estaba jugando una broma hasta que observó el contenido.
- Espero que te guste.
- ¡NO INVENTES! - fue la palabra más tonta que se le ocurrió decir, cuando vio que dentro del sobre estaban 2 entradas para el concierto de uno de sus grupos favoritos: Soda Stereo. ***(leer la nota al final de capítulo)
- ¿Puedo tomar eso como un sí?
- Pero dijiste que ya no habías podido conseguirlos, porque se habían agotado.
- Pues pensé que sería mejor un regalo de cumpleaños. Y por tu expresión parece que sí lo fue. – dijo llena de satisfacción.
- Jugaste con mis sentimientos, Helena, esto no te lo perdonare tan fácil.
- Ay a ver dime que tengo que hacer para que me perdones.
- Simplemente, bailar conmigo durante toda la fiesta
- Ay qué difícil, siempre bailo contigo en todas la fiestas, ¿seguro que con eso me perdonas?
- Sí, ya ven acá a darme mi abrazo. – Helena hubiera deseado no hacerlo, cada vez que la tocaba los recuerdos de su sueño regresaban a su mente. Pero por su bien trató de mantenerse lo más calmada posible.
- Oye y ¿ya decidiste a quién vas a llevar al concierto? – dijo para terminar el abrazo.
- Pues suponiendo que tu ya tienes tu boleto, me imagino que tal vez a Renata.
- Ay no a mi no me metas en tus cuentos, a mi me gusta Soda, pero prefiero oírlos en la tranquilidad de mi estudio; mejor lleva a Hel que es obvio que prefirió donarte ambos boletos antes que privarte de oírlos en vivo.
- ¿Es en serio, Helena?
- Más o menos, sí. Es que no se tal vez querías llevar a otra persona o yo que sé, y como solo conseguí dos, pues bueno.
- Y a quién más podría llevar. Evidentemente que el otro boleto es tuyo, nadie de los que conozco se merece ese boleto más que tú.

Después de eso fueron a desayunar y a supervisar que todo estuviera listo para la llegada de sus amigos. Que fueron más que puntuales y la fiesta dio inicio.

- Recuerda que solo puedes bailar conmigo. – susurró Pablo al oído de Helena, al ver que entre los invitados estaba Aldo.
- Claro, todo sea porque me perdones – respondió con sarcasmo.
- Bueno creo que es hora de que inicies a pagar tu deuda. - y se dirigieron a la improvisada pista que habían formado algunos de los invitados.
- Encantada.
- Helena bailarías conmigo – preguntó Aldo, cuando después de un rato está fue por un poco de agua a la mesa.
- Lo siento Aldo, Helena bailará solo conmigo – alcanzó a decir Pablo que regresaba al lado de Helena.
- Uy perdón cumpleañero, no sabía que Helena era tu regalo... –
- Lo es - Y la pareja se retiro, para volver a bailar.
- Ya deja de poner esa cara de satisfacción
- No tengo ninguna cara de satisfacción, solo estoy feliz por mi cumpleaños.
- Aja sí.
- Ya anda "No seas tan cruel" - dijo coreando la canción de Soda Stereo que se escuchaba de fondo - y sigue sonriendo que me encanta cuando lo haces, y de paso admite que fue divertido, dejar a tu galán con un palmo de narices
- Bueno un poco.
- Con eso me basta.

La música siguió hasta que el último invitado se fue. Ese había sido el mejor cumpleaños para Pablo, no sabía si era por el regalo de Helena, o si era por lo que significaba ella en su vida. Por su parte Helena solo pensaba en lo bien que la había pasado, toda la tarde había bailado con Pablo y su mente nadaba de felicidad solo de pensar lo cerca que lo había tenido.
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*** En realidad SODA STEREO anunció su separación y posteriores conciertos de despedida, hasta el 1ro de Mayo de 1997, y esta parte de la historia es aun en 1996, pero se me hizo una buena idea de regalo por eso moví un poquito las fechas.