sábado, 4 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 15

En los días siguientes los gemelos estrenaron sus respectivos regalos. Renata se la pasaba de un lado a otro con Diego, lo utilizaba como modelo de vez en cuando y Diego era muy feliz al ver a su novia tan inspirada.


Por su parte Pablo, pasaba todos los días, sin excepción, por Helena para llevarla a la escuela y así pasar juntos un tiempo antes de clases. Por las tardes la llevaba a su casa para comer, y después se iban a hacer la tarea, ya fuera a un café o a cualquier lugar. Aunque a veces se distraían un poco.

Llegó diciembre, iniciaron sus exámenes de final de semestre y cómo siempre Helena y Pablo eran los más destacados de su generación. Después de los exámenes, comenzaron sus vacaciones de invierno y ambas familias se habían ido a la finca a pasar las festividades. Renata había invitado de nuevo a Diego, claro él se regresaría a su casa para pasar la Navidad y el Año Nuevo con su familia.

Al regresar a la escuela, Helena pudo ver como Lorena seguía tratando de llamar la atención de Pablo y eso le desagradaba mucho, pero no quería hacer un escándalo; al final de cuentas estaba segura del amor de su novio.

En febrero llegó su cumpleaños, y se había planeado todo un festejo. Entre su madre y su madrina habían preparado toda una fiesta en los jardines de la casa de Helena. Habían decidido que una fiesta invernal sería una buena idea, así que se decoró todo el jardín de blanco, focos blancos de los que se usan en navidad, adornaban los arboles y tanto las mesas como la pista y el escenario eran de color blanco. Y en las invitaciones se sugería vestir de blanco, negro o gris.

La noche anterior a la fiesta, Helena estaba a punto de dormirse, cuando escucho música en el jardín, al asomarse por la ventana alcanzó a ver qué Pablo estaba con una manta en las manos. “Feliz Cumpleaños, mi Helena. TE AMO”. Detrás de él estaban unos músicos que interpretaban las mañanitas. Helena se quedó en su ventana hasta que terminó la canción y de inmediato salió hacia el jardín.

Cuando llegó a donde estaba su novio, otra canción inició. Pensó que Pablo la abrazaría pero en cambió comenzó a cantar.

- Eres mi bien
Lo que me tiene extasiado
Por qué negar que estoy de ti enamorado


De tu dulce alma


Que es toda sentimiento
De esos ojazos negros
De un raro fulgor
Que me dominan
E incitan al amor
Eres un encanto
Eres mi ilusión Dios dice que la Gloria
Está en el cielo
Que es de los mortales
El consuelo a morir Bendito Dios
Porque al tenerte yo en vida
No necesito ir al cielo tisú
Si alma mía
La Gloria eres tú ***

Helena estaba muy emocionada, y se juró así misma que jamás iba a olvidar la bella letra de esa canción, que aunque sabía que él no la había escrito, no le quitaba lo maravillosa. En cuanto terminó Pablo corrió a abrazarla.
- Feliz Cumpleaños – le susurró Pablo al oído.
- Pa… - Helena no pudo terminar de decir el nombre de su novio, pues este no se resistió al seductor encanto de sus ojos y la besó. A ambos se les olvido que había gente detrás de ellos y se besaron con toda la pasión que sentían. El beso duró hasta que uno de los músicos se limpió la garganta.
- Ups - alcanzó a decir Helena cuando recupero el aire.
- Creo que eso se queda corto – respondió Pablo divertido por la expresión de pena de su novia. – Señores otra canción por favor
- Gracias, me ha encantado es tan hermosa y cómo la cantaste, por dios ha sido más que genial 
- Solo canto así porque entiendo perfectamente la letra. Estoy tan enamorado de una hermosa señorita que se merece las canciones más bellas del mundo.
- Y yo que pensaba que cantabas así por mí.
- Que graciosa, Helena, que graciosa.
- Bueno gracias - Helena seguía riendo cuando vio que Pablo sacaba un estuche negro de su chaqueta y se lo entregó.
- Espero que te guste, ábrelo por favor. – Hizo lo que le pedía y descubrió que en el estuche había un bello diamante azul, como el de su anillo, en forma de corazón atado a una cadena de plata.
- Esta hermoso, muchas gracias. 
 - No te mereces menos, Te amo.
- Y yo a ti. – La música seguía sonando detrás de ellos que estaban absortos en sus miradas que lo decían todo.

Poco tiempo después llegaron los padres de Helena y Pablo se retiro junto con los músicos.

La mañana llegó y Helena estuvo ocupada todo el día ajustando los detalles sobre su vestuario. Cuando llegó la hora toda la familia esperaba que Helena bajara por las escaleras, en especial Pablo. Cuando Helena por fin apareció se veía radiante, el vestido la hacía ver más alta de lo que era y le delineaba su bella figura. Había elegido un vestido color plata que tenía pequeñas piedras bordadas en la parte superior. Pero su mayor adorno era el bello diamante que colgaba de su cuello.
- Felicidades, hija – le dijeron sus padres al unísono, que le extendían un sobre con un moño azul. 
 - ¿París? – preguntó al ver que el contenido del sobre era un boleto de avión fechado para el verano con destino a París.
- Pues tu padre y yo hemos creído que ya es hora de que disfrutes de la ciudad de las luces – agregó su madre
- Increíble, me encanta. Gracias a ambos. – Helena estaba más que feliz con la idea, le encantaban las ciudades europeas pero nunca había ido a Francia y este viaje la emocionaba de más, de inmediato una sombra de dolor invadió su felicidad.
- Ni pongas esa cara, hija – dijo su madrina al descubrir la dirección de los pensamientos de su ahijada – como sabíamos que no ibas a estar muy feliz de estar un mes lejos de Pablo.
- Pues hemos decidido que Renata y Pablo también van. – acabo por decir Miguel.
- Evidentemente tu madre y tu madrina los acompañaran – agregó su padre.
- ¡Papá! – exclamó Helena con la cara roja de la pena por la mirada que les había echado tanto a ella como a Pablo.
- Bueno, bueno. Lo importante es que haremos el viaje, todos. – interrumpió Renata para salvar a su amiga del bochorno.
- Sí, claro, Ren tiene mucha razón. Muchas gracias a los cuatro me han hecho muy feliz con este regalo. – Helena estaba contenta por el viaje, y le fascinaba el brillo de los ojos de Pablo al verla.

Cuando llegó a la parte del jardín donde estaban los invitados, atrajo la mirada de todos, de verdad que se veía bien. Cuando pasaban a felicitarla, los invitados no dejaban de ver el diamante azul que hacía una esplendida combinación con sus ojos.

Al terminar la parte de los saludos, Helena y Pablo se dirigieron a la pista de baile; si hubiera sido por ellos habrían bailado toda la noche pero Carolina llamó a su hija a casi al final de la velada para presentarle a unos amigos de su padre.

Pablo estaba agotado y quería alejarse del ruido de la fiesta así que se fue a la terraza de la casa. Estando ahí sus pensamientos se dirigieron al próximo viaje a París, no podía negar lo mucho que le gustaba la idea de estar con su novia en un lugar tan especial.
- ¿Pablo?
- Lorena, ¿qué haces aquí? – preguntó sorprendido ya que el pasó a la casa estaba restringido a los invitados.
- Vi que te saliste de la fiesta y te seguí.
- Ya veo, solo que quisiera estar solo.
- Pablo, ¿por qué eres tan cortante?, comprendo que cuando está Helena te comportes así pero ella no está aquí ahora y creo que nuestro trato podría ser distinto.
- Lo siento, no debí ser tan grosero. Pero te pido que entiendas que mi trato será así con o sin Helena presente.
- Pues yo no le veo el caso, sin Helena y sin tu frío comportamiento podríamos divertirnos más. – Lorena avanzó unos cuantos pasos para acortar la distancia entre ella y Pablo. Después tomó las manos de este y las colocó en su cintura, acto seguido ella le puso sus manos alrededor del cuello. 
- ¿Divertirnos? – dijo Pablo tratando de salir de esa situación tan extraña.
- Ya sabes a lo que me refiero – al momento que finalizó de decir esto le plantó zendo beso a Pablo que no sabía ni que hacer. Sus instintos le indicaban que debía responderle el beso, que estaba lleno de urgencia y necesidad, pero inmediatamente descartó la idea; aquellos labios que lo demandaban no eran con los que soñaba cada noche, ni de lejos eran esos labios dulces, audaces, cálidos y llenos de ternura que lo hacían ponerse de rodillas, esos solo pertenecían a su Helena. Sabía que no podía traicionarse a sí mismo y decidió ponerle fin a ese error, aunque fuera demasiado tarde.
- ¡Pablo! – él no necesitó levantar la mirada para descubrir de quien era esa voz. Hubiera reconocido la voz de Helena en cualquier lugar del universo.
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*** Autor Jose Antonio Mendez. Existen varias versiones de esta canción mis recomendaciones son con Los Tres Diamantes, Olga Guillot, Luis Miguel.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 14

- Están guapísimas! – exclamó Magdis al ver a su hija y a su ahijada.


El vestido de Renata era strapless, de un tono ligero en café con un listón negro que le marcaba la línea de la cintura, llegaba justo a la rodilla. Y lo había acompañado con unas zapatillas abiertas de un tono más oscuro que su vestido, consiguiendo el balance entre el cinturón y su vestido. Su pelo iba suelto quería lucirlo a todo lo largo. Solo había atado la parte de enfrente descubriendo en totalidad su cara. Helena por llevaba un vestido similar, pero azul metálico y un poco más corto. Le había puesto un cinturón plateado. Quería descubrir si Pablo lograba identificar el porqué de esa combinación de colores.
- Gracias
- Pablo te espera en el auto Helena, podrías adelantarte hija. – era evidente que su madrina quería un rato privado con Renata.
- Claro, Magdis. – asintió Helena que bajó de inmediato.

Pablo estaba recargado en el auto que los llevaría a la fiesta, estaba con la mirada perdida en el firmamento, absorto en sus pensamientos. Eso dio oportunidad a Helena para detenerse un momento a observarlo, estaba vestido completamente de negro, el color del traje era un tono más claro, pero no había gran diferencia. Sabía que Pablo era mucho más que una apariencia, lo que valía en el era su alma, pero esta noche no podía creer lo guapo que estaba. Se tuvo que recordar el cómo caminar, pues la imagen que presenciaba la había dejado atónita.

- Hola – dijo como un susurro. A Pablo se casi se le salieron los ojos al ver a Helena, no sabía cómo lograba ponerse cada vez más bella. La luz de la luna le iluminaba la cara con un brillo especial, parecía un ángel vestido de azul. El corazón casi se le detuvo cuando se dio cuenta que todo su atuendo era en honor al anillo que le había regalado, y que ésta portaba orgullosa en su dedo.
- Por dios, Helena estas hermosa, bueno más que eso. No creo que en este momento encuentre las palabras correctas para describir como te ves.
- Gracias, tu también estas guapísimo.
- No podía hacer menos, con una novia cómo tú soy presa de mucha envidia y hoy especialmente seré el blanco de todos.
- Oh si, sobre todo tú. Y qué me dices de mí, tú crees que no sufriré lo mismo cuando hasta a mi me has quitado el aliento.
- ¿De verdad te he producido eso?
- Si – dijo Helena mirándolo directamente a los ojos
- Entonces creo que sería mejor que no fuéramos a la fiesta, no quiero que sufras molestias. ¿Qué te parece si mejor, voy por mi coche y nos vamos por ahí?
- Me parece que si hacemos eso, Ren se encargaría de buscarnos por mar y tierra antes de dejarla en pleno festejo. – Helena ya no soportó las ganas y conforme fue terminando la frase se acercaba más y más a su novio, pero justo cuando iba a besarse llegaron sus padrinos con Renata. - Listo, ya vámonos que se nos hace tarde – dijo Renata, al momento que se subía al auto.

Cuando llegaron a la fiesta el lugar estaba lleno, todos sus amigos los habían recibido con un gran aplauso. Primero entraron Pablo y Renata, y detrás venían Diego con Helena. Pero no tardaron ni un minuto cuando después de terminado el aplauso, tomaron el lugar con sus respectivas parejas. Se dio la señal que ordenaba el inicio de la música y todos se ubicaron en la pista, Helena y Pablo no paraban de bailar, y cuando lo hacían era porque alguien quería saludar a Pablo. Pasaron cerca de dos horas y la música se vio interrumpida para anunciar la entrada del pastel que partieron ambos hermanos y que se llevaron de inmediato las personas del servicio, para empezarlo a repartir.
- Helena, puedes venir conmigo un momento - la llamó Renata
- Eh… claro Ren – respondió ante la mirada de su novio que le suplicaba no ceder a los deseos de su hermana.
- No tardo, Pablo. No serán ni 2 minutos. – pero era evidente que el tiempo para Pablo corría en otro ritmo cuando no estaba con Helena.
- Está bien, pero apúrate. – respondió con todo divertido.
- ¿Qué pasa Ren? –preguntó por fin cuando llegaron a una zona donde no había tanta gente.
- Es que me acaba de pasar algo increíble.
- ¿Qué pasó?
- Diego, por fin, me pidió que sea su novia.
- ¿Y qué le dijiste?
- Pues que si obvio, me gusta mucho.
- Ay, Ren estoy tan feliz por ti. Me tienes que contar todos los detalles.
- Te los contaré con gusto pero luego porque tienes que ir a cuidar a mi hermano, mira – y cuando se dio la vuelta, vi una escena que no le hacía ninguna gracia. Pablo se había ido a la barra por un refresco y cuando estaba distraído una voz lo sorprendió.
- Felicidades Pablo – dijo Lorena que estaba detrás de él – puedo darte un abrazo.
- Claro – y Lorena se lanzó a los brazos de Pablo. Él no se sentía muy cómodo pues el abrazo había durado mucho.
- Veo que Helena, te ha dejado muy solito. Porque no bailas conmigo en lo que ella regresa – le susurró al oído.
- Este … – Pablo no sabía qué hacer, así que rompió el abrazo de la forma menos grosera que se le ocurrió y la puso a su lado. Helena estaba que echaba chispas así que atravesó el lugar para llegar a Pablo y sin tener mucha idea de que hacer, siguió sus instintos.
- Aquí estas – y sin pensarlo mucho lo besó. A Pablo le encantó el arranque de su novia, la tomó por la cintura y correspondió su beso con la misma pasión que ella solicitaba. Helena subió sus manos y empezó a jugar con su cabello mientras él se dejaba llevar por la seducción del momento. A lo lejos Renata estaba divertidísima con las medidas que había tomado Helena, pero sobre todo con la cara de fastidio de Lorena. Esta tuvo que hacer un ruido con la garganta para llamar la atención de la pareja, que disfrutaba de su gran momento.
- Lo siento – dijo, fingiendo estar apenada por interrumpirlos.
- Ah, Lorena, estas aquí. – Helena estaba más que satisfecha con los resultados obtenidos, Pablo estaba totalmente concentrado en ella y por otro lado Lorena estaba que no la calentaba ni el sol.
- No hay problema, solo felicitaba a Pablo.
- Ven Pablo, esa canción me encanta. Vamos a la pista. – dijo que Helena que ya tenía a Pablo abrazándola por la espalda y dándole pequeños besos en el cuello.
- Nos vemos luego – alcanzó a decir Pablo, que estaba más que animado por la reacción de Helena.
- Adiós – respondió Lorena con fastidio marcado en la voz. En la pista de baile ya se encontraban Renata y Diego, que parecían tener su fiesta personal. Embebidos en su propio mundo.
- Ya te dije, lo mucho que te amo cuando te pones celosa. – susurró Pablo a su novia cuando habían conseguido llegar a la pista.
- Sí, pero no estoy celosa.
- No seas mentirosa. Si no ese beso ¿qué fue?
- Pues que tenía ganas de besarte.
- Vamos, es mi cumpleaños, al menos admítelo una sola vez. – y Pablo puso ojos suplicantes similares a los que ponía Renata cuando quería algo. 
- Ah, ¿en serio? Pues ojalá siempre tuvieras esas ganas.
- No cuentes con ello, porque ni creas que no vi como te abrazaba esa tipa.
- Pues has dicho bien, ella me abrazaba a mí, no yo a ella.
- Quien te viera tan grandote y tan indefenso.
- Es en serio, Helena. Lo bueno es que llegaste tú para salvarme de sus garras – esto último lo dijo con tono burlón – Anda concédeme el deseo de saber que estas celosa.
- Ay, está bien. Tu amiguita me cae en el hígado más cuando se pone tan cariñosa contigo.
- Pero tú fuiste más que convincente en demostrar quién es la única que puede ser cariñosa. 
- En serio, ¿Crees que lo haya entendido?
- Hmm, pues me parece que si me dieras otro beso igual al de hace rato, le quedaría un más claro.
- Tramposo – Pero Helena no quería dejar ninguna duda, así que atrapo a Pablo entre sus labios dejándose llevar por el momento y en la música que sonaba de fondo, había una canción que les traía los mejores recuerdos, “De Música Ligera” de Soda Stereo.
- Mi Helena eres tan hermosa con celos o sin celos. – suspiró Pablo.

No supieron más de la fiesta, sólo estaban concentrados en ellos y en su momento que iba más allá de la música ligera.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 13


Pablo despertó muy temprano, para ser sábado, un alboroto en el jardín se oía hasta su habitación. Decidió mirar por la ventana, pero no logró ver nada así que optó por bajar. Cuando llegó a la estancia de la entrada, vio a Helena.


- Feliz Cumpleaños
- Gracias –respondió antes que Helena lo abrazara y lo besara – no esperaba encontrarte aquí tan temprano.
- Digamos que quería ser la primera en felicitarte, pero si quieres me voy – mientras intentaba salir de los brazos de Pablo, que la había apretado más al oír la última frase.
- Claro, que no. Si por mí fuera desearía que todos los días fueran mi cumpleaños para que tú fueras la primera persona que viera al despertar.
- No sabía que despidieras tan azúcar por las mañanas hermanito, pobre Hel está a punto de un coma diabético. – gritó Renata desde las escaleras.
- Hola, Ren. Feliz cumpleaños. – dijo Helena antes de que Pablo respondiera al comentario de su hermana.
- Gracias, y tú ¿que no me vas a felicitar hermanito?
- Se me han quitado las ganas.
- Ay ya solo fue un comentario, no te enojes.
- Está bien. Feliz Cumpleaños Renata.
- Eso está mejor. Feliz cumple a ti también. Por cierto sabes donde andan mis papás, siempre nos despiertan y ahora nada.
- No ni idea, tú ¿los has visto? - preguntó Pablo a Helena que seguía en sus brazos.
- Si, por eso será mejor vayamos vamos al jardín – dijo Helena mientras jalaba la mano de su novio y lo guiaba hasta la puerta que daba hacía al jardín. Renata los seguía por detrás.
- ¿Y esto? – Pablo estaba realmente sorprendido, en la parte del jardín que tenía límites con la entrada, estaba un Ford Mustang, azul marino, convertible, asientos de piel en negro. Y al lado un pequeño Volkswagen Beetle, de color azul metálico.
- Feliz Cumpleaños – cantaron sus padres – esperamos que les gusten.
- ¿Gustarme?, esta de lujo. Me encanta. Gracias. – dijo Pablo
- Esta súper. Gracias pero nunca creí que a Pablo le gustaran los Beetles – agregó con sarcasmo Renata.
- Renata! – alegó Magdis, mientras todos rompían en risas.
- Es broma, ya sé que el Beetle es para mí, gracias está genial.
- De nada – respondieron Magdis y Miguel al unísono
- Sólo queremos darles lo mejor, pero les pedimos que sean responsables. El manejar no es un juego, no solo ponen en riesgo sus vidas sino la de otras personas ajenas a ustedes sino nuestra tranquilidad.
- Tengan por seguro, que haremos que no se arrepientan del regalo –argumentó Pablo - Si, Pablo tiene razón. Seremos responsables – agregó Renata.
- Hel, ¿quieres ir a dar una vuelta?
- Nada de vueltas, primero a bañarse, que mira en qué condiciones recibes a Helena y segundo vamos a desayunar en familia, porque todo el día vamos a estar ocupados con la fiesta. Así que apúrense los dos.
- Si, mamá. – respondieron.

El desayuno transcurrió con mucha calma, pues sabían que después de eso no tendrían mucha paz hasta que la fiesta hubiera concluido. Después Renata decidió ir a arreglar unas cosas antes de convertir su habitación en lo que prácticamente sería un salón de belleza. Y Pablo y Helena se habían quedado en la sala.

- Bueno, creo que ya es hora de que te de tu regalo – dijo Helena a su novio.
- Yo creí que mi regalo eras tú
- Si quieres puedo devolverla – dijo Helena sonriendo al ver como la cara de Pablo cambiaba cuando está sacó una guitarra que Pablo había visto en una tienda hace apenas unas semanas. - Helena, ¿cómo te acordaste? – decía sin poder creer que su novia le pusiera tanta atención - Pues no pude evitar ver la mirada que tenías cuando la viste en la tienda, y luego con eso de que era igual a la de Cerati, pues supe que sería un buen regalo; así que unos días después fui por ella.
- Pero es que creí que no me habías puesto atención cuando lo dije. No lo puedo creer, eres increíble, ahora entiendo porque cada día te amo aun más.
- Ah, pues digamos que es parte de mi encanto, tú sabes. – Helena estaba feliz de que a Pablo le hubiera gustado su regalo. Y él se lo agradeció de la única manera que sabía que Helena jamás rechazaría. Dejó su nueva guitarra a un lado y tomó la cara de su novia entre sus manos. 
 - T E AMO – le decía cuando le besaba los ojos, las mejillas, la nariz, y finalmente los labios. Se sonrieron, era un momento tan perfecto, tan íntimo. Solo con sus miradas lograban decirse miles de cosas porque era su corazón el que hablaba. Ni siquiera hacía falta que Helena respondiera, pues su mirada decía todo lo que Pablo necesitaba.

Así estuvieron hasta que Renata entró a la habitación buscando a su amiga y ordenando a su hermano que se fuera a hacer cualquier cosa, porque ella y Helena estarían ocupadas.

Las horas pasaron muy rápido, cuando se dieron cuenta ya era momento de irse al lugar de la fiesta.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 12

A mediados de septiembre, Helena y Pablo habían quedado, como siempre, en reunirse para hacer la tarea en casa de este último.

Cuando Helena llegó, escucho un debate en la sala y entró para ver qué pasaba.

- Helena, que bueno que llegaste. Dile a Pablo que no te molesta ayudarme en los preparativos de nuestra fiesta de cumpleaños. – ordenaba Renata con una cara de niña necesitada, que hacía reír a su amiga.
- Ni te atrevas a molestar a Helena por enésima vez en tu vida, que no ves que contrabajos y pasamos las tardes juntos y ahora tu me la quieres quitar. – respondió Pablo al ver que Helena era presa fácil de los deseos de su hermana.
- Pues podríamos ayudarle los dos, si lo que te preocupa es el tiempo – logró decir Helena.
- Ya ves hermanito, te dije que Hel no me dejaría sola – mientras ponía cara se suficiencia y salía directo a su estudio.
- Helena, no me hagas esto. Por piedad sabes cómo se pone Renata cuando se trata de fiestas.
- Exacto, y no crees que podríamos pasar más tiempo juntos, y no simplemente haciendo la tarea – dijo Helena con tono de insinuación
- Hmm. Eso de más tiempo y menos tarea me agrada – y con una mano atrajo a Helena hacia él para darle un beso. Soltó su mochila cuando vio las intensiones de su novio. Cuando Pablo había alcanzado su objetivo la apretó contra él, tomándola por la cintura, le besó la frente, la nariz y finalmente los labios. El beso al principio fue suave, lleno de ternura, pero poco a poco la necesidad que sentían el uno por el otro se hizo presente y el beso se tornó más intenso, su respiración se volvió agitada. Y Pablo seguía abrazando a Helena como si la quisiera fundir a él.

- Pablo – dijo en un suspiro – la tarea. Pablo no oía razones y no sabía de dónde Helena se sacaba la cabeza fría para decir esas frases, cuando él estaba a punto de arder de deseo por su novia. De pronto un sonido los sobresaltó, era el teléfono que estaba sonando. Ambos seguían agitados, sabían que la necesidad entre ellos iba creciendo conforme avanzaba su relación, pero no podían ser víctimas de un simple deseo. Además Helena se había jurado a sí misma ser lo más prudente que pudiera, pero era algo que cada vez era más difícil.

- Joven Pablo, le llaman por teléfono – gritó una voz a través de la puerta
- Ah sí, acá contesto – respondió mientras veía como Helena recogía su mochila y se sentaba en la alfombra.
- ¿Hola? – Helena se dio cuenta que él respondía de manera distraída lo que fuera que su le preguntaban del otro lado de la línea – Está bien. Adiós.
- ¿Quién era?
- Ah, Lorena, quería saber si había tarea de francés.
- Pues que se vaya comprando una libretita, como los niños de primaria – dijo por lo bajo, tratando que Pablo no la oyera.
- Me encanta que te pongas celosa. Te ves aún más guapa. – al parecer el oído de Pablo era muy bueno, y era suponerse al final de cuentas la música era su mayor hobbie.
- Nadie esta celosa, sólo fue un consejo – dijo evitando la mirada de él.
- Pues entonces te has puesto más guapa en tan solo unos minutos. – Pablo buscaba la mirada de su novia, así que se sentó junto a ella y con el pulgar en su barbilla hizo que lo viera directamente a los ojos – Te Amo y por eso tengo que admitir que me encantan tus celos, no sólo por lo guapa que te pones, sino también porque demuestran lo mucho que te importo.
- Pablo eres lo más importante en mi vida.
- Tú también eres lo más importante de mi existencia, siempre lo has sido y siempre lo serás. – Tras un beso, decidieron ponerse a hacer la tarea, si no nunca terminarían.

Los días pasaron y la fiesta cada vez estaba más cerca. Renata había decidido rentar una discoteca para realizar la fiesta. Por lo que eso redujo por mucho los preparativos que se tenían que hacer. Y brindó a Helena y Pablo más tiempo para estar juntos. Cuando las invitaciones estuvieron listas, se encargaron de repartirlas. A pesar de ser de primer semestre, habían logrado hacer amigos que eran mayores, y así una invitación a la fiesta de los gemelos era todo un privilegio.

Sabor a mi - Capítulo 11

Cuando regresaron a México, y Pablo cumplió su promesa de reponerle esas dos semanas a Helena. Pasaban todos los días juntos. Hasta que a la siguiente semana entraron a la escuela.
- No puedo creer que nos hagan esto – dijo Renata algo indignada al saber que Helena y ella estarían en el mismo salón pero sin Pablo y sin Diego, que se había convertido en alguien muy cercano a Renata.
- Ah, ya decía que no todo podía ser tan perfecto – respondió Diego. Y Renata lo miró con intriga. No sabía muy bien lo que había querido decir, o mejor dicho no quería hacerse ilusiones.
- Pues a mí no hace feliz no estar con Helena, pero al menos ella está con Ren.
- Tiene razón, y bueno la escuela solo ocupa la mitad del día y podremos vernos en los recesos, ya verás no puede estar tan mal. – bueno eso creyó Helena.

Ese día por la mañana Helena estaba pensativa en su recámara, había despertado mucho antes de que su alarma sonara. Sus pensamientos se remontaban al año pasado. En cómo un sueño le había cambiado la vida para siempre, en cuan feliz era ahora. Siempre lo había sido, pero no tenía comparación con las bondades que el destino le había concedido.

Era momento de prepararse, la escuela, sus amigos y sobre todo su novio la esperaban. Para variar, la llegada de Helena, provocó que muchos de los alumnos voltearan a verla. El último año se había puesto aun más bonita y no aparentaba la edad que tenía. A los pocos minutos se encontró con Diego que esperaba poder ver a Renata antes de ir a clases, pero los gemelos aun no llegaban.

Finalmente, arribaron a la escuela y Pablo saludó a su novia con la misma intensidad del año pasado solo que esta vez le dio un ligero beso en los labios. Faltaban pocos minutos para la primera hora de clases, así que tuvieron que separarse para entrar a sus salones que quedaban justo enfrente pero en edificios diferentes.

Helena y Renata, buscaron asientos y los demás muchachos no pudieron evitar ver la belleza de ambas jóvenes, por lo que no pidieron tiempo y les hicieron plática. No pasó mucho tiempo cuando llego el primer profesor y comenzaron oficialmente los días de prepa.

En el receso los que tenían esperanza de invitar a las amigas a desayunar, se vieron sorprendidos porque sus novios ya las esperaban en el pasillo. Renata corrió hacia Diego alejándose de su hermano. Pablo miraba a Helena llenó de expectación, así que cuando llegó donde estaba ella la tomó en sus brazos y le dio el beso que no le había podido dar en la mañana.
- Eso fue revitalizante – dijo Helena con una sonrisa que le iluminaba la cara.
- Te extrañé, las clases no lo mismo sin ti. – devolviéndole la sonrisa y tomando su mano.
- Lo sé, a mi me pasó lo mismo.
- ¿Quieres ir a comer algo?
- La verdad, no tengo mucha hambre y ¿tu?
- Yo tampoco, prefiero pasar este tiempo contigo que en la cafetería, rodeados de extraños que no paran de verte.
- Claro que no, pero si ese fuera el caso yo podría decir lo mismo de las mujeres. No creas que no vi como te veía esa muchacha con la que hablaban Diego y tú hace rato.
- Así que me espiabas - dijo haciéndose el ofendido, aunque más bien estaba divertido.
- No, solo es que cuando miré por la ventana ahí estaban.
- Aja si – respondió mientras tomaba la tomaba por la cintura y le susurraba al oído – Te amo aun más cuando te pones celosa.
- No estoy celosa – alcanzó a decir antes de que Pablo volviera a ocupar sus labios.

Helena sabía que no había nada que temer, podía estar segura de los sentimientos de Pablo, pero no le gustaba ver como las demás veían a su novio. Y las cosas no mejoraban mucho ya que después de la 1ra semana, Lorena, la joven que había visto con Pablo y Diego, los seguía a todos lados. Por lo que decidieron que era mejor desayunar con Diego, Renata y otros amigos que ya habían hecho. Los días pasaron, por las mañanas se dedicaban de lleno a la escuela y en los recesos estaban con sus amigos, mientras que por las tardes las pasaban juntos con el pretexto de la tarea.