viernes, 10 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 20

Helena no habló en todo lo que restaba de la tarde, más que para agradecer la compañía de las personas que conforme llegaban le daban el pésame. Ni siquiera sabía cuánto tiempo había pasado solo supo que Pablo no la dejó ni un minuto sola. Pasada la medianoche Helena por fin habló.

- Podemos salir un momento al jardín
- Sí, vamos. – Pablo llevó a su novia a una de las bancas que estaban en el jardín de la funeraria. Ella no dejaba de mirar al vació pero en ningún momento soltó su mano – Vaya, no creí que hiciera tanto frío.
- No lo siento – dijo Helena cuando Pablo le puso su saco sobre los hombros.
- Aun así no quiero que te vayas a resfriar – era obvio que lo que menos le preocupaba era resfriarse, pero tenía que reconocer que él solo quería cuidarla.
- Pablo, necesito que me digas como pasó. – Helena suponía que Miguel ya le había contado todo a su hijo.- ¿Estás segura que quieres saberlo ahora?
- Si.
- Un conductor se pasó un alto a toda velocidad y se estrelló contra el auto de tu madre, el golpe fue tan fuerte que no dio tiempo de que salieran las bolsas de aire.
- ¿Sufrió mucho?
- No, los médicos dijeron que murió al instante.
- ¿A qué hora fue?
- En la mañana, cuando iba a un desayuno de beneficencia. Le pregunté a mi padre porque nos habían dicho hasta la tarde, pero nadie supo nada hasta el mediodía que llamaron a tu padre.
- Pablo, gracias por estar a mi lado, no sabes lo mucho que te necesito en este momento. – en momento Helena dejó de mirar al vacío y concentró su mirada en él.
- Siempre estaré contigo. Seré tu fuerza cuando ya no puedas más, seré tu refugio cuando te quieras esconder, seré el oxígeno que necesites si ya no puedes respirar, toma de mi lo que quieras que solo vivo para ti, mi Helena. – a pesar de todo el dolor que embargaba el corazón y la mente de Helena, al oír las palabras que Pablo pronunciaba con tanta devoción, pudo recuperar solo por un segundo la paz que unas horas antes le había sido arrebatada.
- TE AMO - logró decir antes de hundir su cara en el pecho de su novio y derramar las lágrimas que parecían no tener fin. Pablo la abrazó con fuerza y estuvo ahí hasta que Helena se calmó. Las horas pasaban lentamente, la recomendación de la funeraria había sido que la familia se retirara a descansar para volver al día siguiente, pero ni Helena ni su padre tuvieron la fuerza para dejar solo el cuerpo de su madre.

Pronto llegó el amanecer que había sido el más triste de sus vidas, al medio día se celebró una misa que estuvo abarrotada por toda la gente que apreciaba a la familia de Helena, además de muchos de sus compañeros de escuela.

Después de la misa, se llevaron el cuerpo hacia los crematorios. El dolor que sintió Helena de ver partir el cuerpo de ese ser que le dio la vida, fue desgarrador, pero el dolor de su padre no tuvo comparación. Álvaro sintió como una parte de su corazón moría lentamente, la mujer que estaba en ese féretro le había dado los momentos más dichosos de su vida, aún recordaba cuando la conoció, cuando aceptó ser su esposa, cuando le brindó la alegría de ser padre, los momentos en que juntos criaron a su hija. Todos esos recuerdos parecían morir poco a poco mientras veía el féretro partir.

Ni Pablo ni su familia, se separaron un instante de Álvaro y Helena. Esperaron con ellos hasta que les entregaron las cenizas de Carolina, los acompañaron a dejarlas al mausoleo. Y cuando todo había terminado los llevaron hasta su casa, que no habían pisado desde hacía más de 24 hrs.

Padre e hija se quedaron en la sala, en silencio. Parecía como si la casa hubiera perdido todo brillo, ni las flores del jardín lucían igual, en el ambiente se sentía la falta de Carolina.
- Papá, creo que debes descansar un poco.
- No sé, si pueda. No creo ni siquiera poder entrar a la habitación que compartía con tu madre. – Helena se dio cuenta que su padre tenía mucha razón, cómo iba a lograr dormir en una cama que había compartido con un ser que no regresaría jamás.
- ¿Quieres que te acompañe?
- Te lo agradezco, pero creo de nada serviría, simplemente no tengo la fuerza para abrir esa puerta. Prefiero irme al cuarto de huéspedes.
- Está bien. Pediré que te preparen la habitación lo más pronto posible.
- Gracias, voy un momento a la biblioteca, que me avisen cuando todo esté listo
- Si. – Helena se dirigió a la cocina donde estaba la gente de servicio, y dio las instrucciones necesarias.

Cuando salió de ahí no sabía si la veían con lastima, con verdadera pena o qué. Se sintió por completo desolada. Y sabía que solo algo la podía hacer sentir más tranquila. Se fue de nuevo a la sala y tomó el teléfono.

- ¿Pablo?
- Helena… - no terminó ni de decirle un saludo cuando está volvió a hablar
- Sé que no has dormido nada y estás muy cansado pero… - se quedó callada un momento.
- No hace falta que digas más, voy para allá. No tardo. – Pablo corto inmediatamente la llamada y por un momento Helena sintió una terrible angustia. Se preguntaba si estaba lo suficientemente despierto para manejar, o si por llegar rápido le pasaba algo. Era evidente que lo acontecido con su madre la había afectado en más de un aspecto. Helena esperó con preocupación los minutos que Pablo se tardó en llegar a su casa. Se sintió muy aliviada de ver que era el chofer quien lo llevaba.
- Ves te dije que no tardaría.
- Pablo… - lo abrazó como si no lo hubiese visto en años. Era evidente que la preocupación tenía parte de la culpa de ese abrazo, pero la otra parte era la necesidad de sentirse protegida.
- Ya, mi Helena. Vamos adentro – sin soltarla la llevó a la sala. Se sentaron en el mueble más amplio.
- Gracias
- No tienes porqué – Helena vencida por el cansancio se recostó en el regazo de Pablo y pronto se quedó dormida. Al poco rato Álvaro salió de la biblioteca pues su habitación estaba lista.
- Pablo, que no te habías ido con tus padres.
- Si, lo hice pero me llamó por teléfono y vine para acá inmediatamente.
- Gracias, hijo, por ser el apoyo que en este momento no puedo darle a mi niña.
- Álvaro, no tienes nada que agradecer. Tu hija es mi vida entera, siempre estaré para ella.
- Gracias. Bueno, será mejor que la lleve a su habitación.
- Si, no te molesta, lo haré yo.
- Está bien. – Álvaro se retiro a su habitación y Pablo llevó a Helena en brazos, como si fuera un bebé.

La dejó sobre su cama y después de un rato Helena despertó. Se dio cuenta que Pablo estaba sentado en la silla de su escritorio, observando una foto que era idéntica a la que ella le había regalado en su primera Navidad juntos.
- Vuelve a dormir.
- No, quiero darme un baño.
- Está bien, iré a la sala.
- No, no es necesario.
- Si es lo que deseas, ve aquí me quedo entonces.
- Gracias. Cuando salió del baño, Pablo seguía ahí, como lo había prometido. Estaba recostado en la cama, no se podía distinguir si se había quedado dormido o solo estaba descansando, así que Helena se recostó a su lado con mucho cuidado, en ese momento sintió como uno de los brazos de Pablo la atraían hacia su pecho.
- Duérmete – le dijo Pablo
- No puedo
- ¿Quieres que me vaya?
- ¡No, no por favor! – casi gritó Helena
- Entonces ¿por qué no puedes dormir?
- Porque tengo miedo de que cuando despierte no estés conmigo y todas las pesadillas regresen.
- Eso es fácil, me quedaré contigo todo el tiempo que quieras. Solo espero que a Álvaro no le moleste.
- No lo hará, él sabe que te necesito más que nunca.
- Siendo así, duerme que yo velare tu sueño. – Helena se sintió protegida en los brazos de Pablo y no volvió a despertar hasta el día siguiente.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 19

“Adiós, Pablo. Siempre te voy a amar, Siempre.”

Esa era la única frase que Helena recordaba de su sueño, recordarlo le causaba un inmenso dolor pero no sabía porque, esto la dejó un poco nerviosa pues la última vez que había soñado algo tan vívido fue cuando se dio cuenta de lo que sentía por Pablo. A partir de ese día había vivido 3 años de inmensa alegría, había conocido experiencias que nunca imaginó y había amado con toda su alma. Pero qué podía significar ese sueño. Decidió no darle importancia, pues lo único que tenía que hacer era concentrarse en los exámenes que debía presentar para, en unos meses más irse con Pablo a Harvard.

Febrero llegó trayendo consigo el cumpleaños 18 de Helena, su festejo se llevó a cabo en un bar que acaban de inaugurar en la ciudad, asistieron muchos de sus amigos, que no podían dejar la oportunidad de festejarla. La noche transcurría tranquila al igual que los días que siguieron hasta que llegó Marzo.

Un día de Marzo, después de la escuela, Pablo llevó a Helena a un centro comercial para comprar un vestido que usaría el fin de semana, en la fiesta de una de sus amigas. En eso estaban, cuando recibió una llamada.

- ¿Hola?
- Pablo, ¿Helena está contigo? Es que no me contesta la llamada.
- Si, papá. Solo que se está probando un vestido y dejó su celular en su bolsa. ¿Quieres que te la comunique?
- No, solo regresen ya a la casa
- ¿Pasa algo?
- Solo vengan lo más pronto posible.
- Está bien, te veo en un rato. Helena salió del probador y Pablo le dijo sobre la llamada, así que pagaron el vestido y se fueron de regreso a casa.

Cuando llegaron, la casa estaba en completo silencio, se dirigieron a la sala, donde Helena alcanzó a ver a su padre de espaldas.

- Papito, ¿Qué pasa, qué haces aquí?
- He…lena – dijo con la voz entrecortada y cuando su hija lo vio, esos ojos azules que compartían se llenaron de lágrimas.
- ¿Por qué lloras? – ella buscaba en las caras que la rodeaban, la respuesta que no hubiera querido oír nunca - ¿Qué pasa?
- Hija, tu madre sufrió un accidente y no… - dijo su padrino Miguel antes de que su voz se cortara – y no sobrevivió.
- ¿Qué estás diciendo padrino? Papá dime que no es cierto, por favor, dime dónde está mi mamá. – Álvaro solo pudo abrazar a su hija sumido en un llanto profundo que reflejaba la verdad de las palabras de su amigo. Helena estaba en shock.
- Será mejor que vayamos a la estancia – dijo Miguel para darle privacidad a su amigo y a su querida ahijada. Todos salieron, incluso Pablo que no podía dejar de pensar en el sufrimiento que embargaba el corazón del ser más importante de su vida.

Poco a poco Helena fue comprendiendo lo que significaba todo eso, y unida a su padre, sus lágrimas fluyeron. En un instante su vida perfecta había terminado, un giro de 180° la había dejado sin una de las personas más importantes en su vida, y a su padre sin la razón de su existencia. Ni siquiera podía pensar en lo que seguía, solo pensaba en que la mañana de ese día fue la última vez que vio, escuchó y sintió el cariño de su madre.

- Álvaro, perdón por interrumpir, pero acaban de hablar de la funeraria. Ya nos están esperando. – Miguel que siempre había apoyado a su amigo no lo iba a dejar solo justo en este momento y se hizo cargo de todos los trámites funerarios.
- Será mejor que vayamos a la casa a cambiarnos. – respondió cual autómata.
- No te preocupes, mande a tu casa por ropa para ti y para Helena. Acaban de llegar con ella. Puedes irte a cambiar a la habitación de Pablo y tú hija ve con Renata
- Gracias, Miguel. – en los ojos de Álvaro a pesar de la tristeza también hubo una luz de agradecimiento para su amigo.

Cuando Helena estuvo lista bajó a la estancia donde estaba Pablo esperándola. No se necesitaron palabras, simplemente en cuanto Pablo la vio corrió a abrazarla y con su cariño trató de hacerla sentir menos mal en un momento tan oscuro de su vida. Ella al sentir todas las emociones que le brindaba el abrazo, volvió a romper en llanto. Lloró tanto que sus lágrimas mojaron la camisa de Pablo a quien no le importó ni un momento, pues solo quería estar a su lado y ser su apoyo.
- Hija, ya los estamos esperan
do en el auto. – dijo Magdis. Ninguno de los dos dio cuenta cuando el padre de Helena pasó detrás de ellos.
- Ya vamos – respondió Helena tratando de contener las lágrimas. Cuando lo logró se fueron directo al auto y de ahí partieron a la funeraria, donde solo la esperaba el cuerpo de su madre.

Llegaron a la funeraria y el féretro aun no estaba en la sala que estaba reservada para la familia, a los pocos minutos Helena vio como la puerta de un elevador, que estaba al final de la gran estancia que compartían todas las salas, se abría y de ahí salieron 2 hombres de traje negro que traían el féretro donde estaba su madre. Pablo se dio cuenta de esto, y tomó con fuerza la mano de su novia.

- Aquí estoy – le susurró al oído.
- Si – logró decir con un nudo en la garganta.
- Helena – dijo su padre, que la solicitaba a su lado. Iban a colocar el féretro en el centro de la sala y por única vez se abriría para ver a su madre en su lecho de muerte.
- Voy – Helena suspiró de manera audible y Pablo pensó en soltarla pero ella en cambió se aferró más a su mano – ¿Me acompañas?
- Claro – respondió Pablo. Cuando llegaron a donde estaba Álvaro, él abrazó a su hija por los hombros permitiendo que Pablo la siguiera tomando de la mano. Los hombres de traje abrieron el féretro y Helena sintió una punzada en el corazón al ver a su madre así tan tranquila, parecía dormida como si fuera a despertar en cualquier momento.
- Carolina – Álvaro dijo el nombre de su esposa como un suspiró que llevaba la esencia de una despedida. Helena no pudo articular palabra, sabía que si hablaba rompería en llanto y no se sentía capaz de poderlo controlar otra vez. Solo observó la despedida de su padre y sintió como las lágrimas le rodaban por las mejillas. Después se ordenó a los trabajadores que volvieran a cerrar el féretro, pues la gente empezaba a llegar.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 18

- ¿Estás bien? – preguntó Pablo, con la voz llena de preocupación. Tenía miedo de que Helena estuviera arrepentida.

- Sí, lo estoy – respondió abrazándolo aún más fuerte. Helena no podía dejar de sonreír, Su cabeza apoyada en el pecho de su novio, le permitía oír los latidos de su corazón. Sus brazos la rodeaban fuertemente haciéndola sentir pequeña y protegida. – solo pienso en lo confortable que es estar en tus brazos de esta manera. Es como si supiera que aquí nada me va a pasar.

- Es que a mi lado nada te va a pasar. Siempre cuidaré de ti.
- Gracias.

Después de esto se quedaron callados, solo se veían a los ojos, cuando hacían esto, ellos no necesitaban las palabras, sus miradas lo decían todo. Pasaron algunas horas y fue tiempo de regresar a casa.
- No sé cómo voy a hacer para volver a la realidad, después de este maravilloso momento. Si por mi fuera me quedaría a tu lado toda la eternidad. – dijo Pablo
- Yo tampoco me movería de tu lado, pero tenemos que regresar si no quieres que tus padres sospechen.
- Si, tienes razón.
- Además siempre podrás volver a estar a mi lado. Ahora te pertenezco más allá de todo. Tú eres el dueño de mi vida, de mi alma y de mi corazón.
- TE AMO, como no tienes una idea. De verdad que te Amo.

Helena guardó su vestido en su bolsa y se puso una ropa más propia para una tarde normal. Pablo se volvió a colocar su camisa y apagaron las velas que guardaron en un armario escondido del que solo ellos tenían llave.

Se fueron caminando de regreso a la finca. Cuando llegaron Renata los estaba esperando para que ella y su hermano fueran a la sala a partir un pastel que sus padres habían mandado a hacer.

A los dos días regresaron a la ciudad. Al parecer la corta estancia en la finca no solamente había traído hermosas experiencias para Pablo y Helena; ahora Renata volvía a estar llena de esa alegría y encanto que la habían caracterizado desde siempre. En la escuela se le veía feliz yendo y viniendo de un lado a otro. Definitivamente, Diego era cosa del pasado.

Los meses avanzaron, así como la relación de Helena y Pablo. Si bien habían vuelto a estar varias veces juntos después del cumpleaños. Las cosas no habían cambiado mucho, regularmente preferían pasar las horas a solas platicando, planeando qué carreras y cuáles universidades eran las mejores para ambos; las tardes que más le gustaban a Helena era cuando pasaba horas escuchando cantar a su novio. Algunas eran canciones escritas por él y otras simplemente eran canciones que no importaba si eran actuales o pasadas de moda, las cantaba únicamente para decirle a Helena cuanto la amaba.

Pronto llegó el año nuevo, y cuando se dieron cuenta Helena ya estaba cumpliendo 17 años. La vida era tan dulce al estar al lado de las personas que amas, que Helena no podía pedir más. Pablo era su vida entera, pero no dejaba de lado a sus amigos y sobre todo a sus padres. Según ella eran los mejores del mundo aunque en segundo lugar estaban sus padrinos. Todo en su vida era mucho más que perfecto, lo que ella tenía era una bendición de los cielos.

Cuando entraron a su último año de preparatoria, comenzaron también los arreglos para las universidades. Una tarde llegó Pablo de sorpresa a la casa de Helena lo que hizo que ella se preguntara el por qué de la urgencia.

- Pablo, ¿Qué haces aquí tan temprano?
- Necesitamos hablar, Helena. Vamos al jardín ¿quieres?
- Está bien
- ¿Pasa algo malo?
- Eso parece. Hoy hablé con mi padre sobre lo de estudiar economía y le pareció una grandiosa idea.
- ¿Y eso que tiene de malo?
- Qué piensa que la mejor opción es Harvard y no Brown como tú y yo habíamos acordado.
- Oh ya veo – Helena sabía lo que eso significaba, serían del Ivy League como siempre habían querido pero estarían en estados diferentes.
- No me quiero separar de ti, pero mi padre se ha puesto en un plan que no entiendo.
- Yo si lo entiendo. – esta respuesta sorprendió a Pablo, que acaso Helena no había entendido nada. – siempre ha querido lo mejor para ti y eso incluye la educación.
- Pero si me voy a Harvard, no te podré ver tan seguido. Estaremos a un estado de distancia.
- Pablo, respira – dijo Helena viéndolo directamente a los ojos – ya encontraremos una solución. Sé que nuestro destino es estar juntos, así que sólo debemos tranquilizarnos para poder ver la solución con la cabeza fría.
- ¿Cómo lo haces?
- ¿Hacer qué?
- Llenarme de paz. A tu lado las cosas ya no parecen tan malas. De verdad que te amo, guapa.
- ¿Guapa?
- Shhh… ven acá. – Pablo tomó a su novia entre sus brazos y estuvo abrazándola hasta que los brazos se le cansaron.

En los siguientes días dedicaban sus tardes juntos a revisar las opciones que podían tener para no estar tan separados.

- ¡Ya lo tengo! - gritó Helena mientras veía a Pablo tocando una de sus canciones favoritas.
- ¿Qué?
- Espera tengo que ir por mi mochila – Helena sacó unos papeles de su mochila y corrió hacía Pablo. – Mira
- ¿Divinity School? – la duda de Pablo iba creciendo
- Si, Harvard tiene una de las mejores escuelas sobre el estudio de la religión.
- Si…
- Pablo que no lo ves, podría estudiar alguna de las carreras que se ofertan ahí. Sé que no es exactamente Historia, pero me conozco bien y terminaría estudiando eso tarde o temprano.
- ¿Cambiarías de carrera para que yo pueda estudiar en Harvard?
- Digamos que solo es un cambio en el itinerario, el objetivo no cambia mucho.
- No te voy a dejar. Helena estudiar lo que quieres es algo que yo no te puedo quitar.
- Mírame, tú no me quitas nada. Además es mucho más importante que estudies economía en el mejor lugar que te puedan ofrecer. Tienes mayor responsabilidad que yo, algún día serás el líder en la compañía de Miguel y necesitas todas las bases para ser el mejor.
- Pero …
- No hay pero que valga. Historia puede esperar, además ni que me fuera a quedar sin estudiar.
- Te Amo, cada día te juro que te amo más. Si sigues así vas a ser que mi corazón explote de tanto amor.
- Mentiroso - dijo Helena mientras Pablo se fue acercando más a ella hasta estar en una posición que daba mucho que entender.
- Mi amor por tu es la verdad más grande en el universo. – dicho esto se besaron y se amaron como pocas veces se daban la oportunidad de hacerlo. Esos momentos eran tan verdaderos entre ellos, siempre tiernos, siempre demostrando que no podían vivir el uno sin el otro.

Helena llegó esa tarde extasiada, no sabía si por lo que había pasado en casa de Pablo o por la idea de que iba a estar con él, ayudándolo a ser el líder que su padre esperaba que fuera.

- Hola, puedo hablar con ustedes – dijo Helena que encontró a sus padres en la biblioteca.
- Claro, nena ¿Qué sucede? – preguntó su padre con algo de inquietud
- Es que ya he decidido que carrera voy a estudiar.
- ¿Y bien? – preguntó su madre
- Estudio de las Religiones, Etnias y Políticas
- Y eso sería en Brown o en Harvard con Pablo
- Harvard – respondió apenada al ver que sus padres ya conocían el motivo de su cambio
- Hija sabes que apoyamos tus decisiones por que siempre has sido responsable y sabes bien lo que quieres, pero no crees que es demasiado dejar la carrera que quieres solo por no estar lejos de Pablo.
- Lo sé, y créanme entiendo su preocupación, pero de igual manera algún día iba a terminar en Harvard, estudiando lo mismo. Y pues creo que eso no afecta mucho o sí
- Solo queremos lo mejor para ti.
- Exacto. Y lo mejor para mi es estar al lado de Pablo y en una universidad que me abre las puertas del mundo.
- Lo de la universidad no lo negamos, no cabe duda que es de las mejores.
- Entonces, no veo el problema, por favor.
- Está bien. Pero algún día tendrás que estudiar historia.
- No se preocupen por eso. Lo haré.
- Hay Helena, siempre logras que cedamos antes tus deseos.

Así con el apoyo de sus padres y la felicidad de sus padrinos de ver lo mucho que Helena apoyaba a su hijo, se iniciaron los trámites para el ingreso. Cómo todos, había que presentar exámenes y muchas pruebas más, así que su último año estuvo acompañado de muchas visitas a la embajada norteamericana, cosa que para Helena no era nada nuevo, desde que nació estaba acostumbrada a que cuando acompañaba a su padre a las reuniones, visitaban diversas embajadas en distintos países y eso la había acostumbrado al mundo de la diplomacia.

El cumpleaños 18 de los gemelos se celebró con una cena con varios de sus amigos más cercanos y posteriormente una salida a bailar para festejar la mayoría de edad. A pesar de que Helena y Pablo no podían estar separados mucho tiempo uno del otro, habían logrado cierto equilibrio en sus relaciones que les permitió hacer muchos amigos. A Helena, las mujeres habían aprendido a respetarla e incluso a admirarla porque su personalidad era muy diferente a cómo ellas hubieran creído en un principio. Pablo y Renata tenían ese encanto natural que hacía que nadie se resistiera a su amistad.

Renata había anunciado que pese a lo que su hermano y su amiga habían decidido, ella quería estudiar en Brown. Sabía que los extrañaría pero no podía negar que Brown le brindaba la oportunidad de estudiar el arte que tanto amaba.

Con el año nuevo llegó junto con el nuevo milenio, todos creían que el nuevo año traería aun más alegría a sus vidas. Los padres de Helena y los de Pablo y Renata, sabían que ese año sus hijos se irían a otro país a estudiar, pero tenían que reconocer que era lo mejor para ellos. Pero nadie contaba con las sorpresas que les depararía el nuevo año.

martes, 7 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 17

Para cuando volvieron a México, Renata esperaba ver a Diego al que no había visto en un mes. Pero al encontrarlo, las cosas era muy distintas, Diego le dijo que había conocido a alguien en el verano y que no quería seguir su relación con Renata. Ella quedó muy triste pues se estaba enamorando y la habían traicionado.

Pablo y Helena estaban muy preocupados por Renata se veía de verdad dolida, así que optaron por pasar la mayor cantidad de tiempo con ella, como antes cuando no eran más que amigos. Los días pasaban como agua, cada día era más corto, y sin darse cuenta habían regresado a la escuela, su segundo año era más fácil.

Pronto llegó el cumpleaños de los gemelos que por única ocasión no fue celebrado como estaban acostumbrados, era más bien el ánimo de Renata el que no estaba como para organizar fiestas y Pablo pues no tenía muy bueno recuerdos de la última. Así que decidieron irse a la finca en un fin de semana largo que les dio la escuela con motivo del aniversario 25 de su fundación.

Renata había considerado que la mejor forma de disfrutar su día era haciendo lo que mejor sabía hacer y eso era pintar.

Por su lado Helena tenía una sorpresa que Pablo nunca olvidaría. Después de la comida Helena le había dejado una nota sobre su guitarra.

“Te veo en la cabaña del sol a las 8. No llegues tarde. Te ama, tu Helena.”

Pablo estaba intrigado, pero decidió esperar a la hora señalada. Para llegar a esa cabaña había dos maneras caminar o en caballo, estaba un tanto retirada del resto de las habitaciones de la finca y solo se usaba por los invitados cuando hacían fiestas muy grandes. Por la hora decidió irse caminando, no le gustaba montar de noche.

Cuando llegó a la cabaña, Helena lo estaba esperando en el pórtico tenía un vestido largo, que tenía tirantes gruesos alrededor de su cuello en azul marino, en medio de ellos colgaba el corazón azul que nunca más se había vuelto a quitar; la parte del pecho era una franja blanca el resto era una falda azul marino que tenía una caída que marcaba sus curvas. Pablo la miraba sorprendido, nunca pensó que su novia se hubiera arreglado tanto para aquel momento.
- Felicidades – dijo Helena al abrazarlo
- Gracias.
- Ven vamos adentro – Lo jaló hacia la puerta y cuando la abrió estaba iluminado con velas de diferentes tamaños, además un ligero sonido de música hacía de la escena tuviera un toque íntimo.
- Está muy acogedor – dijo mientras la abrazaba – que linda gran sorpresa.
- Y aún falta lo mejor
- ¿Más?
- Pablo, siempre has dicho que yo soy tu mayor regalo en la vida, y quiero que así sea siempre, pero ahora quiero materializarlo.
- ¿Te refieres a… - Pablo sabía exactamente a qué se refería su novia, incluso aunque no se lo dijera con las palabras exactas. Lo habían hablado mucho después de su viaje a Francia. Pero Helena no estaba segura y Pablo nunca la presionaría. Helena sabía que no podía estar con otra persona más que con Pablo, por eso antes de irse a la finca fue con la doctora que la había atendido desde que dejó de ser una niña, para tomar todas las precauciones necesarias. Sabía a lo que se enfrentaba por eso no quería dejar ningún cabo suelto, no le gustaba estar desprevenida y menos ante situaciones como estas
- Yo deseo estar contigo.
- Helena, Te amo, pero no quiero que te sientas presionada, de verdad puedo esperar, mi único deseo es que tú siempre seas la única mujer en mi vida.
- Ya eres el dueño de mi alma y de mi corazón, quiero pertenecerte totalmente. Te Amo, Pablo.

Él posó las manos en los hombros de ella, y su piel desnuda estaba fría al tacto. Cuando sus caras se aproximaron él se sentía lo bastante inseguro como para pensar que ella se escabulliría, o le cruzaría. Su boca sabía a miel. Se separaron durante un segundo, él la rodeó con los brazos. Le besó la frente, los ojos, la nariz, la mandíbula, fue bajando por su cuello hasta los hombros. Helena estaba más que extasiada, disfrutando el rose de los labios de un ser tan especial sobre su cuerpo. Pablo se puso de nuevo frente a frente y ella comenzó a desabotonarle la camisa azul que tanto le gustaba y después desabrochó el cinturón y los botones de su pantalón. Él por su parte deslizó uno de los tirantes del vestido hasta hacerlo caer sobre su brazo hizo lo mismo con el otro. La camisa de Pablo cayó al piso, Helena no podía creer lo bien que lo hacía lucir la luz de las velas, lo había visto muchas veces sin camisa pero esta vez su abdomen le parecía el regalo de algún dios del Olimpo. Cuando Pablo logró abrir el cierre del vestido, este cayó inmediatamente sobre el piso de madera, dejando a su bella novia expuesta ante sus ojos. Solo la cubría la ropa interior pero lo que se dejaba ver era suficiente para que él sintiera explotar mil emociones dentro, era una sensación única. No resistió más el deseo y besó a Helena, audazmente, se tocaron la punta de la lengua, y fue entonces cuando ella emitió el sonido de desfallecimiento aquel sonido pareció penetrarle, perforarle de arriba abajo de tal forma que el cuerpo se le abrió y pudo salirse de sí mismo y besarla libremente. El sonido suspirante que ella hizo era ávido y a él también le inspiró avidez. Abrasándola la llevó hacia la cama tenían detrás de ellos. Habían permanecido inmóviles durante un lapso de quizás medio minuto. Un plazo más largo habría exigido el dominio de algún formidable control. Empezaron a hacer el amor. Se aproximaron, se juntaron más hondamente y luego, durante varios segundos seguidos, todo se detuvo. En lugar de un frenesí extático, había inmovilidad. Estaban paralizados no por el hecho asombroso de haber llegado, sino por una sensación sobrecogida de retorno: estaban cara a cara en las sombras que producían las velas, mirando fijamente a lo poco que podían ver de los ojos del otro. Perdidos en esos colores que parecían diseñados para un ser mitológico y que los hacían tan únicos.

- MI HELENA, solo mía – Susurró el nombre de ella con la parsimonia de un niño que ensaya sonidos distintos.
- Pablo - Cuando ella respondió pronunciando el nombre de él, sonó como una palabra nueva: las sílabas eran las mismas, pero el sentido era diferente. Por último, él dijo las dos sencillas palabras que ni el arte malo ni la mala fe pueden abaratar del todo.
- TE AMO
- TE AMO

Podían no creer en muchas cosas, pero era imposible no pensar que había una presencia o un testigo invisible en la habitación, y que aquellas palabras pronunciadas en voz alta eran como las firmas de un contrato inmaterial.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 16

- Helena, espera por favor.
- Déjame en paz – gritó Helena desde las escaleras que llevaban a su habitación.
- Escúchame, tengo que explicarte.
- No quiero otra más de tus mentiras, vete – al decir la última frase, se arrancó la cadena que traía el diamante y la aventó al piso; Pablo se quedó frío al verla hacer esto. En verdad la había lastimado.
- Será mejor que nos vayamos – dijo Renata entregándole la cadena a Pablo.
- Pero tengo que hablar con ella, Ren todo fue un error, debo explicárselo. – decía Pablo con total desesperación.
- No te va a oír, que no has visto cómo iba, deja que se calme y mañana hablas con ella.

Renata conocía bien a su amiga, no escucharía razones en ese momento. Y en ella caía la responsabilidad de calmar a su hermano que no estaba nada bien.

La noche para Helena fue un martirio total, no paraba de llorar pues sentía como el último año se venía sobre ella a pedazos, no se explicaba como Pablo le podía a ver mentido de esa forma. Si en verdad deseaba estar con otra pues por mucho dolor que le causara ella lo aceptaría pero debió de hablar con la verdad. Para Pablo la noche no fue muy diferente, se la pasó en vela pensando en cómo le explicaría a Helena lo que había pasado. No dejaba de recordar cómo se quitó su corazón y es que era exactamente eso, en ese diamante iba el corazón de Pablo. Le tenía que demostrar que estaba equivocada, él nunca había mentido sobre sus sentimientos, la amaba y no se imaginaba la vida sin ella, esa no era una opción. No se le ocurrió más que hacer lo que mejor le salía, Helena tenía que escucharlo, le rogaría de rodillas si era necesario pero debía de oírlo.

Al día siguiente Pablo habló a casa de Helena y le dijeron que había salido con Renata, al parecer su hermana se había adelantado a todos sus planes. Aunque tampoco podía olvidar que además de ser su hermana también era la mejor amiga de Helena.

- ¿Viste a Helena, que te dijo? – Pablo necesitaba las respuestas urgentes de su hermana que acaba de cruzar por la puerta.
- Ya está más tranquila y aceptó verte.
- En serio, voy por mi coche. – Pablo adoraba a su hermana, sin pedirlo había intercedido por él.
- Ni te emociones, no quiere que vayas ahorita. No desea que sus papás se enteren lo que pasa, todavía.
- ¿Entonces?
- Me dijo ellos tienen una cena con unos amigos, así que te espera a las 8 en su casa. 
- Gracias Ren, te adoro.
- Ni me lo agradezcas mejor piensa en una buena forma de disculparte con Helena, no tienes ni idea de cómo esta.
- Renata nunca fue mi intención, no pasó nada.
- Ahórrate las explicaciones conmigo, de nada sirve que yo te crea si es Helena quien debe hacerlo.
- Está bien, gracias de todas formas.


A las 8 en punto Pablo estaba entrando a la casa. Una de las empleadas le dijo que Helena lo esperaba en el jardín.
- Hola - dijo Pablo al ver a Helena sentada junto a la alberca. No podía entender cómo lograba verse tan linda incluso en medio de la oscuridad de la noche.
- Hola
- ¿Podemos hablar?
- A eso viniste, ¿no? – a Pablo le partía el corazón la frialdad de Helena. Ni siquiera había volteado a verlo, tenía la mirada perdida en la barda que daba hacia la calle.
- Helena, lo que viste ayer no es lo que tú crees.
- Entonces, creo que necesito una cita con el oculista – al decir esto volteó a ver a Pablo con los ojos llenos de dolor, nunca la había visto así.
- No, Helena por favor, escúchame.
- Es qué me puedes decir que haga diferente lo que vi.
- Para empezar fue Lorena quien me besó. Ella me siguió hasta la terraza y provocó todo.
- Ay si y tu pobre niño de 8 años, que no te puedes quitar a una persona de su tamaño de encima.
- Me tomó por sorpresa te lo juro. Ni siquiera la había visto en la fiesta, ella me buscó.
- Yo los vi besándose.
- No pudiste verme a mí besándola porque jamás le respondí el beso.
- ¿Qué acaso debí de esperarme más tiempo para tu pudieras besar a tu amiguita en santa paz? No soy tonta. Por favor vete de mi casa, no te quiero ver más.
- Helena, por favor.
- Por favor nada, solo vete.

Pablo salió del jardín pero no estaba dispuesto a dejarla así cómo así, necesitaba su perdón. Así que aplicó el plan B, ese que había desarrollado en la noche. Fue a su carro y sacó su guitarra acústica. Se dirigió al jardín con la esperanza de que Helena siguiera ahí. Y así era, por lo que comenzó entonando la canción que había escrito como plan B.



Perdón vida de mi vida
Perdón si es que te he faltado
Perdón cariñito amado ángel adorado dame tu perdón
Jamás abra quien separe amor de tu amor al mío
Porque si adorarte ansió
Es que el amor mío
Pide tu perdón
Si tú sabes que te quiero con todo el corazón
Que tú eres el anhelo
Tú eres mi esperanza
De mi única ilusión
Ven calma mis angustias
Con un poco de amor que es todo
Lo que ansia cuando ama que es todo lo que ansia
Cuando ama mi pobre corazón
Si tú sabes que te quiero con todo el corazón
Que tú eres el anhelo
Tú eres mi esperanza
De mi única ilusión
Ven calma mis angustias
Con un poco de amor que es todo
Lo que ansia cuando ama que es todo lo que ansia
Cuando ama mi pobre corazón.



Helena estaba más que congelada, no había contado con la astucia de Pablo con su música, pero dudaba en creerle. Él la veía directamente a los ojos que estaban llenos de lágrimas.
- Pablo… - no pudo decir más porque Pablo dejó su guitarra sobre el pasto y avanzó hacía ella. Tomó su rostro entre sus manos.
- Helena, no le respondí porque no puedo besar otros labios que no sean los tuyos. Simplemente no puedo, Te Amo y eso no es ninguna mentira. Solo contigo me siento así. Eres mi primer amor y vas a ser el único. Perdóname por favor. – viendo que lo ojos de su novia mostraban un haz de ternura entre todo ese dolor que tenía, la besó.
- Mien…tes – decía Helena que trataba de quitárselo de encima. Trataba de no ceder al beso de su aún novio, pero su cuerpo no respondía. Sabía que su lugar era al lado de Pablo pero no podía ser tan débil. Como pudo se liberó de sus labios, pero Pablo no permitió que se alejara más pues la tenía bien sujeta por la cintura.
- Mírame a los ojos acaso ves que miento cuando digo que TE AMO y que al único ser que quiero besar eres tú. Te necesito para respirar, para vivir, no puedo estar sin ti. Qué acaso mis labios no te han demostrado lo que mi corazón siente. – y sin esperar a que respondiera volvió a besarla. Esta vez no tuvo tanta resistencia por parte de Helena, así que no se contuvo ni un segundo, deseaba que su esencia invadiera su interior, hasta la última célula de su cuerpo pertenecía a Helena. Fue entonces cuando ella emitió el sonido de desfallecimiento, de suspiro. No podía negar la necesidad que sentía por estar con él. Helena moría en deseo por su novio, se amaban de eso ya no había duda. Lo que ellos sentían no podía fingirse y no podía acabar por un error.
- Pablo, no sé si puedo, no lo sé – dijo Helena cuando logró controlar su respiración.
- TE AMO, eres mi Helena, sin ti mi mundo no tiene ningún sentido. Te rogaré de todas las formas posibles hasta que me perdones, por favor.
- Júrame por tu vida que nunca volverá a pasar algo así.
- Te lo juro por mi vida y por todo lo que me pidas. Mi corazón siempre será tuyo, ¿Lo aceptarías de nuevo? - y le entregó el diamante azul que se había arrancado una noche antes.
- Siempre – y se levantó el cabello para que Pablo se lo colocara.

Después de la reconciliación las cosas casi volvieron a ser como antes.

Lorena se había dado cuenta que simplemente no podía separar a Pablo de Helena, y se dio por vencida. Por su lado Pablo y Helena estaban explorando terrenos que no harían muy felices a sus padres. Pero era algo que ya no podían controlar como antes. Se sentían cada vez más atraídos él uno por él otro.

Cuando llegó el viaje a París, no habían considerado que era época de mundial de futbol, así que la ciudad estaba llena de aficionados de todas partes del mundo. Ahora entendían porque sus padres les habían regalado el viaje a los tres. Aunque a Helena y a Renata no les gustara el futbol, había que reconocer que se la pasaban divertidísimas con los demás aficionados que estaban en el mismo hotel. Las ciudades que conocieron, además de París, los habían dejado más que encantados a los tres, pero eso provocó que el mes que estuvieron se les hiciera como una semana. Cuando se dieron cuenta ya era hora de regresar a México.
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Sigan atentos esta semana, que más problemas se avecinan.