miércoles, 22 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 36

Para cuando Helena volvió a casa, había tomado una decisión. Al siguiente día la informó a su jefe.

- Antoine ¿puedo hablar contigo un momento?
- Claro, pasa a mi oficina – le señaló, ya que iba llegando.
- He tomado una decisión
- ¿Y bien?
- Acepto irme contigo a México.
- Excelente. Helena te juró que no te vas a arrepentir. No tienes idea de cómo ayudará esto a tu carrera.
- Gracias, Antoine. Espero no decepcionarte.
- Yo sé que no lo harás.
- ¿Y cuándo tenemos que estar allá?
- A finales de Octubre, tú tranquilízate que mi asistente se encargará de todo. Sólo dime algo, ¿Tienes donde llegar o también necesitas que arregle la renta de una casa para ti?
- Pues no, a decir verdad necesito donde vivir.
- No sé hable más. Hoy mismo veré que Allie se encargue de todo eso, a menos que quieras hacerlo tú.
- No, tomaré tu oferta, la verdad no tengo mucho tiempo para encargarme de eso.
- Entonces ella se encargará de todo. Tú sólo preocúpate por terminar todo aquí.
- Gracias, Antoine.

Una vez dicho esto, empezaron los preparativos para la mudanza. Helena no quiso decirle nada a Renata pues tenía miedo de que ella y sus padrinos la obligaran a quedarse en su casa y aunque no temía ver a Pablo, el vivir a su lado podría ser muy incómodo.

Al único que le contó todo fue a Oliver, que estaba muy feliz de que ella también hubiera logrado escalar en su carrera.

- Oli, me vas a tener que ir a visitar a México, Promételo
- Te lo Prometo.
- Pero tú también debes venir a Francia, algún día. Hay muchas cosas que quiero mostrarte.
- Claro, tu solo espérame que las siguientes vacaciones que tenga, serán en Francia.
- Perfecto, aquí estaré para ser tu guía.

Los meses pasaron increíblemente rápido, cuando se dio cuenta Octubre ya había llegado y faltaba muy poco para irse. Así que tuvo que contarle la verdad a Renata. 

- Hola Ren
- ¡Helena¡
- ¿Cómo estás?
- Muy bien pero te extraño mucho, me temo que un día de estos me iré a visitarte. Tengo que contarte tantas cosas.
- En serio, entonces la noticia que te voy a dar servirá de mucho.
- ¿Qué noticia?
- Que me han mandado a trabajar a México
- ¿Qué? No te creo, ¿me estas bromeando verdad?
- No. Es en serio, llego en 5 días.
- ¿5 días? Helena Lascurain Briz, ¿Desde cuándo lo sabes? – dijo con tono de molestia por la verdad que le había ocultado su amiga.
- No tiene mucho, anda no te enojes. Lo importante es que iré a visitarte.
- Sólo por eso te perdonaré. Sólo deja que lo sepan mis padres se van a poner felices.
- Este… bueno me parece que ya lo saben.
- ¿Qué?
- Pues tú sabes que mi papá y Miguel se cuentan todo y bueno Miguel no se lo podría ocultar a Magdis.
- Ah no, eso no tiene perdón Helena. No puede ser. Enterarme yo de última, bueno casi última pero no es justo.
- Renata no seas caprichosa.
- Ahora yo soy la caprichosa. Estoy decepcionada, mi mejor amiga me dejado de tercera o quizá de cuarta en su vida, porque ¿ya lo sabe Oliver?
- Mmm… Si
- Lo ves, me has olvidado.
- No podría hacerlo, eres muy importante para mí.
- No te creo, me has olvidado.
- Claro que no
- Está bien. Lo demostrarás viniendo a mi fiesta de cumpleaños a la finca.
- ¿Qué?
- Tu prometiste visitarme
- Sí, pero no en la finca.
- Entonces es cierto, ya no te importo, que dolor – dijo con la voz más chantajista que tenía y que usaba siempre que quería algo.
- Está bien. Iré.
- Genial, ya verás que contentos se ponen todos cuando lo sepan.
- ¿Todos?
- Sí, TODOS, incluyendo al lento de mi hermano. 
- No Ren, por favor, no le digas que voy.
- Bueno está bien. El punto es que vienes a verme a mí y no a él.
- Sí, exacto. 

Siguieron hablando de cómo había tomado esa decisión y de todo lo que había pasado desde ese día. Y sobre su llegada a México, la noticia había dejado más que emocionada a Renata.

Sabor a mi - Capítulo 35

Helena se despertó esa mañana sobresaltada, su alarma la había despertado de un sueño que parecía más bien un recuerdo, ella estaba en su casa en México, cuando escuchó la guitarra del ser que más amaba en su vida. Al asomarse por la ventana, como solía hacerlo cuando Pablo le llevaba serenata, lo vio, ella bajó inmediatamente al jardín y él empezó a cantarle una canción que estaba segura jamás le cantó cuando eran novios, aunque no recordaba al Pablo que dejó, más bien soñó con el Pablo adulto, aquel que había visto hacía unos meses en el elevador. 

Nadie, como a ese ser que yo ame alguna vez,
Hoy simplemente forma parte de mí ayer,
Mas hoy yo siento sus caricias en mi piel, así. 

Nadie, con esos ojos que me miran desde lejos,
Con esa risa que entibiaba mi tristeza,
Con esa boca de ternura tan audaz, porque. 

Vuelve a mí,
Que solo y triste me quede sin ti,
Y vivo sin hallar a quien querer,
Escúchame mi amor. 

Antes de terminar la canción la abrazó muy fuerte y le cantó al oído la última estrofa de la canción. 

Vuelve a mí,


Que solo y triste me quede sin ti,


Y vivo sin hallar a quien querer,
Vuelve mi amor. 

Justo cuando ellos se iban a besar, el despertador sonó y la sacó de ese bello sueño con tintes de recuerdo. 

Después de eso tuvo que levantarse para irse al trabajo y continuar con su vida. No se podía detener por un sueño porque por hermoso que fuera solo era eso un SUEÑO. 

- Helena dice Antoine que vayas a su oficina – le dijo una de sus compañeras al llegar a la oficina. 
- Ok, ahora voy. 
- ¿Puedo pasar? 
- Pasa, siéntate por favor. – respondió Antoine Fournier. Él era francés pero había vivido en New York desde niño, era muy alto y delgado. Sus ojos eran de un negro profundo y su cabello muy oscuro, su piel era blanca. 
- ¿Y dime de qué quieres hablar? 
- Helena, desde que entraste a esta oficina a hacer tus prácticas, todos supimos que tenías un talento enorme y al paso de estos años lo has desarrollado estupendamente. Mis superiores se han dado cuenta de tu gran talento y te has ganado su respeto. Por eso no se opusieron cuando les dije que te quiero llevar conmigo a la nueva oficina que se instalará en México. 
- ¿Qué estás diciendo? 
- ¿Habías oído que se estaba pensando seriamente en mandar un comité permanente del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales? 
- Si pero con lo de la crisis creí que había quedado pendiente. 
- Pues ya ves que no. ¿Entonces aceptas mi oferta? 
- ¿Tengo que tomar la decisión ya? 
- No, tienes hasta mañana. 
- ¡Antoine! 
- Necesito tener a mi equipo formado cuando antes. Por favor no lo pienses mucho es tu gran oportunidad. 
- Está bien te daré una respuesta mañana. 

Cuando terminó sus labores en la oficina, Kate la secretaria de su padre, la llamó para decirle que su padre la esperaba para comer en uno de sus restaurantes preferidos. A Helena le sorprendió un poco pues cuando hacía algo así le avisaba casi una semana antes, sin embargo su agenda estaba libre y asistió. 

- Hola, papito. Perdona la demora. 
- No te preocupes a mí también me tocó bastante tráfico. 
- Bueno así ya no me siento tan mal. 
- Te parece si ordenamos. 
- Claro, muero de hambre. – Su padre mando llamar al mesero y pidió las cartas. Así como uno de sus vinos preferidos. 
- Papá, ¿qué festejamos? 
- ¿Por qué preguntas eso? 
- Pues desde que soy pequeña, cuando vas a festejar algo pides ese vino. 
- Ay Helena, tu suspicacia me recuerda tanto a tu madre. – dijo mirándola con una gran ternura en los ojos. - ¿De verdad no sabes qué festejamos? 
- No, dímelo por favor. 
- Hoy me llamó Antoine, diciéndome que quiere llevarte con él a México. 
- Papá, aún no tomo una decisión. Y no estoy segura de aceptar. 
- Helena el puesto para él que te quiere es muy importante. No debes dudar en aceptarlo. 
- Pero… 
- Hija, creo que llegó el momento de que dejes a este viejo y hagas tu vida. 
- Pero, ¿Qué estás diciendo papá? 
- Que hace poco me di cuenta de tu gran sacrificio, nena. Antes mi propio dolor me cegaba y eso hizo que aceptara que te fueras conmigo a Alemania. Pero ahora que ha pasado el tiempo me he dado cuenta de todo. 
- Para mí no ha sido un sacrificio, yo me fui a Alemania porque quería aprender de ti. 
- No es necesario que me mientas más. No sé en qué momento te enamoraste de tu profesión, pero estoy seguro de que no fue cuando decidiste irte a mi lado. Te doy gracias por haber estado a mi lado estos 10 años pero no puedo permitir que arruines tu vida y tu carrera por mí. 
- Estar contigo no es arruinar mi vida y bueno mi carrera la he logrado gracias a todo lo que me enseñaste. 
- Hija te conozco muy bien. Y desde que llegaste a Alemania tus ojos han estado llenos de dolor y nostalgia. Nunca más he visto ese brillo que tenías cuando vivíamos en México. Incluso después de que murió tu madre, lo seguías teniendo. Y creo que el dejar a cierto joven fue lo que te causo tanto dolor. Todo ha sido por mi culpa, si no hubiera sido tan cobarde y tan orgulloso a la vez, te hubiese obligado a irte a Harvard. Pero te necesitaba tanto. 
- Papá fui yo quien decidió irme contigo, tú no tienes ninguna culpa. No me arrepiento de no haberme ido a Harvard, ahora sé que me hubiera equivocado terriblemente estudiando esa carrera. De verdad que me apasiona mi trabajo. 
- Por eso mismo hija, debes aceptar el trabajo que te ofrece Antoine. Sé que tal vez sea muy tarde para regresar con Pablo, pero sé que regresar a México te puede hacer muy feliz. Y si eso no resultará puedes volver o quizá irte con Oliver a Francia. 
- ¿Estás hablando en serio? 
- Si, ahora que Pablo pues ya tiene en su vida a otra persona. Sé que Oliver te puede hacerte muy feliz. Helena lo importante es que te forjes tu propio destino, no qué te unas al mío. 
- Gracias, papá. No sabes cuánto aprecio todo esto que me dices, ahora podré pensar con más claridad en la respuesta que le daré a Antoine.

Después de esto Álvaro y su hija, disfrutaron de una gran comida, se sentían alegres por haberse sincerado tanto pero a la vez Helena estaba nerviosa por la decisión que tenía que tomar. Cuando salieron del restaurante dejó a su padre y fue a caminar por el Central Park, necesitaba pensar.
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Hoy también será doble capítulo, esperenlo a lo largo del día.
La recomendación: NADIE SIMPLEMENTE NADIE de Alejandro Fernández

martes, 21 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 34

Los meses pasaban rápido y Helena había vuelto a recuperar la tranquilidad. Oliver seguía frecuentándola y Renata era muy feliz con Alfredo. Una tarde de marzo, fueron a tomar un café y Renata le dijo una noticia que la puso triste.

- Ay Helena necesito decirte algo.
- ¿Dime?
- Ayer Alfredo me dijo que tiene que regresar a México.
- ¿Por qué?
- Es que su beca para estar aquí está a punto de vencer y no puede quedarse más tiempo. Habían dicho que posiblemente el CERN lo llamará pero aún no pasa y él tiene que irse.
- Oh no.
- Hel, no sé qué hacer. Él dice que sobreviviremos a la distancia, pero y si pasa lo mismo que pasó con Diego.
- Renata no compares el gran amor que se tienen tu y Alfredo, con la tontería que era Diego.
- Lo sé, pero no puedo evitar tener miedo. Por eso he pensado en irme con él.
- Te entiendo, Ren, si yo estuviera en tu posición haría exactamente lo mismo.
- Es que sé que si me voy, posiblemente no quieras visitarme.
- Estás loca. Claro que te visitaría.
- Incluso si mi hermano esta allá.
- Si el está, iré. Renata eres como mi hermana, y lo que pasó entre Pablo y yo fue algo muy hermoso que tuvo que terminar. Ahora él es feliz y yo también lo soy.
- Ay Helena, no sabes lo feliz que me haces. Gracias por apoyarme. Prometo que yo también vendré a verte.
- Eso espero.

Ambas amigas siguieron platicando los detalles de la mudanza. Y a Helena a pesar de que le dolía no ver más a Renata, tenía que admitir que lo que le había dicho era verdad. Siempre iba a amar a Pablo y por eso deseaba su felicidad. Y la próxima vez que tuviera que verlo sería diferente.

Renata se fue a inicios de abril, con la promesa de Helena de irla a visitar un día. Aunque ya no estaba más su amiga a su lado, seguía teniendo su trabajo que tanto amaba, y en el que cada día era mejor, y la compañía de Oliver que ahora la visitaba una vez por mes. La crisis económica que se vivía en USA en esos días, había afectado también sus viajes. Sin embargo un día a mediados de Mayo, Helena recibió su visita, algo inesperado ya que solían verse hasta finales de mes.

- Oli que grata sorpresa.
- Hermosa, ¿cómo estás?
- ¿Bien y tú? ¿Qué no ibas a llegar hasta la siguiente semana?
- Sí, pero tenía que hablar contigo en persona.
- Pues dime, que es eso tan urgente que te obliga a venir.
- Helena, me han ofrecido irme a Estrasburgo al Parlamento de la Unión Europea.
- Oh por dios. Es lo que siempre habías querido.
- Lo sé, Helena no te quiero dejar, prometí estar a tu lado. Pero no sé si pueda rechazar esta gran oportunidad.
- Oliver Ellsworth, ni se te ocurra quedarte por mí. Sé que habíamos acordado algo, pero no puedes dejar ir tus sueños, por algo que no es seguro.
- No estás enojada conmigo.
- Claro que no. No podría estar más feliz por ti.
- ¿Seguirás siendo mi amiga?
- Por supuesto Oli, siempre seremos amigos.
- Gracias Helena, de verdad que eres maravillosa.

Así Helena fue testigo de cómo su mejor amigo lograba cumplir sus sueños. Le alegraba que todos fueran felices, pero no podía evitar sentir nostalgia pues ya no tenía ni a Renata ni a Oliver a su lado.

Sabor a mi - Capítulo 33

A Álvaro le gustaba ver que su hija intentaba rehacer su vida y que Oliver era un chico muy tenaz, le recordaba a él en sus inicios. Sin embargo veía que ni de lejos su felicidad se comparaba a cuando estaba con Pablo, incluso después de la muerte de Carolina, Helena seguía con ese brillo en los ojos. Pero cuando llegó a Alemania toda esa felicidad había terminado y sus ojos estaban llenos de nostalgia. 

Una calurosa tarde de Junio, Helena había regresado anticipadamente de un viaje que había hecho a Rio de Janeiro y como Oliver no llegaría a visitarla hasta la noche, aprovechó para buscar a Renata. Estuvo tocando el timbre de su departamento pero al parecer no había nadie. 

Se dirigió a los elevadores y cuando estaba esperando que las puertas de su elevador se cerraran, vio como las puertas del elevador de enfrente se abrían solo para mostrarle la escena que nunca hubiera querido ver. 

Ahí estaba a unos metros de ella. Una mujer de cabellos teñidos, mucho más pequeña que ella en estatura que besaba a un hombre. Justo cuando él levantó la vista, Helena lo vio directamente y reconoció esos ojos que amaba tanto, inmediatamente, las puertas del elevador se cerraron. 

- Pablo ¿Qué tienes? 
- ¿Qué? 
- Tienes la cara pálida como si hubieras visto un fantasma. 
- Es que eso vi 
- ¿Qué cosas dices? 
- Nada, olvídalo. Será mejor que entremos. 
- Está bien como quieras. 

Helena salió casi corriendo del edificio, y tomó un taxi que la llevará directamente a su casa. Álvaro seguía en UN así que estaba prácticamente sola. Se encerró en su habitación y sintió como el dolor invadía cada parte de su cuerpo. Durante 9 años creyó que estaría preparada para una situación de ese tipo, pero la realidad la superó era demasiado ver a Pablo besar a otra. Las horas pasaron y la noche cayó sobre la ciudad. 

- Srita Helena, el joven Oliver la está esperando en la sala – Helena se había olvidado por completo de la visita de Oliver, no podía dejarlo plantado, así que se arreglo y salió a su encuentro. 
- Hola, Oli – le dijo Helena con voz rasposa de tanto llorar. 
- Helena – cuando Oliver la miró se dio cuenta al instante que ella no estaba bien. - ¿Qué tienes? 
- Nada, solo me dolía un poco la cabeza. 
- ¿quieres que me vaya? 
- No, ya pasó. Mejor vamos a salir, quiero dar una vuelta 
- Será como gustes, hermosa. – Oliver la abrazó y le dio un beso en la frente. 
Salieron de la casa y caminaron por la calle, tomados de la mano. 

- Helena, dime qué te pasa. No creo que un dolor de cabeza te haya puesto así. 
- Oli, no sé de que hablas. 
- Por favor, confía en mí como lo hacías al principio. No quiero que eso cambie en nosotros. 
- Es que… - Helena se había dado cuenta que no le podía seguir ocultando la verdad a Oliver. Él había sido honesto sobre sus sentimientos y ella tenía que serlo también. 
- ¿Qué? 
- Oliver hay una parte de mi vida que no te he contado, perdóname por habértelo ocultado pero no es algo que me guste recordar todos los días. 
- Helena no hay nada que haga que mi aprecio por ti disminuya. Cuéntame por favor 
- Cuando vivía… - ella comenzó a relatarle toda su historia con Pablo, la muerte de su madre y cómo dejó al gran amor de su vida. 
- Por dios, nunca había escuchado algo así. ¿Y porque estas así, si eso pasó hace tanto? 
- Porque hoy vi a Pablo. Estaba con la que imagino es su novia. 
- Ahora entiendo. 
- Perdóname Oli, yo se que tu pones tanto de tu parte para que esto funcione y yo arruino todo por una simple imagen. Eres encantador y mereces algo mejor que yo. 
- Helena, por favor no te disculpes. Amar no es un pecado. 
- Es que no tengo derecho a contarte todo esto y mucho menos a estar triste por algo que yo misma provoqué. 
- Un amor así es difícil de olvidar. No tienes la culpa, ni siquiera te puedo reclamar. 
- Pero es que ahora soy yo la que debe entender que yo lo eché de mi lado y entre nosotros ya no puede haber nada. En esta historia no hay segundas partes, pero me cuesta tanto olvidarlo. 
- Tranquilízate, no sufras más. Por favor. – Oliver la abrazó muy fuerte cómo tratando de que ella no se desmoronada. Él suponía desde hace tiempo que su tristeza tenía nombre y apellido, y ahora que sabía la historia, tenía que reconocer que él tenía pocas posibilidades de ser parte de su vida. 



Renata llegó a su departamento en la noche y escuchó los mensajes de la contestadora. 

- “Hola, Ren. Ni adivinas, mi regreso a New York se ha adelantado y llegó antes del medio día. Tengo muchas cosas platicarte, te busco en la tarde. Te quiero. Helena” 
- ¿Muchos mensajes, cuñada? 
- ¿Cuñada? y a esta que le ha dado para llamarme así, ni aunque se casará con Pablo, y ruego porque no lo haga, nunca le permitiría decirme así. – pensó Renata con recelo y con temor de que Helena hubiera ido cuando estaban ahí Pablo y Laura. 
- ¿Renata? 
- Ah perdón, nada nuevo. 
- ¿Es muy común que los gemelos se pongan igual de raros el mismo día? 
- ¿Qué? – la pregunta tan incoherente de Laura, hizo pensar a Renata sobre de dónde sacó su hermano a esa novia. 
- Pues hace rato que llegamos veníamos en el elevador y justo cuando nos bajamos él puso la misma cara que tienes ahora. 
- Oh – Renata no pudo responder más, ¿podría ser que Pablo vio a Helena? 
- Bueno me voy a descansar, no quiero tener ojeras y estar toda fea al llegar a México. 
- Sí, claro. Hasta mañana. 
- Hasta mañana. 

Después de que Laura se retiro a su habitación. Renata se quedó en la sala pensando en las posibilidades que habría de que se hubieran encontrado. 

- Como quisiera tener a Alfredo aquí para me dijera su respuesta aritmética. - al decirlo, la sola idea le sacó una sonrisa. 
- ¿Estás hablando sola? 
- Pablo, ¿qué haces despierto? 
- No he podido dormir y vine por un poco de leche. 
- ¿Qué otra de las cualidades de tu noviecita es roncar? 
- Ren, no es gracioso. – la verdad era que seguía preguntándose si de verdad la mujer que había visto era Helena. O solo producto de su imaginación como aquella vez en Buenos Aires. 
- Bueno, bueno me disculpo por esa. Pero ya que estas aquí, dime ¿qué tal van las cosas entre ustedes dos? 
- Bien, creo. 
- ¿Cómo que crees? 
- No me hagas caso. 
- Pablo, por favor confía en mí. 
- Está bien. Yo sé que logras ver lo diferente que pensamos ella y yo, y aunque al principio eso me atraía mucho pero ahora esas diferencias nos están pesando cada día más. Y por si eso fuera poco sus celos me hartan. 
- Yo soy fiel creyente de cómo dos polos opuestos pueden ser los más felices, pero Pablo ¿por qué sigues con ella si es obvio que ya no te hace tan feliz como antes? 
- Pues porque de cierta forma todos esos problemas me hacen tener a Helena lejos de mi mente, el que sea tan diferente de ella me ayuda a no extrañarla tanto. 
- ¿La sigues extrañando? 
- Sí, hay días en que no sé cómo he podido estar tanto tiempo sin ella. Pero yo le hice una promesa y la voy a cumplir. Seguiré luchando por sacar adelante mi relación con Laura. 
- Espero que así sea hermanito, aunque ella no es santo de mi devoción sé que te devolvió un poco de la felicidad que habías perdido. 
- Gracias, Ren. Bueno será mejor que me vaya, si no mañana no vamos a llegar a tiempo. 
- Buenas noches. 
- Buenas noches, Ren. 

Pablo regresó a su habitación y por un momento pensó en regresar a la sala y preguntarle a Renata si acaso era posible que Helena estuviera en New York, pero decidió que no tenía sentido. Probablemente su hermana no le diría nada. 

Después de aquella noche en que Oliver conoció a fondo la pena de Helena. Tomó una decisión y habló con ella. 

- Hermosa, creo que debemos hablar. 
- ¿Qué pasa? 
- Hel, lo que pasó la otra noche, me hizo darme cuenta que en este momento no hay nada que pueda hacer para sanar tu dolor. 
- Oli… 
- Déjame terminar. 
- Creo que lo que necesitas ahora es un amigo, no un novio. Mis sentimientos seguirán ahí, pero será mejor que volvamos a ser amigos. 
- Gracias, eres tan bueno conmigo. 
- Helena te soy sincero. Quiero seguir ganando tu cariño como amigo, para que algún día me llegues a querer como algo más. Sé que no debo tener muchas esperanzas pero siempre estaré para ti. 
- Eres el mejor Oliver, el mejor.
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Hoy habrá doble capítulo, espéralo en el transcurso del día.
La recomendación del día: Me cuesta tanto olvidarte de Mecano

lunes, 20 de septiembre de 2010

Sabor a mi - Capítulo 32



Renata y Alfredo habían conseguido tener una conexión increíble, se querían cada día más. El tiempo para ellos pasaba rápidamente, llevaban poco más de un año y las cosas se daban perfectamente, algunas veces sus diferencias los hacían pelear, pero rápidamente lograban superarlo. 

El día de su cumpleaños había llegado de nuevo y esta vez llamó por teléfono a su hermano para felicitarlo. 

- Felicidades, hermanito. 
- Hola, Ren que alegría escucharte. Muchas felicidades para ti también. 
- Gracias. 
- ¿Y dime cómo va todo por allá? 
- Muy bien, de hecho quiero invitarte a una exposición que daré en 2 semanas. 
- Claro que estaré ahí. 
- ¿Y tú, cómo te sientes en la compañía? 
- Pues hasta ahora, muy bien. Es cierto que me falta la gran experiencia de papá, pero estoy aprendiendo mucho a su lado. 
- Qué bien. 
- Sabes conocí a alguien. Y a su lado me divierto mucho, ahora entiendo lo que decías sobre que las diferencias con Alfredo hacían más linda su relación. Deberías de conocer a Laura, es tan diferente a mí, se la pasa riéndose de todo y hace cada tontería que siempre logra sacarme una sonrisa. 
- Me alegro mucho por ti hermanito. No sabes cómo rogué para que lograrás encontrar de nuevo la felicidad. ¿Y cuanto llevas con ella? 
- Pues hemos salido desde hace 3 meses, pero apenas hace un mes que somos novios. 
- Es poco tiempo, pero espero que la puedas traer a la exposición, quiero conocerla. 
- Ya verás Ren, te va a encantar. 
- Mientras te haga feliz, claro que me encantará. 
- Perfecto. Bueno tengo que irme porque quede con ella de ir a comer para festejar mi cumpleaños. Dale mis saludos a Alfredo. 
- Claro, saludos a Laura también. 
- Adiós 
- Adiós 

Renata se alegraba por su hermano, pero no podía evitar sentir pena por Helena, que seguía queriéndolo. Sabía que Helena no asistiría a la exposición porque en el trabajo, en el que cada vez le iba mejor, la requerían para hacer un viaje a Suiza. Así que no conocería a la nueva novia de su hermano, pero no podía ocultarle la verdad y tuvo que contarle sobre la llamada. 

- Helena, hay algo que tengo que contarte. 
- ¿Qué pasa? 
- No sé ni cómo decirte esto, pero hace unos días hable con mi hermano. Y me contó que tiene una nueva novia. Según él es feliz a su lado. Hel, ellos van a venir a mi exposición y aunque sé que no podrás estar conmigo, quise advertirte. 
- Está bien, no te preocupes. Es algo que tenía que pasar algún día. Me siento feliz por él. 
- Gracias, sé que no debe ser fácil pero gracias. 
- Lo único que deseo es que logre ser feliz. 

Helena hizo su viaje a Suiza y logró sobrellevar la noticia que le dio su amiga. Ahora sabía que Pablo había tomado su lugar en la compañía de su padre y que también había logrado ser feliz. No podía pedir más. 

- Hola, ¿usted es la representante de UN? 
- Si, y ¿usted es? 
- Oliver Ellsworth, trabajo para OAS 
- Mucho gusto Mr. Ellsworth , soy Helena Lascurain 
- El gusto es mío. Pero por favor háblame de tu, que no estoy tan viejo. 
- Bien, será mejor que abordemos ese avión. 
- Claro. 

La compañía de Oliver le hacía muy bien a Helena, pasaron la mitad del vuelo platicando sobre sus trabajos y descubrieron que tenían mucho en común. En Suiza lograron cumplir con los objetivos de su viaje y pudieron regresar con excelentes resultados para sus respectivos trabajos. 

Después de ese viaje la amistad entre Oliver y Helena fue creciendo cada vez más, aunque no vivían en las mismas ciudades mantenían contacto por medio del internet. Y él aprovechaba cualquier pretexto para ir a visitarla los fines de semana. 

Renata quedó sorprendida al conocer al nuevo amigo de Helena. Oliver era un poco más pequeño que Alfredo, pero contrario a él. Oliver tenía la piel tan blanca como la de ella y Helena, su cabello era castaño claro, y al sol parecía tener reflejos rubios. Sus ojos eran verdes, y su cara parecía la de un verdadero príncipe de cuento de hadas. Y su personalidad le había encantado. 

- Renata, tengo que decirte que tus pinturas me han dejado impresionado. 
- Gracias, Oliver. 
- No hay nada que agradecer, tú tienes un don en esas manos 
- Por dios, vas a hacer que me sonroje. Anda elige la pintura que más te guste, te la regalaré con gusto. 
- No podría, sería demasiado 
- Claro que no, por favor. 
- Si Oliver, no seas así. Elige una – lo animaba Helena que estaba detrás de él. 
- Bueno, entonces quiero esta – dijo señalando una en donde había una mujer con un vestido blanco que caía al piso, estaba al lado de un lago y sus ojos azules veían al cielo con verdadero anhelo. 
- Bien entonces esa será. – Renata salió del área de exposición con el pretexto de ir a envolver la pintura, pero en verdad quería darle la oportunidad a Oliver de hablar con Helena. Para ella era evidente que él estaba loco por su amiga. 
- ¿Sabes porque elegí esa pintura? 
- No, dímelo. 
- Porque me recuerda a ti. Eres tan hermosa como esa mujer y a la vez siempre tienes esa mirada tan llena de dolor. Helena ya no puedo ocultar más lo que siento por ti, me gustas demasiado. 
- Oliver – dijo Helena llena de sorpresa. Parecía que lo que era evidente para todos, no lo había sido para ella. 
- Por favor Helena, permíteme entrar en tu vida y borrar el dolor de tus ojos. – Oliver no le dio tiempo de responder y la besó. Para Helena ese beso fue algo totalmente diferente, sentía en él ternura y deseo a la vez. Por un momento pensó en aquellos labios a los que estaba tan acostumbrada a pesar de los años, y de inmediato recordó que ya no serían más de ella, que aquellos labios ya no le pertenecían más. El dolor fue el que hizo que ella le respondiera el beso a Oliver, que duró hasta que sin querer Alfredo los interrumpió. 


- Hola… perdón no quise interrumpir. Estoy buscando a Renata – decía apenado 
- Aquí estoy – dijo Renata con el cuadro envuelto en sus manos, mientras corría a abrazar a su novio. 
- Bien ahora que estas aquí será mejor que nos vayamos a cenar – dijo Helena para romper con esa incómoda situación. 
- Vayamos, entonces – respondió Renata. 

En la cena todo estuvo tan relajado como siempre. La plática era muy amena y pasaba de la media noche cuando se retiraron del lugar. Alfredo y Renata se fueron juntos y Oliver insistió en ir a dejar a Helena hasta la casa donde vivía con su padre. 


- Helena, dime que has pensado sobre lo que pasó hace rato. 
- Yo, no sé. Oliver me siento muy bien a tu lado, pero tengo miedo. No sé si esto pueda llegar a funcionar y no quiero lastimarte. 
- Sé que no me quieres de la misma forma que yo a ti y por eso te pido una oportunidad. Por favor – Helena dudaba, una cosa era segura ella jamás iba a amarlo de la misma forma que a Pablo, pero no podía negar lo mucho que le gustaba Oliver. 
- Está bien. 
- Gracias, Helena te juró que no te vas a arrepentir. 
- Lo sé – Oliver se despidió de ella con un beso y se fue. 

Los días pasaban y Helena había descubierto que a pesar de la distancia Oliver se esforzaba por hacer que su relación funcionara.
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La recomendación del día es leerlo con la canción de "Cabas - Hoy que te vas" de fondo. Es la 1ra del reproductor espero les guste. Ya cada vez falta menos para el reencuentro.